Las nuevas normas de Tráfico que acaban de entrar en vigor buscan, según el Gobierno, reducir a la mitad el número de muertos en carretera. Una pretensión demasiado optimista, aunque hay que aplaudir el esfuerzo de la DGT por minimizar la siniestralidad.
Las nuevas medidas que entran en vigor se basan en el endurecimiento de las sanciones por el uso del móvil, que pasa de retirar 3 puntos a 6, y hasta el mero hecho de “sujetar con la mano dispositivos de telefonía”. Se incrementan las multas por no utilizar el cinturón de seguridad o llevar mecanismos de detección de radares y se regula el uso de patinetes eléctricos.
Al frente de la DGT se encuentra Pere Navarro, quien ya dirigió el organismo de Tráfico entre 2004 y 2012. Durante su mandato, y siendo presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, la DGT implantó el carné de conducir por puntos, una medida impulsada por el propio Navarro. El cambio supuso una reducción considerable del número de muertos en carretera.
En su anterior etapa, se consiguió disminuir el número de muertos en accidentes de tráfico un 55 por ciento: desde las 5.517 víctimas mortales de 2001 hasta los 2.478 fallecidos de 2010. Esta mejora llevó a España de estar a la 'cola' en el ranking de países de la Unión Europea con menos accidentes a colocarse en la lista de países con menos muertos por millón de habitantes.
El director general de Tráfico ha demostrado con creces su inteligencia y capacidad para disminuir la siniestralidad en las carreteras. Pero no bastan las multas y las nuevas normas. El Gobierno debería ser consciente del lamentable estado de algunos tramos de las carretas españolas, que, a veces, propician los accidentes más aún que la irresponsabilidad de algunos conductores.