Opinión

El belén del papa

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 23 de diciembre de 2020

Está bien que el papa Francisco evolucione, que sea algo transgresor e incluso tenga vida propia si a él le apetece; pero el belén que han puesto este año en la plaza de San Pedro del Vaticano parece un muestrario sacado de un almacén de chinos. Dicho en tono suave, el santo padre le ha echado un pulso a la mismísima Ada Colau.

Hay cosas que por muy papa que se sea hay que moderarlas, más que nada por aquello de no caer en la trampa del ridículo. Es como si yo acudiese a la celebración de la misa del Gallo en la basílica de San Pedro vestido de Popeye el marino. Todo tiene un punto de inflexión, es más, diría que el arte contemporáneo es imprescindible cuando la creatividad merece ser expuesta, pero mezclar churras con merinas pierde el sentido de la gratitud; es, por así decir, como si a la Piedad de Miguel Ángel le obligaran a compartir cuarto de estar con la Sirena Varada, de Eduardo Chillida.

El papa Francisco, cuando refiere el bien y el mal, echa mano de esa liturgia tan apropiada para las fechas que conmemoran el nacimiento de Dios. Como no podría ser de otra manera lamenta que nuestras vidas a menudo transcurran lejos de la gratitud y por ello recomienda acercarse al belén y al pesebre, para agradecer. Me parece bien, faltaría más, pero si uno se aproxima a contemplar el misterio y se encuentra la figura de un astronauta en medio de unos pastores que superan el tamaño natural cuyos cuerpos son cilindros con una esfera por cabeza, más parece que hemos entrado en SiliconValley que en Belén. No acaba aquí la muestra de vanguardismo artístico que Jorge Bergoglio ha organizado este año para festejar el nacimiento del Señor, decir que entre las figuras representadas no faltan soldados con cascos de cuernos y sangrientos escudos que hace inevitable recordar a la saga de vikingos con sus encarnizadas batallas a base de cortar cuellos con hachas. Es posible que Herodes al imaginarse estar viendo a estos bárbaros del norte, tan musculosos y barbudos, se haya cogido días de asuntos propios hasta que pasen las fiestas.

Teniendo en cuenta este especial belén, repito, de lo más emergente, resulta extraña la ausencia de una figura como la de Diego Armando Maradona. Bien es sabido que el papa Francisco es hincha del San Lorenzo de Almagro, pero en horas de rendir colores no me negarán que Argentina debería estar presente en la cancha de este nacimiento vaticano, en lo deportivo, claro está. En la vida particular del astro balompédico a lo mejor Bergoglio se lo ha pensado. Nada tendría de extraño después de aquella frase tirada dentro del área por el famoso futbolista: “Un Boca-River es distinto a todo. Es como dormir con Julia Roberts” Y claro, escenificar un cameo con la Roberts en medio de un escenario tan pastoril,por muy emergente que este sea, no parece lo más indicado. Solo faltaba marcarse un PrettyWoman.

Hubiera sido de buena galanura que el Vaticano incluyera en el belénde este año algún detalle ornamental en memoria de las víctimas de la COVID-19. Algo ocurrente y tan necesitado de virtud como de presencia, sobre todo cuando los linderos del recuerdo son tan frágiles que el dolor ajeno deja de ser gráfico en un abrir y cerrar de ojos.

Como este artículo carece de maldad, vengo a decir que el papa Francisco tiene muy buen sentido del humor, según parece después de las laudes matutinas pide por el ingenio de la sonrisa; así pues, vaya por delante un pequeño requiebro antes del “Urbi et Orbi” que su Santidad impartirá como acostumbra: “Entre verecundia, risas y poco decoroso/el Vaticano ha instalado un belén/más bien raro y muy soso/Qué la iglesia se remoce/es lógico que así sea/más no son tiemposde romper tradiciones/más bien de alimentar corazones/Algunos rotos, maltrechos y necesitados/sin causa ni razones/Mejor la usanza/que por antigua no pierde fe y gana en pujanza/No se convierta el belén en un tango/con sus firuletes, el caminar canyengue/y la cadencia rioplatense/La tradición católica/ se hace si se cuida/de lo contrario se convertirá en mendiga/errante y sin rumbo/como un pesebre de los muchos que hay en el mundo/. Gloria al sentido de la gracia/al amor divino/al amor que transforma la vida/, renueva la historia/, libera del mal/, infunde paz y alegría/Dejemos esa cosa fría/que no viene a cuento por ser otra cosa/y dejemos de hacer experimentos con gaseosa/porque el nacimiento de Dios es otra cosa”.