Opinión

"Argumentario clásico"

TRIBUNA

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 08 de enero de 2021

Hace ya veinte años la Editorial Lengua de Trapo publicó la obra de un ya octogenario clásico Francisco Nieva, Argumentario Clásico ( Acopio de relatos breves y opúsculos ). Este libro reúne una serie de breves narraciones que podrían ser el esqueleto o guión quintaesenciado de grandes novelas, voluminosas novelas, de cada una de ellas. A diferencia de nuestros verbosos y estériles escritores que no tienen ninguna historia que contar ( narradores sin historias que narrar ), Nieva, siempre rico de imaginación y pletórico de experiencias vividas, medio vividas o soñadas, o leídas en la Literatura Clásica, nos contó siempre historias llenas de frenesí. Junto a Cervantes Nieva es quizás el autor clásico que más argumentos novelescos nos ha expuesto. Y respecto a su clasicismo narratológico, a su modo de contar las cosas, creo que reafirma las teorías Todorov, Vladimir Propp y Gérard Genette. Sobre todo se adaptan como un guante estas historias por el juego de sujetos diegéticos/metadiegéticos, homodiegéticos/heterodiegéticos a la retórica narratológica de Genette. Nieva no estaba dispuesto a morirse sin contarnos, aunque fuera en pocas pinceladas, el abigarrado universo de historias que bullía en su fantástica cabeza, la testa más egregiamente fabuladora de nuestro tiempo. Las historias están exentas de muchos complementos literarios, dilatadores y ornamentales. Son “clásicos” porque son sencillos “trabajos de taller” con un material ya prefabricado y de serie: arquitectura tradicional, a ladrillo visto. Después de dramaturgo, lo que más le gustaba ser a Paco Nieva era “panadero de cuentos”, cuentos aún calientes y crujientes, de los que arrojaba algún cachito a su gata Chufa y a su perro Tirso como sabroso alimento de los intermundia, anticipo del mundo en el que ahora están con su amo. De algunas historias dice Nieva en la “Nota de autor”, que funciona como proemio o como felpudo en donde limpiar los pies de la realidad entes de adentrarnos en la fantasía, que algunas historias son retazos biográficos. Pero en Nieva todo lo que portaba su alma él lo sentía como verdadera biografía. Y su intimidad siempre la exhibe de forma pudorosa, lo público no. Quizás también mezclase su cultura clásica con su biografía. ¿Y hasta qué punto no es biografía nuestra los libros más sentidos? Así, historias de fantasmas recogidas por la Cultura Clásica, de Apuleyo, Petronio, Plinio, Pausanias, Macrobio o Solino, nos aparecen aquí actualizadas.

