El PSOE de Pedro Sánchez, el que no da puntada sin hilo y toda acción requiere una mínima atención porque siempre será en busca del beneficio propio, quiere pescar en las aguas revueltas del independentismo catalán. El ministro de Sanidad, Salvador Illa, finalmente hará el trabajo para el que se le colocó en primera línea cuando se formó Gobierno y que no es otro que situar al Partido Socialista Catalán lo más alto posible en Cataluña intentando, para ello, romper la unidad entre las formaciones separatistas.
Como se suele decir, mal acaba lo que mal empieza. Es verdad que todavía no sabemos cómo acaba y quizá sea el próximo president de la Generalitat. Sí sabemos que ha empezado mintiendo con eso de que él no sería el candidato, que el puesto era para Miquel Iceta, y después todos hemos conocido que la decisión se mascaba desde hace más de un mes.
Pero lo que es indiscutible es que siendo un papel que a nadie le habría gustado asumir, Illa como ministro de Sanidad lo ha hecho muy mal. Este filósofo llamado por la Política y Pedro Sánchez para mediar entre Madrid y Barcelona en el conflicto político de Cataluña a través del Ministerio de Sanidad se topó de bruces, como todos, con la peor pandemia de las últimas décadas y ha mentido a toda la ciudadanía por intereses partidistas.
Sobre el virus procedente de China, no nos dijo nunca la verdad desde el momento en que el Gobierno de Sánchez quiso por pura conveniencia política tomárselo en serio, que fue siempre después de hacerse el PSOE la foto con lo más granado del feminismo radical y excluyente. Nunca contestaba a las preguntas de los periodistas sobre la mayoría de los temas que interesaban. Desde primera hora se le cuestionaba por el número de fallecidos en las residencias de personas mayores y desde primera hora siempre remitía a la información de la web del Ministerio que dirige y que no aportaba esa información. Así semana tras semana.
El presidente del Gobierno se vanagloria de su ministro de Sanidad, nada polémico, educado, con buenas maneras y sin salidas de tono. Conozco muchas personas así y no son ministros de nada. Si ese es el único valor que aporta Illa al Ministerio de Sanidad entendemos que no se hayan hecho las cosas bien. Si alguien que sabe hablar en público y enfrentarse a las cámaras con las preguntas de los periodistas, aunque no conteste, vale para ministro, estoy seguro de que estarán de acuerdo conmigo en que vale casi cualquiera.
Si es tan bueno, señor Sánchez, manténgalo al frente de la lucha contra la pandemia y de una vacunación que se está haciendo con retraso y deje a Miquel Iceta bailando en los mítines para distraer al personal. Si coincidimos en que la vacuna es vida y la vacunación se está haciendo de forma poco regular, por no decir que insuficiente, no parece el momento más adecuado para que el responsable de la Sanidad española abandone el barco.
Pero no, el jefe del Ejecutivo de coalición quiere a Illa en Cataluña porque ese era el plan. Su plan. Lo de la pandemia es secundario. Lo primero es lo primero y aunque quemado por la nefasta gestión al frente de Sanidad, las encuestas internas encargadas por la Factoría Redondo dan que el resultado será mejor con él que con Iceta, del que, por cierto, recordarán que ya quiso Sánchez moverlo de Barcelona para hacerlo presidente del Senado.
Ahora, con un Illa lanzado en popularidad -mala, aunque da lástima y pena porque estuvo al frente-, en el PSOE saben que su exposición mediática puede aprovecharse para medrar en la opinión de los catalanes desanimados que ven cómo el independentismo se atiza un día sí y otro también. Otra cosa es que hasta en su propia casa le están pidiendo decencia y que dimita porque no se pueden compatibilizar los dos cargos.
Si Illa ya ha dicho dos veces que estará de ministro hasta que comience la campaña electoral en Cataluña, pese a que su palabra no valga mucho porque así lo ha demostrado, sus socios de Gobierno le recuerdan que, aunque no de manera oficial, esta campaña ya ha comenzado. La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, apuntaba que “hoy ya es campaña” y, sin embargo, “la pandemia requiere de toda la concentración, el ánimo, la inteligencia y la entrega”.
Como quien oye llover... Si se trata de velar por la salud de los españoles y de salvar vidas, el Ministerio de Sanidad no puede estar fuera de juego, pero el presidente del Gobierno parece que solo lo es para unos cuantos y prefiere intrigar en Cataluña que hacer frente a los problemas que acucián con unas cifras de contagios disparadas y una campaña de vacunación mal diseñada. Es su estrategia.
Esperemos que los Reyes Magos nos traigan a todos los españoles un ministro de Sanidad con capacidad y resolutivo que no deje toda la responsabilidad de los grandes asuntos a las comunidades autónomas. Con poco que haga, supera al anterior. Pero claro, ¡el 6 de enero es ya!