Opinión

“No soy nadie, ¿Quién eres tú?” (Emily Dickinson)

TRIBUNA

Jesús Romero-Trillo | Martes 12 de enero de 2021

La noche del 8 de enero falleció una persona en la calle en el distrito de Carabanchel a causa de la ola de frío llamada “Filomena”. Conocemos el nombre de la tormenta, pero no del fallecido, como tampoco conocemos el nombre de las 40.000 personas sin hogar que malviven en España. Tampoco conocemos el nombre de las 4.500 personas, de las que 1.812 son niños y niñas, que viven en Cañada Real Galiana de Madrid y que carecen de suministro eléctrico desde el mes de octubre de 2020. La emergencia para todas estas personas sin nombre conocido es diaria, aunque en estos días aumenta porque muchos no tienen un lugar digno donde dormir, donde comer, o donde estudiar. Con algo de suerte, sus historias anónimas aparecen tímidamente en los medios de comunicación entre árboles caídos y autobuses atrapados por la nieve.

Durante 2020 América Latina vivió su mayor crisis económica de los últimos 120 años, con un 7,7% de descenso en el producto interior bruto de la región, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas. A ello se añadió el aumento en la violencia en países como Honduras o El Salvador, junto a la inestabilidad política de otros como Venezuela. Todo ello ha provocado que aumenten las caravanas de miles de migrantes sin nombre que intentan llegar a Estados Unidos. La gran mayoría de estos miles de migrantes acaba malviviendo en los campos de refugiados establecidos tras el acuerdo de junio de 2019 por el que México se encarga de bloquear el paso.

El acuerdo lo rubricaron dos personas con nombres conocidos: los Presidentes de Estados Unidos, Trump, y de México, López Obrador. A muchos nos sorprendió lo insólito de esta alianza, puesto que presidente mexicano se había caracterizado en su campaña electoral y durante sus seis primeros meses de gobierno por ser un político de ideología marxista con tintes revolucionarios. La historia demuestra una vez más que algunos nombres terminan pareciéndose demasiado.

Podríamos seguir hablando de las historias y de los nombres de los refugiados sirios en Líbano, de los que esperan en el Monte Gurugú, de los ahogados en el Mediterráneo, o de los que cruzan fronteras interminables. La escritora portuguesa Ana Luísa Amaral acaba de publicar el libro: “What’s in a name?” (“¿Qué hay en un nombre?), que contiene un poema cuyo título menciona tres lugares que resuenan de un modo especial: “Alepo, Lesbos, Calais, o, en otras palabras”. Como dice el poema, cuando nos acercamos descubrimos que hay gente que “abunda en / nombres / enteros, gustos propios, variados sufrimientos, / músculos / para sonreír todos distintos…”.

Todavía hay demasiados hombres y mujeres, también en nuestras calles, que con sus ojos nos dicen cada día “No soy nadie, ¿Quién eres tú?”. Es la ocasión para empezar una conversación… para que ningún nombre se pierda… para sonreír todos distintos.