La puesta en marcha de un hospital público con instalaciones especialmente previstas para situaciones de epidemia solo debe suscitar, en circunstancias normales, aplausos y elogios. Ha sido todo lo contrario. Como hay instrucciones monclovitas de cegar el faro de Madrid y ocupar cuanto antes tanto la presidencia de la Comunidad como la alcaldía, el partido sanchista y todos los que en su órbita giran han dedicado críticas permanentes, de manera muy especial a través de los tertulianos que en gran medida copan los espacios audiovisuales de todas las televisiones.
No vale la pena exponer la argumentación hostil. Carece de moderación, de sosiego y de razones estimables. Estamos ante una operación política de acoso y derribo. Se niega a Isabel Díaz Ayuso el pan y la sal. Haga lo que haga. La presidenta madrileña ha sabido rodearse de un excelente equipo en el que destaca un peso pesado de la política española con larga experiencia: Miguel Ángel Rodríguez. La lideresa madrileña acumula día a día éxitos sanitarios, económicos, fiscales, sociales y políticos. Y eso escuece mucho en Moncloa y suscita reacciones que en numerosas ocasiones no son más que despropósitos atizados por la histeria política impropia de un Gobierno serio y responsable. El tiempo, no la próxima semana ni el próximo mes, sino los próximos años, hablará sobre el acierto o desacierto de este gran hospital que robustece ante Europa la política sanitaria española.