Miércoles 27 de agosto de 2008
La economía española creció en el último trimestre una sola décima. Además de tratarse del peor dato financiero desde 1993, la cifra se asoma peligrosamente al abismo del ‘crecimiento cero’, poniendo de manifiesto que la posibilidad de recesión es real, y no sólo una más de las pesadillas catastrofistas que el Gobierno achaca a la oposición.
Sin embargo, Zapatero no está preocupado: insiste en atribuir la crisis a la coyuntura internacional y mirar para otro lado. Las dificultades no han sido propiciadas por una mala gestión ministerial, dice, y, por tanto, no ha de ser su Gobierno el que se responsabilice del problema. Así pues, el líder del ejecutivo no parece estar dispuesto a tomarse la cuestión en serio, y se ha limitado a señalar que es de esperar que España, cuando el contexto internacional lo permita, “vuelva a la senda del 3 por ciento, creciendo, pues, por encima de la media europea, como ha sido la tónica en los últimos años”. Y como nadie nos ha dicho cuándo sucederá eso, mientras tanto, lo único que saben los españoles es que estamos sumidos en una crisis, que amenaza prolongarse en el tiempo durante varios años, y a la que el gobierno Zapatero, como de costumbre, parece más inclinado a darle un tratamiento teatral -para maquillar las cifras de la realidad virtual de los sondeos- que preparado a plantarle cara a la realidad de los hechos.
Pero lo más peligroso es que esta leve desaceleración que nos habían anunciado como inofensiva, cada vez tiene más visos de derivar en una auténtica recesión y, llegado el caso, la ciudadanía no tiene ninguna garantía de que el Gobierno vaya a saber atajarla de forma eficaz. Aquello de que España estaba mejor preparada que nadie para las dificultades gracias al saneamiento de sus cuentas, suena hoy a cuento chino, y la confianza de los ciudadanos en la capacidad de reacción del Gobierno está cayendo en picado. Además, esta inseguridad del consumidor repercute negativamente en el mercado, frena las expectativas de inversión y destruye empleo, creando una espiral de circunstancias negativas que inciden sobre la economía, agravando la situación mes a mes.
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