Los linderos (border) se ponen para gobernar y se pueden eliminar, las fronteras (frontier) son producto de la historia y no se pueden evitar. En Europa no podrá haber una buena administración si no está clara esa distinción y con el Tratado de Schengen se ha puesto otra vez de actualidad la misma confusión.
La Unión Europea es una organización internacional arancelaria en estado de expansión, un mercado con libre circulación de los factores de la producción, esa es su naturaleza y como tal se refleja en su manera de actuar, no le podemos pedir más, pero no nos digan que con eso se construye un “way of life” o una identidad.
Un ejemplo reciente de tal intento y del consiguiente desconcierto es el Tratado de Schengen, realmente llamado “Acuerdo entre los gobiernos de los estados de la Unión Económica del Benelux, la República Federal de Alemania y la República de Francia sobre la abolición gradual de controles en sus fronteras (borders) comunes”, que acaba de cumplir treinta años de edad y que con la pandemia en varios estados lo han tenido que poner y quitar.
Margaritis Schinas es un nuevo vicepresidente de la Comisión Europea y le han encargado una tarea que antes no había a la que han denominado “Promoting our European Way of Life” como si existiera cosa tal. Dice él que “Schengen se ha convertido en parte de nuestro estilo de vida europeo, y es un importante elemento para hacernos sentir no solo griegos o suecos o alemanes o polacos, sino europeos.” Pero, ¡atención europeos que leéis esto!, hay que entender cabalmente eso en sentido de gobierno o sea que significa ser políticamente unionista europeo, nada más por supuesto.
Luego Schinas ha dicho también que “ las fronteras (borders) internas y los controles son vestigios que no son bienvenidos de una vieja Europa que hemos dejado hace mucho atrás.” Y ha dado cifras además sobre el particular que ha interpretado en apoyo de una supuesta identidad. Concretamente ha dicho que “ el 40% del territorio Schengen son regiones fronterizas (border). Eso significa que mucha gente vive en una zona donde cruzar fronteras libremente es parte de su vida diaria, parte de sus actividades económicas diarias, yo diría que eso es parte de su identidad”.
La Unión se constituyó sin constitución, es decir amorfamente, a mediados del siglo XX como un ente internacional, al cual tampoco después hubo forma de dársela en su proceso de crecimiento cada día más. Partiendo de un mercado común que se establecía “progresivamente” se llegó a una unión o “nueva etapa en un proceso creador”. La esencia de la organización estaba, por tanto, en lo fronterizo, en avanzar sin parar. Ahora bien, al mismo tiempo que la Unión se ponía esos objetivos a alcanzar, las fronteras de los estados miembros se mantenían en su lugar y ahí están ahora todas juntas, las nuevas y las viejas, y el Brexit como mejor ejemplo ha venido a representar esa amalgama de indisolubilidad.
La Unión Europea se enfrenta a unas fronteras históricas más duras que las piedras, que el Brexit está poniendo a prueba porque Brexit no significa Britain exit, el Reino Unido no hace mutis (exit) sino que se retira (withdraw), en los términos del Tratado de la Unión Europea, o sea da marcha atrás y vuelve a sus antiguas fronteras.
El Tratado distingue entre frontera interior (frontier) y frontera exterior (border), pero no dice lo que pasa si de una a otra se pasa y ese paso no es coser y cantar. Una frontera es algo más que un accidente geográfico y más que un lugar hasta donde llega la propiedad o los impuestos, y no es una raya pintada en el suelo por donde se puede cruzar. La frontera es comunidad, esa es la clave y la realidad.
En los Estados Unidos de América la expansión de la frontera hacia el Wild West se regía por normas apropiadas a la ausencia de ley formal. Ese derecho de frontera se mantuvo mientras llegaba el derecho estatutario que viajaba más despacio. Ahora en Europa estamos en una situación igual pero el revés, como el que se mira en un espejo, no sé si me explico bien, pero por si acaso ahí va una fábula de Iriarte como ilustración al bies.