Opinión

Vacunas

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Domingo 27 de diciembre de 2020
Andrzej Zalewsky era empleado de la radio polaca en los inicios de la dictadura comunista. Un día de invierno, cometió la estupidez de escribir en el texto de la información meteorológica el siguiente guión: “Un frente atmosférico se acerca a nosotros desde Rusia”. Y a la mañana siguiente recibió una llamada: “Vaya usted a ver al director.” Fue a ver al director, quien le hizo pasar de inmediato: “Zalewsky, creí que era usted más inteligente. A partir de ahora, recuerde que del Este solo llegan cosas cálidas y agradables”. No del Este, pero han llegado las vacunas con el cálido y agradable celofán del Gobierno. De haberlas traído Amancio Ortega hubieran llegado envueltas con la marca Pfizer. Ni siquiera marca blanca, que tampoco deben confundirse con el Madrí.
Muchos españoles esperan que cuando se “ejecuten” los ERTEs, el Gobierno también ponga su agradable y cálida responsabilidad. Si no colectiva, propia de un Consejo de Ministros, sí al menos, la personal del base y del alero. A Goebbles siempre le sale un imitador con propaganda redonda. Y el espigado alero siempre está más atento al rebote que al rebrote, cometiendo faltas personales y técnicas. Su objetivo es que no le echen de la zona, el confort de La Moncloa. Si una enfermedad terminal es la antesala de la muerte, quizás los ERTES sean la antesala del despido.
¿Cómo un Estado que no sabe proteger la vida podrá proteger la vida laboral? La izquierda siempre fue muy utópica. Soñaba con la Luna pero nunca llegó a la Luna. También ha sido siempre muy manirrota. Especialista de cintura para abajo. Que si aborto, que si divorcio, que si pseudomonio homosexual…pero nunca tuvo cabeza para echar cuentas, salvo para sus bolsillos. Y para contabilizar suspensos convertidos en aprobados. Siempre presupuestan con la “o” de un canuto o con la “a” de asesinos. ¿Y si en lugar de veinte millones de vacunas han traído veinte millones de cabezas de vacuno? ¿Alguien puede fiarse de esta tropa? Lo mismo dicen que era por proveer los establos para los belenes. ¡Pero si no creen en la Navidad! La paradoja de nuestro tiempo es pretender la defensa de la vida contra el virus, mientras el Estado regula cómo dejar escapar la vida de los que están próximos a nacer o próximos a morir. Se creen que el Estado ya es como Dios: decide quiénes vivirán y quiénes morirán.
España padece dos COVID: el 19 y el Gobierno. Como los pingüinos, esos pájaros extraños que teniendo alas no vuelan, que vistiendo de etiqueta no asisten a cócteles, los miembros del Gobierno son como gobernantes que desgobiernan. Subirlos en un tren y enviarlos a vendimiar a Francia sería, en palabras del insigne teólogo dominico Melchor Cano, “no venganza, sino remedio; no castigo sino medicina”. Gran vacuna para ellos pues muchos trabajarían por vez primera en el campo. Y algunos, por primera vez. Con cordones sanitarios tan cálidos y agradables ¡el Midí francés! se combate el populismo y la demagogia!