Opinión

Sonreíd y saludad

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Martes 12 de enero de 2021

Cada vez resultará más difícil escribir una página sincera. La hegemonía del pensamiento positivo en mitad de una catástrofe sin paliativos, el rigor de la corrección política bajo las condiciones de nuestra tiranía democrática, la exigencia de celebrar la ruina y la desolación como si fueran el amanecer de un mundo nuevo. No hay nada que celebrar, nada de lo que sentirnos orgullosos, nada que merezca el aplauso o la alabanza y, sin embargo, la nueva verdad irradia su fulgor de pantalla sobre nuestras conciencias que quedan profundamente iluminadas o ilustradas. Abiertas de par en par, en actitud de comprensión democrática: beata, universal, infinita.

Hay un presidente cesante en los EE. UU, un estrambote ridículo es lo que nos ofrecen los medios, que ha sido vetado por las grandes corporaciones de gestión de la opinión. El gran hombre silenciado por los dueños de la palabra, siquiera fragmentaria y apresurada, como son todas hoy: trinos efímeros, cantos como estertores. Hay un presidente de Rusia, un fascista rojo o un soberano de acero es lo que nos ofrecen los medios, cuya legitimidad no es legítima, aunque sea mayoritaria. Por el contrario, hay hombres del pueblo, y no hace falta contar los votos porque su imagen declara su inmensa bondad popular. Nos lo enseña la verdad de las pantallas que gobiernan nuestra subjetividad, los mediadores de la lengua nueva: democrática, fraternal e igualitaria.

Hoy las fuerzas capaces de impedir la última libertad, que consiste en morir odiando su privilegiada definición de la realidad, ya no necesitan de la intervención y el castigo. Nos educan sin fricción en la recta opinión y el buen sentimiento y todos acabamos amando al gran hermano. Los contumaces e irredentos son hoy conducidos al seno de la verdad por la potencia sin parangón de la seducción iluminada y la unanimidad integrada. No hay que resistirse a la felicidad que reporta la pertenencia al coro sin disonancia de la verdad.

Los gestores del Big Data son los agentes amables del Big Brother y al margen de su cálculo veloz y eficacísimo no queda nada. El comerciante infinito, el mercader de la nada, es el señor de la gran democracia realizada. Sonría y reciba a tiempo su mercancía, mientras Ud. mismo – hace tiempo mercantilizado – se convierte en sonrisa comercial, en vendedor de su entraña, en propietario de adminículos y símbolos de estatus, dueño único de sus cadenas. Haga click sobre el like y reciba a cambio icónicos aplausos, besos sin contacto, pulgares erguidos que le harán sonreír de felicidad, de bienestar online ante la certidumbre de ser estimado. Generoso y cortés, opinador consumado, crítico y autónomo dueño de sus actos soberanos, pero virtuales: virtualmente soberanos.

También en la España redimida de su historia, vivimos con la certeza inatacable, salvo anomalías declaradas, de habitar el mejor de los mundos. Quedan residuos del pasado, que a veces se nos muestran poderosos y, otras veces, menesterosos fanáticos que han de ser educados: reeducados. También en España – redimida de su atavismo religioso y brutal – vamos avanzando por la radiante avenida de la prosperidad y la felicidad. Enfrentamos con una sonrisa cordial los todavía incontrolables accidentes del destino: una pandemia que se nos escapa, un temporal que nadie esperaba… pero sabemos afrontar con la Ciencia hipostática y sus tecnologías liberadoras no sólo las inclemencias del tiempo o la morbilidad de un virus inusitado, sino también el camino de la recta opinión y la vida plena de una felicidad humana: verdaderamente humana. Cualquier oposición a la verdad rutilante de La Ciencia es resistencia contumaz y locura fanática, el disidente – lejos de ser castigado – será reeducado hasta aprender a amar la verdad y devolver como amor al mundo el bien social recibido. De ahí que el pesimismo o la amargura sean signos de una voluntad de sabotaje, marcas del error o la insania. Sonrían y sean felices, nada malo nos puede pasar y, cuando llegue la hora de partir, habremos aprendido a salir de escena con una sonrisa eutanásica.