Opinión

A través del tiempo

TRIBUNA

Sergio Velasco | Sábado 02 de enero de 2021

A pocas horas de finalizar este fatídico año, nos mueve y conmueve tantos sucesos que acontecieron a la velocidad de la luz, afectando a gran parte de la frágil humanidad.

En este mismo convulsionado contexto, donde el actual gobierno estuvo a un tris de caer, por su ineptitud, siempre aparece la figura combativa de la mujer chilena de ayer, de hoy, y de siempre.

Esa misma mujer que a través de la historia nos ha dado lecciones de coraje, y valentía.

Al extremo de sacrificar su vida por defender los intransables valores en toda sociedad civilizada: la libertad, la democracia y la paz

Lucila Godoy A. fue una de ellas, espejo prístino de dolor y tragedia, de lucha permanente ante la adversidad en los tiempos en que le tocó vivir y sufrir.

Nada le fue fácil, por de pronto no nació en cuna de oro, con su talento, constancia y fuerte carácter, alcanzó las estrellas.

Oriunda del valle del Elqui, en el árido Norte Grande cuando las constelaciones se conjugan, da a luz una poetisa, capaz de enfrentarse ella sola a un Sócrates o Platón quizás también hasta un poderoso Cervantes, simplemente con la genialidad de su ágil pluma.

A esta desconocida campesina de Vicuña, su tierra natal, no le permitieron ingresar a la Escuela Normal, para estudiar y ejercer de profesora, por el peligro que entrañaba, sus avanzadas ideas. Título que posteriormente le otorgó la Universidad de Chile, en otro tardío reconocimiento a su basta labor pedagógica.

En un país donde más de la mitad de la población, no sabía leer ni escribir, como en el resto de su América morena, la censuraron, autoridades conservadoras por escribir a los escasos 14 años artículos “revolucionarios” en diarios locales

El doctor Jorge Palma C, señaló proféticamente, “Es el permanente chaqueteo de los y las chilenas” ante monumentos vivientes que nos causan admiración y prestigio más allá de nuestras alejadas fronteras.

Godoy Alcayaga, de la que nadie se acuerda, ni ningún gobierno de su atesorada patria, fue capaz de reconocer su enorme creatividad, sigue esperando, que su poesía, y el canto a los niños y mujeres, explotadas de latino américa, sirva para su liberación.

Lucila a temprana edad, no pudo ir a recibir un premio que ganó, en los Juegos Florales el 22 de diciembre de 1914, en el teatro municipal de Santiago, por no tener la vestimenta adecuada: Un valiente poeta generoso leyó su presentación. Eran otros tiempos donde la figura valía mucho más, que el sentimiento de su prosa: la que denunciaba los piececitos de niños descalzos.

Allí nace la desdicha convertida en quien más tarde es Gabriela Mistral, la musa.

La acusaron de todo, para disminuirla, escarbando inútilmente en su vida íntima. Lucila, fue apoyada y admirada sin subterfugios pequeños por reconocidos intelectuales del selecto mundo académico,

Olaya de Tomic, comadre y amiga, madrina de uno de sus hijos, la recibió en su casa, donde su padre, embajador le abrió las puertas, para que su obra fuera conocida internacionalmente.

José Vasconcelos, poeta y ministro de educación de México, la invitó, a ser parte de la revolución educacional de ese país analfabeto, pero con tremendos talentos.

Miles de homenajes le brindaron a su despedida, “nadie es profeta en su tierra”, señaló adolorida en más de una vez.

La postulación al Premio Nobel, surgió gracias al impulso de una colega poeta, Ángela Velasco de Guayaquil, quien le escribió al presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, para patrocinar su candidatura en Estocolmo.

Lucila aquella profesora odiada por sus escritos, tachada de comunista, al igual que el Cardenal del Pueblo don Raúl Silva Henríquez, recibió el premio Nobel de literatura el 10 de diciembre de 1945,

Como siempre Chile su amado país, llegó tarde. Seis años después en 1951, le otorgaron el Premio Nacional de Literatura, vergüenza nacional, que nada podrá borrar.

Lucila la ignorada, abrió el camino para que Neftalí Reyes B, el 21 de octubre de 1971, nos honrara con el segundo Nobel, dejando una huella permanente en que la poesía es parte de la idiosincrasia chilena.

Gabriela Mistral hace 75 años, fuiste la primera mujer chilena y latinoamericana que nos enalteciste como nación al recibir tan merecido y ambicionado galardón

Solo otra mujer chilena, Violeta Parra (la incomparable) podía despedirla con justos versos, que se cantaron en su memoria.

Hoy día de llorar en Chile, /Por una causa penosa / Dios ha llamado a la Diosa/ A su mansión tan sublime/ de sur a Norte se gime/ se encienden todas las velas/ para alumbrarle a Gabriela/ La sombra que hoy es su mundo/ Con sentimiento profundo/ Yo le rezo en mi vihuela-

Ejemplo de humildad ante tanta fatalidad.