Penetro en campo minado.
Contemplo, estupefacto, como esta época, que parecía inclinarse, por fin, a las verdades científicas, abandonando las fabulaciones ancestrales, religiosas y políticas, que han envenenado nuestro comportamiento durante tantos siglos y causado tanta persecución, intransigencia y dolor, está de vuelta a la credulidad mas sectaria... y no solo en el terreno político o religioso. “El hombre deja de creer en Dios y es capaz de creer en cualquier cosa” Chesterton.
Y vemos a las izquierdas tratando de colarnos, de matute, envueltas “para regalo” en las recetillas de lo “politicamentecorrecto”, las antiguas ideas fracasadas allí donde se ensayaron. Parece ser verdad eso de que siempre hay algunos que creen que si el comunismo no tuvo éxito es porque no lo dirigieron ellos.
Y en esta situación, que está levantando gran alarma entre los españoles, que habíamos creído que nuestra flamante Constitución y la integración en Europa nos había puesto a salvo de estas recaídas, vemos a la derecha, totalmente indefensa y desorientada, corriendo como pollo sin cabeza (valga el tópico).
La vemos acomplejada, atemorizada, desunida, sin proyecto, sin iniciativa y totalmente a merced de la izquierda a la que tratan, tóntamente, de “convencer” o coger en renuncio de la falsedad de sus mensajes, tropezando mil veces en la piedra de la comunicación, pues parecen ignorar que esta se ha desplazado del plano de la racionalidad al de las emociones y de la objetividad a la propaganda y la sectarizacion. La izquierda lo sabe bien y domina, claramente, ese cotarro. Los medios de comunicación, excepto algunos comunicadores que son como faros aislados, están ya, directa o indirectamente, en manos de la izquierda.
Y aunque todos están a lo mismo, la izquierda actual no persigue el esclarecimiento y defensa de la verdad, ni la propagación de un ideario que se traduzca en un bienestar social, sino el poder. ¿Para que?. Para gozar de él. El poder es la droga que produce la adicción mas fuerte.
Vemos, en los debates, a los inocentes comunicadores de la derecha, tratando, en vano, de acorralar y hacer reconocer al adversario que ellos tienen la razón. Hablando se entiende la gente, se suele decir, pero yo no he visto, jamás, que alguien reconozca, en un debate, que está equivocado y que es el otro el que está en lo cierto. En los debates se va a defender, a ultranza, las posiciones propias y a emborronar las del contrario. Y hay que reconocer que la izquierda lo hace muy bien.
Muchos se quejan de que la derecha está dividida, lo que dificulta, electoralmente, su triunfo; pero vemos triunfar a la izquierda, no dividida sino atomizada y con mensajes antagónicos e incluso inconstitucionales. Hasta se permiten, descaradamente, descalificar a la derecha, cuando esta busca la colaboración entre sus partidos, tildando de “ultras” o “fachas” a algunos, aunque sean nétamente defensores de la Constitución. Y logran que esta, acomplejada, abandone sus conatos de unión.
Y es que lo mas importante que tiene que lograr la derecha para tener oportunidad de triunfo es perder ese tontorrón complejo de inferioridad que le hace ponerse a la defensiva incluso cuando es acusada de transgredir o bordear la legalidad constituyente por partidos que claramente tienen en su ideario o en su actuación derribarla, manifestándolo, cláramente, en los juramentos de toma de posesión.
Ese complejo que les lleva a abandonar a los suyos en la boca de la picadora de carne de la maledicencia y del entramado jurídico-mediatico, mientras la izquierda muestra fidelidad, a los suyos, aun en casos de flagrante infracción.
La derecha necesita recuperar la iniciativa, elaborar su mensaje e impartirlo con claridad y no limitarse a descalificar, con arrogancia, los de la izquierda. Le sería mas rentable tratar de contrarrestarlos, siempre, abandonando ese tono airado, tan vulnerable para la crítica. Emplear el humor y la templanza da mas categoría y autoridad. Tendría, quizá, que buscar a otro gallego cuyo temperamento es un buen antídoto para las excentricidades de la izquierda.
Cuando el toro embiste a la muleta, que le propone el torero, es cuando da ocasión a este de componer la figura y hacer faena.
¡Ah!. Y ya es hora de que estudien y analicen las técnicas de la izquierda que son ya de manual, hombre.