Comentemos aquí algunas pocas de estas historias que contiene el libro. La casita en el salón nos enseña que todos tenemos la posibilidad de renunciar al mundo y vivir en nuestro quiosco en el que además de nosotros cabe todo un universo de ilusiones muertas. La disminución de una mujer muestra que el paso del tiempo siempre produce teratologías, a unos más visibles que a otros. En David Roque y la Momia de York descubrimos que es menos horrorosa la más extremada vejez que una juventud alargada hasta el infinito. En Los rabudos se nos presenta un tema que obsesionaba a Nieva, el de las personas que tienen rabo, como un estigma de familia. Este argumento sale mucho en la obra de Nieva, tanto en su teatro ( 4 veces ), como en su narrativa. La misteriosa necesidad de verde nos presenta un tema que ya aparece en la gran literatura clásica: la relación que tiene cada persona con un determinado color que la mantiene saludable y socialmente exitosa. Cómo pasan por la miseria los ricos constituye una crítica social bajo la fórmula de un relato gótico: la total ruina de los ricos nunca llega a ser la miseria de los pobres, misteriosamente. Y es que peor que la fuente de corrupción que es el dinero es la fuente de corrupción de la miseria. Los muertos y los trenes es un espléndido cuento de fantasmas en el que se ve y se trata con fantasmas en un tren, fantasmas que se cruzan de paso por el camino sin reconocerse unos a otros, cambio de identidades fantasmales, falta de conciencia de los muertos de estar muertos. Morir de espanto es un relato de quince líneas en que nos sobrecogen los misteriosos terrores que pueden anidar en la mente de un niño, que no sabemos analizar, ni sabemos de qué fondo atávico provienen. La muñeca aquí tiene cierto simbolismo junguiano. El amor de Quinita Cabezas es un cuento desaforadamente romántico, en la que no le queda claro al lector dónde está la verdad, si en el narrador – que también es personaje - que explica el romance como locura, o en el personaje de Quinita, que está convencida del amor de Pepe Alcacel. Un carácter de La Bruyere es la descripción perfecta de un carácter o temperamento con perfiles extremadamente radicales, Aimée, el desastroso síndrome de un Diógenes flemático y despreocupado. Todo un personaje dramático. Un café súper, o cuando otras sustancias distintas al café hacen que graciosamente el café tenga efectos inesperados. En Las voces del éxito Nieva nos previene de aquel que pareciendo a la gente talentoso es, en realidad, un profundo imbécil, un retrasado desprovisto por completo de cualquier talento. Realidad cada día más frecuente. El rey de la muerte nos habla desde “el sobrino de una bruja” del caso de necrofilia de Cecilia, llamada también Mortilia por sus entretenimientos macabros desde niña y su incorregible afición tanática, que acabará recomponiendo esqueletos con el mayor primor. Espléndido cuento gótico cuya ironía narrativa potencia su horror. Habría que decir también que la atracción de Nieva por la muerte fue vitalicia y está presente en toda su obra, a pesar de ser un optimista vitalicio. En Entrada y salida del inexistente vemos cómo una mentira inventada para salir del aburrimiento y excitar la imaginación de una novia puede hacerse casi verdad. Los personajes inventados por la mentira luego pisan las calles, aunque un tanto rebajados de la belleza que tiene una buena mentira. La mentira siempre se hace verdad en alguna parte. En realidad, el ser humano ve muchas veces lo que quiere ver y, entonces, la realidad se torna fantasmal. Lo malo es que la mentira, a diferencia de la verdad, no acaba jamás de encarnarse del todo y eso desilusiona mucho. Christoffer es toda una parábola trágica en la que se denuncia la gran impostura y mentira de la pintura moderna, ésa que llamamos “de vanguardia”, y que tan bien se acomoda al artista sin dotes. Este cuentecillo hubiera encantado a Antonio García-Trevijano. La pintura moderna es incapaz de persuadir al indotado ingenuo de la fea inanidad de sus conatos, y así lo hace fracasar una y otra vez. La misma invectiva, en esta ocasión respecto al Séptimo Arte, aparece en Una película muy aburrida, contra el papanatismo idiota que ha mitificado verdaderas birrias de películas abstrusas. Sindo Galindo, príncipe del Renacimiento muestra que no hay peor envidia que la que lo es en razón de la belleza y la inteligencia ajenas. Dura puede ser la envidia de tener, pero la envidia de ser es infernal.

En definitiva, este portentoso Argumentario Clásico constituye una espléndida herencia sintética que mi inolvidable amigo Nieva nos dejó, una sucesión de haiku o tanka narrativos y argumentosos, que nos dan las tramas que Paco hubiera desarrollado con sublime primor literario si los dioses superiores hubieran querido prolongarle unos pocos años más su vida, ya de edad prohibida hoy bajo los ukases podemitas. Aún así, la brevitas de estas narraciones y reflexiones alcanza un nivel de literatura clásica, con sus frases breves y cortadas ( subtilissimus brevitatis artifex, amputatae sententiae, verba ante expectatum cadentia ), el asíndenton, la parataxis y la antítesis.