Sólo la libertad de Prensa, y de expresión en general, puede inmunizar a la sociedad de una corrupción totalitaria, sistemática y desbordante. Cada artículo de la prensa, libre y crítico contra las pretensiones fanáticamente totalitarias de este gobierno sectariamente abyecto y antinacional, es una inyección intravenosa con la que incorporar a la libertad de pensamiento y a la democracia en el torrente circulatorio de la sociedad.
La libertad de enseñanza es un negocio que interesa a todos los hombres que desean un futuro próspero para su país y para sus hijos.
Los artículos de la prensa críticos contra el poder han sido siempre la levadura que levanta la masa de la libertad pública.
Si los grandes españoles se han hecho y se han definido en el dinamismo de nuestra gloriosa Historia por sus servicios prestados a la alta causa de la patria, ¿qué podremos decir en el futuro, en el mañana patrio, de Pedro Sánchez?
Dios nace o surge cuando lo llamamos, siempre que lo invocamos. Dios deviene del caso vocativo de Dios. Llamar a Dios es encontrarse con Dios. De hecho, el antiguo participio indoeuropeo *ghuto “invocado” es el origen de la palabra germánica para “dios”, “Gott” ( cfr. ing. “god” ), o de la expresión del sánscrito “puru-hita”, “el muy invocado”. Cuando llamamos a Dios, Dios nos sale de la misma invocación.
La estupidez del político ignorante, sin raíces ideológicas, siempre es cara. A falta de los grandes ideales ya enterrados de la izquierda – quizás porque ya los ha bajado a la tierra la derecha -, nos gastamos en bibelots ideológicos buena parte del Presupuesto de Educación y Cultura. Nos empobrece la enanez del corazón de los gobernantes mezquinos.
La izquierda que nos gobierna está suponiendo seriamente la involución de la democracia formal hacia regímenes presolonianos personalistas; esto es, el quebrantamiento de la igualdad de todos ante la ley. Iglesias ya es el Rey Sol, está por encima de la ley, absolutus legibus o, lo que es lo mismo, desatado de las leyes.
No podemos analizar la sociedad americana desde la mundivisión europea, etic. Aquí deseamos perder nuestra independencia personal, y así depender enteramente del Padre-Estado, el cual nos defiende, y hasta queremos que sea su responsabilidad el darnos casa, vestirnos, educarnos, darnos de comer y hasta casarnos. A cambio le entregamos esa cosa tan nueva para nosotros que es la libertad personal, de la que aún no estamos acostumbrados, después de tantos siglos de cómodo vasallaje. A los perros les pasa lo mismo. Por el contrario, la Revolución Americana supuso la mayor independencia del hombre frente al Gobierno que jamás ha existido. De hecho, y desde una visión emic, en los EEUU no hay Estado, sólo hay Gobierno. Creo que si yo fuera americano lucharía con todas mis fuerzas para no ser jamás un buen vasallo europeo.
Lo políticamente correcto nos enseña que debemos usar de la vieja virtud monárquica de la tolerancia (Hume) con nuestro gobierno. Debemos ser primorosamente tolerante con él, y que no nos solivianten tanto sus mentiras. Tolerar la mentira es el primer rasgos de buena educación en este pacífico universo de lo políticamente correcto.
Si España estuviese hecha de retales mal cosidos, su tela se hubiera rasgado de modo irreparable hace siglos, dada la pléyade de caciques y gerifaltes regionales que el espíritu español cría. Pero la tela de España es infrangible, o mejor, indesgarrable.
Bajo el Papa Francisco probablemente lleguen a Dios mejor los “madrenuestros” que los “padrenuestros”. Como Dios no ha tomado jamás la imbecilidad como agravante, ambas oraciones conquistarán sin duda el corazón divino.
El miedo al poder crea la babosería adulatoria que hace a los pueblos plebécula, popello, populacho fidelón, canalla, triste ralea y flor de quejido.
El día en que la izquierda comience a respetar los vicios de sus semejantes empezará a ser beneficiosa para el mundo.
Cuando un afiliado pierde la esperanza en la democratización interna de su partido le queda la curiosidad de la peluquera.
Vivimos o hacemos historia. Hay familias letíferas que prefieren hacer historia que vivir. Los crímenes tremendos son muy propios de las grandes familias que protagonizan la Historia. Sin crímenes esas grandes familias no tendrían historia.
La educación y el conocimiento entrañan siempre grandes riegos. Por ello existen leyes de educación como la de Celaá.
Hasta la llegada del gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias el régimen de Democracia liberal que teníamos se regía por las reglas del toleracato, en virtud de las cuales el poder toleraba la discrepancia política de los ciudadanos y porque se entendía que la pluma del águila sobrevuela todas las críticas. El toleracato terminó con la pandemia.
Una reflexión para Ciudadanos: Quien todo lo quiere conciliar, lo mismo puede ser un bobo que un sinvergüenza.
La mujer fue la víctima superior de la Humanidad, el “alter Christus”.
Lo mejor es ya renunciar al mundo y a sus rigores, oculto y a salvo en un mechinal festoneado de libros, una estrecha tumba habitable y templada, llena de amenidades, un cajón de renuncia en donde cabe todo un universo de ilusiones muertas.
Mi país se automutila. Y habrá que hospitalizarlo en algún psiquiátrico en donde se curen los países.
A la poesía épica de la oposición se enfrenta la plúmbea prosa administrativa del Gobierno. Son dos géneros literarios que corren paralelos, pero que jamás pueden cruzarse.
Tras la fraudulenta tecnodemocracia del burrito quizás la libertad política se sienta más segura y protegida con elecciones en cónclave por cooptación y la “fumata bianca”. Al fin y al cabo, un cardenal protodiácono, dirigiéndose a los ciudadanos desde una loggia barroca en buen latín, “Annuntio vobis gaudium magnum: habemus populi principem”, es más fiable y de una estética mucho más emocionante que los muchachos del viejo amigo Biden.
Esopo es pesimista, y por eso Celaá barre el griego. Porque Esopo sabe que las águilas nunca podrán enseñar a volar a las tortugas.