Opinión

Retos de Europa, retos de España

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Lunes 30 de noviembre de 2020

Suspiros de España, avisos de Europa. Entre marzo y abril desaparecieron más de cien mil empresas en nuestro país, y los españolitos se preguntan si aquí hay gestores para ejecutar los 140.000 millones que nos llegan de los fondos europeos: normas y procedimientos. Ya han transcurrido ocho meses desde el estallido del coronavirus y un tercio del comercio y la hostelería sigue cerrado, y otro tanto sigue la peligrosa senda del endeudamiento. El Gobierno no ayuda a los empresarios, a diferencia de lo que hace en Alemania, por ejemplo, el Ejecutivo de Angela Merkel: no solamente ha pagado 10.000 millones más de lo acordado en ayudas contra el coronavirus a las empresas, sino que continuará pagándolas hasta junio de 2021, se cubrirá hasta el 75% de la facturación de los empresarios equivalente al mismo mes de 2019, y se añaden 25.000 millones extras en ayudas directas antes de que acabe diciembre. Aquí, de incentivos fiscales o bajadas de presión fiscal, nada de nada. Y de inversión en empresas, en planes de crecimiento, en reorientación de nuestro obsoleto modelo de producción, y en reconstrucción económica, menos. Aquí hay mucho idilio ideológico con las masas, mucha utopía y programa de unos y de otros, pero no hay reforma que valga en lontananza.

Por si esto fuera poco, Bruselas prevé que la economía española caiga un 12,4% antes de que acabe este año, una cifra que va empeorando a medida que la segunda ola ha exigido la aplicación de más cierres y medidas restrictivas, decisiones tomadas por algunas regiones ante la drástica subida de los contagios. Y ahora qué hacemos con las glorias y los triunfos pospandémicos, de argumentario monclovita. La aventura equinoccial de Sánchez, que vive una irrealidad interior y presidencial, en permanente conversación consigo mismo, ha consistido sencillamente en recoger los fondos que aprobaron en la Comisión Europea: ha descubierto lo que todo sabíamos, la epifanía de lo obvio, la hilacha de las ayudas a fondo perdido; que sí, que están muy bien las ayudas directas, pero que cuando se terminen y el tejido económico del país esté hecho unos zorros, la recesión entrará por la puerta grande si no se piensa en cómo se puede reactivar esta economía nuestra.

Al Ejecutivo le falta salir a la calle, dejar un rato la lujuria de Moncloa y del chalet, las gestas fácticas de la imagen, o el pisazo en el barrio de Salamanca o en Puerta de Hierro, dejar de escrutar al personal como en las otras inquisiciones borgianas, y ver cómo están las cosas de crudas para la mayoría de los españoles, que viven en el fragor de la intrahistoria. Debe atenerse, en definitiva, a las minucias de esta nueva realidad, a la nueva “anormalidad” de la España que se avecina hambrienta, porque del viejo realismo galdosiano, al Ejecutivo de Sánchez le ha dado por dar un salto a las vanguardias. Aquí lo que se lleva ahora es el “realismo mágico”, y así no se va a ningún lado, salvo a Macondo. Si el Gobierno de Sánchez no gestiona bien los fondos de las ayudas que nos llegan de las comunidades europeas, no es porque no sepan gestionarlos –que también–, sino porque prefieren repetir aquel eslogan de “España va bien”, como dijo aquel. No sé si se acuerdan: fue en 1997. Pero hoy a España ya no la conoce ni la madre que la parió, que diría el Guerra y, al final, antes que después, Ursula von der Leyden nos llamará a capítulo. Como en el cole.

Twitter: @dfarranz