Banksy vuelve a Madrid solo dos años después de la última gran retrospectiva dedicada a su obra para poner de manifiesto, precisamente, cómo su figura ha pasado de símbolo de la subversión al capitalismo a codiciado objeto del mercado del arte... y valor seguro de exposiciones taquilleras.
"Es uno de los autores más influyentes y conocidos de la actualidad y nos interesa como institución porque permite poner de relieve sus contradicciones internas, las del sistema y las de los fenómenos del arte contemporáneo", ha defendido Valerio Rocco Lozano, director del Círculo de Bellas Artes, donde se exhibirá esta muestra del 3 de diciembre al 9 de mayo.
Bajo el título de "Banksy, The Street Is A Canvas" (La calle es un lienzo, en español), cuenta con 18 obras únicas y casi 50 serigrafías en distintos soportes hasta sumar unas 70 piezas procedentes de coleccionistas privados e internacionales, algunas de las cuales se exhiben por primera vez en España.
Sus organizadores han incidido mucho en este aspecto: que se trata de una exposición "inédita" respecto a aquella de 2018 que la misma promotora, Sold Out, celebró en la Feria de Madrid y que visitaron unas 600.000 personas.
"Hemos recibido muchas peticiones para volver a hacer algo con Banksy y hemos trabajado para ello de cero, en un contexto en el que pensamos que esta institución, el Círculo de Bellas Artes, se adaptaba muy bien para transmitir otra perspectiva", ha defendido Rafa Giménez, socio director de Sold Out.
Esa pretendida nueva óptica en torno al más enigmático de los artistas contemporáneos (se desconoce su identidad, más allá de detalles como que es británico) pasaría en este caso por mostrar "cómo su trabajo ha pasado de la calle al mundo de las galerías y el arte formal y cómo lo que eran intervenciones artísticas, 'happenings' y 'performances' se han convertido en objeto de culto".
Sobre el papel, o más bien sobre la pared, el contenido difiere no obstante poco de lo planteado hace dos años en "Banksy, Geniur Or Vandal", la cual estuvo también comisariada por Alexander Nachkebiya. Este no ha podido asistir a la rueda de prensa de hoy por encontrarse ingresado a causa de la covid-19.
Además, como aquella muestra, esta tampoco ha contado con el permiso del protagonista, renuente a este tipo de explotación de su trabajo, salvo por aquella exposición celebrada en 2009 en colaboración con el Museo de Bristol, de donde es originario.
"Esta es la primera exposición que hago en la que el dinero de los contribuyentes se utiliza para colgar mis fotografías en lugar de despegarlas de las paredes", declaró tras aquel evento, por el que cobró como caché una libra.