¿Aún siente los mismos nervios?Me hace feliz saber que todo lo que siento es como al principio…Cada día sigo teniendo los mismos nervios de siempre, la misma ilusión. Le sigo dando un beso a la Virgen de mi pueblo antes de ir al plató. Nada ha cambiado. Sigo teniendo los mismos miedos y las mismas ganas.
¿Se reconoces cuando se ves en pantalla?
Nunca me veo ni me grabo. En contra de lo que pueda parecer no lo hago por temor a la autocrítica, sino para no perder la frescura y espontaneidad, que me gusta expresar. No quiero renunciar a ser como soy. Los que se miran mucho en el espejo acaban por quererse demasiado.
¿Y usted que ve cuando se mira?
Que me sobran unos kilos (carcajadas). No soy nada vanidoso, así que le doy poca importancia a la fama. Lo que sí veo es que algunos sueños se cumplen. Desde niño he pedido disfrutar con el trabajo y eso lo he conseguido con creces.
¿Siempre supo que esto era lo suyo?
Dicen en mi pueblo que de pequeño me ponía a hacer los telediarios en la barra de un bar, en el que me gustaba tomar batido de chocolate con boquerones ¡fíjate que mezcla! Recuerdo también que siempre pedía leer en misa para hablar delante del micrófono. Pero no quería ser periodista sino maestro de escuela pero ¡ya ves!
El caso era comunicar algo…
Exactamente. Yo soy hijo único, algo que no le perdonaré a mi madre. Jugaba solo, montaba el Belén solo, así que tenía que dejar volar la imaginación para llenar el tiempo. Yo tenía todo el día para mí. No soy nada egoísta, pero sí he desarrollado mucho la capacidad de fascinación, de soñar, de creatividad…
¿Y este trabajo ha matado un poco esa inocencia?
Sí la mata porque algunas noticias tienen un lado tan desagradable que acaba desmitificando muchas sensaciones. Siempre queremos más y dar un paso adelante nos puede llevar a descubrir mucha basura, pero estamos enganchados a la adrenalina de esta profesión. Somos periodistas las 24 horas del día.
Y esa dependencia, ¿no nos hace perder calidad de vida?
Sin duda alguna, pero me gusta la calidad de vida que me proporciona. Yo disfruto con las curvas, con los baches, con el temporal, con el paisaje que me da este trabajo. Ahora no podría vivir sin esto. Mi trabajo es como mi pareja. Cuando estás enamorado no te planteas una separación, ni un divorcio. Lo único que me hace cambiar de opinión es que empiece a oler a otro, entonces ahí sí te planteas el cambio. No soy de los que espero a que me sea infiel.
¿Qué le hace diferente a los demás?
Me produce pudor hablar de mí, pero creo que la gente ve en mí al vecino de al lado, al compañero del rellano de la escalera. Me gusta transmitir esa normalidad, esa cercanía. Tal vez por eso convivo bien con la fama. Mi popularidad no es la de Ricky Martin o Alejandro Sanz. La mía es más de calle y me encanta porque no me hace renunciar a ir a la compra, a la procesión con mi madre y a disfrutar de las cosas pequeñas.
¿Conseguir este sueño le ha pasado factura?
Espero que no me la pase, pero soy consciente que he dejado cosas sin hacer. Me he volcado tanto en el trabajo que me he olvidado del amor. Y ahora lo noto. Tengo 36 años y me he dado cuenta de que los he dedicado a sacar adelante los telediarios y en llevarme el trabajo a casa. Se me ha olvidado relacionarme y, como diría Julio Iglesias, me olvidé de vivir… Aún así, ha merecido la pena.
¿Cómo se lleva ser “el consorte” de Ana Rosa Quintana?
Es la mejor pareja de baile que he tenido en la vida. Es muy señora, muy generosa. Deja que brilles tú, no es nada protagonista. Es de las que da un paso atrás para que se vea que tú también estás ahí. Con ella hay una complicidad que nunca he tenido con nadie. Bueno,es que siempre he trabajado solo, la verdad (carcajadas). He tenido mucha suerte con ella.
¿No tiene ganas de volar por su cuenta?
Yo creo que eso es ley de vida, que me tocará en algún momento salir adelante por mi cuenta. A lo mejor, algún día Ana Rosa se cansa de mí y me da la libertad, o se cansa la audiencia de vernos a los dos juntos. Volar en libertad siempre es apetecible y, cuando eso ocurra, recordaré esta etapa con ella como algo irrepetible.
¿Es un “corredor de fondo” de esta profesión?
Sí. He empezado desde abajo y haciendo de todo. Es la única manera de aprender de verdad este oficio. He ido muy poco a poco y forjándome desde la base. No se me “caen los anillos” reconocerlo porque me enorgullece haberlo hecho así.
¿La fama le ha acostumbrado a vivir sin intimidad?
Yo tengo intimidad y privacidad, no lo dudes. Tengo la suerte de ser miope así que sólo me doy cuenta de que me observan cuando me lo dicen los que están conmigo. Eso me permite comportarme siempre con naturalidad. Yo me acostumbro a convivir con eso porque no lo considero negativo ni desagradable ni molesto.
¿El trabajo es su prioridad?
Esto es mi pasión, parte de mi vida, pero mi familia y mi vida personal es mi prioridad. Este trabajo permite que mejoren mis prioridades, que pueda hacer mejores regalos en casa, disfrutar de aquello que no tuve de pequeño. Yo soy hijo de camionero y, aunque nunca me faltó de nada, ahora me puedo permitir unos lujos que antes no disfruté.
¿En qué se refugia en los momentos de bajón?
En el silencio. Yo soy muy hablador y, cuando estoy en horas bajas, me vengo abajo y el 1´85 se queda en 1´60 (risas). Me hago pequeñito, desaparezco, llamo a mi madre.. ¿Qué cosas,no?. Ella es la que me resucita. Yo soy el Ave Fénix cuando ella me anima. Yo llegué a la televisión gracias a ella. Era un martes y trece, tenía un bajón increíble, debía ir a una fiesta y quería abandonarlo todo. Ella me dijo: ”Vístete y sé el mejor de la fiesta”. Me vine arriba, fui a la fiesta, me vieron unos directivos de canal Nou y ¡aquí estoy!.
¿Qué le pide a la vida?
Sinceramente, ahora me apetece compartirla con alguien, para qué te voy a engañar. No sé, poder organizar juntos un viaje, compartir mi día a día, preparar una escapada de fin de semana. En estos momentos tengo mi casa organizada, limpia y pintada. Ha llegado el momento de que venga alguien a ella (carcajadas).