Opinión

Nuestra cara de frío es otro pasmo

MENÚ DE POBRE

Diego Medrano | Jueves 07 de enero de 2021

El frío no es cuento chino –como daba cuenta el bohemio de las orejas tapadas con peluche y ojos furiosos- sino que existe, menudea, a veces se grande como otros músculos, y cae abajo rendido por otros soplos. El frío, como tantos colores, es entusiasmo. Frío, hielo aterrador, carámbano imprevisto, fue lo sucedido ayer en el Capitolio americano. Mucho más complejo que lo bosquejado a brocha gorda por tantos. El Populismo (de izquierdas o derechas) solo persigue un fin: demoler lo sagrado de las instituciones democráticas. Del Capitolio a la Monarquía o el Congreso de los Diputados, da igual la chufla. Demolerlo todo, para traernos su Dictadura. Tiene razón Joe Biden, ganador de frente y por derecho de las elecciones americanas, es Sedición. No hay otra.

Cuatro macarras con matasuegras no pueden entrar a su antojo en órganos democráticos, donde reside la soberanía popular, para dar cuenta de la gayola ocasional. Costó mucho llegar ahí, en todas partes, como ahora venderlo al mejor gritón o niño-monstruo. Ese espantajo de Trump, al que hoy por vez primera le han quitado la laca y el twitter, no puede seguir galleando. No así. Este populismo de bronca, de gresca, de taberna barata, de freiduría hortera, hay que pisarlo como a la cucaracha más negra de nuestras urnas democráticas. Pisarlo, mover el pie encima, asegurarnos que no se mueve, como con las peores colillas. Repugnante lo sucedido ayer en la soberanía popular americana en tantos años de modelo democrático ejemplar. Gravísima lesión, erosión y herida de este fantoche rompetechos.

Esperamos ya helados a la borrasca Filomena, esperamos ya fríos al hielo sumo, porque aquí puede votar todo el mundo, puede presentarse quien considere, pero nada de cagarse a lo bonzo en las urnas de todos. Trump ha entrado tarde en razón, medio mundo le apunta con el dedo y hoy el amanecer de su resaca de cocacola light es nefasto. Bochornoso. Ninguna democracia seria merece semejante ultraje y, lo peor de todo, con los mecanismos disponibles al cabo de la calle y de las armas, sí, para proteger al pueblo entero. Joe Biden, presidente electo de los Estados Unidos, se ha portado como un caballero. El requisitorio es mínimo: que el presidente Trump acuda a la televisión pública, nacional, para pedir perdón e irse.

El populismo son emociones: desde la ultraderecha, dan un bocadillo de jamón con unos sones de Manolo Escobar y a los nostálgicos se le pone dura; desde la ultraizquierda, levantar el puño y mucho Ché Guevara y Mao con su bandera color porro encendido y a correr. La política es algo mucho más serio: son razones, no emociones y, a la larga, hechos y datos de lo conseguido. No prometer hasta meter y, una vez bien metida, olvidar lo prometido. No. Ese es el silbo del gañán. El dormidero de acogida entre esputos y gargajos, la mascarilla a título de antifaz, los calzones bajos, la biela morcillona. Pensamos que el elector es tonto del culo, como algunos consideran al lector, pero todos nos damos cuenta de la fábula con el libro leído y todavía entre las manos. Podemos se disuelve como un azucarillo en un café oscuro, defenestrados todos los próceres, de Errejón a Bescansa, y el casoplón de los Marqueses de Galapagar codiciado por quienes gritan: “¡Vendeobreros! ¡Chusma!”.

Una de las lecciones últimas de Luis María Anson. Muchos artículos adelante y atrás, con solo teclearlo en Google ya les sale, es la formación por estas latitudes de los tan difíciles de llegar a ellos: Estados Unidos de Europa. Ahí está el quid de la cuestión. Europa, no como club donde cada miembro fuma su puro aislado, sino una Constitución común para todos, y que los del Norte, más ricos, se jodan y apoyen en lo que puedan al Sur. La democracia es tener en cuenta la voz de la minoría, tantas veces susurro, y hacer de ella otra causa común. De lo contrario, sería una democracia como la de Platón y Aristóteles, donde había esclavos. El mayor timo. La minoría, la inmensa minoría a la que se entregaba Juan Ramón, es crucial en la palabra literaria y política. Los Estados Unidos de Europa, sí, podían ser reflejo en el agua de los Estados Unidos de América, y ambos el mejor tándem contra China y Asia, cuyas manos aprisionan nuestro escroto económico. No hay otra. Es el gran plan.

Trump ayer se convirtió en el enemigo público número uno. Todos los países se aliarán con tal de aniquilarle. Toda democracia es un procedimiento, gobernará el barco quien gane más botos, pero quitarnos el procedimiento, el modo legítimo de llegar a una justicia para todos, es un robo, un atropello, un delito, algo intolerable. Los voceros y garrulos de Trump, ya con la cabeza en el abrevadero vacuno y porcino, hacen penitencia. Los salvajes tendrán su castigo. Esto es mucho más grave que pretender romper la Ley; esto es querer ser la Ley, una suplantación que cualquier democracia legítima debe extirpar antes de que el tumor se lo coma todo. Ayer, sin saberlo, el señor Trump cavó su tumba. No cabe el arrepentimiento. Solo, por fin, la patada fuerte en el culo. Ningún americano merece tal manipulación. Ese frio.