Opinión

La Corona se fortalece

Martín-Miguel Rubio Esteban | Domingo 31 de agosto de 2008
La ya insoslayable entrevista entre el periódico El Mundo y Javier Arzallus ha vuelto a poner sobre el tapete el viejo, viejísimo asunto de la postura del Rey en el intento de Golpe de Estado del 23-F. Hasta ahora sólo los outsiders del sistema ( republicanos no subvencionados ) y algunos militares encabronados cuestionaban la incuestionable eficacia de la Corona en la desactivación de aquel Golpe vespertino que congeló de miedo las sanas venas del país durante dieciséis horas. Pero Javier Arzallus lejos de ser un outsider ( su independentismo “progresivo” ha sabido conciliarse mágicamente con nuestra equívoca Constitución ) fue en su día una pilastra de la España nacida en la primavera de 1977, si bien nunca tan entregado al fervor del juancarlismo como otras columnas y soportes.

Ahora bien, no parece que tenga mucho sentido desconfiar de la actitud constitucionalista del Rey en aquella noche de pánico nacional y asegurar que las sabias diligencias y acertados silencios del Jefe de la Casa Real de entonces fueron decisivos en la disolución del Golpe. Las dos cosas parecen contradecirse. ¿O es que se puede suponer que el conde Latores, Sabino Fernández Campo, iba en dirección contraria a la de su Señor?

Lo que sí es un hecho y, sin duda alguna, se puede constatar con la lectura de distintos trabajos, es que el fracaso del Golpe subió a la estrella del monarca a su cenit, en cuanto que entonces casi todo el mundo pensó ( o quiso creer ) que el Rey había sido el gran héroe de la democracia en aquella noche tensa, auténtico prostátês de la libertad, pero que posteriormente han ido saliendo ensayos y artículos que de algún modo cuestionan o ensombrecen y entenebrecen radicalmente esa presunta heroicidad.

Por otro lado, los fríos “sentimentua” de Arzallus hacia el Rey no son cosa nueva; el dirigente vasco siempre ha sido displicente hacia la Corona. Como buen escolástico sabe que lo diferente siempre viene a resultar lo mismo, y que el cambio es el ardid del ser ( la independencia ) para seguir siendo. Pero las afirmaciones que hace en El Mundo revisten una enorme gravedad, pues ponen en tela de juicio el sentido de la verdadera acción del Rey.

Ahora bien, el sentido común nos dice que aunque el Rey no fuera un devoto defensor de la Democracia, su interés propio, el de su Casa y el de su familia hubiera jugado a favor de la libertad. Lo contrario hubiese supuesto su suicido político y el de su dinastía en España para siempre. Una mística endura borbónica.

Yo creo que hablar mal del Rey, ahora precisamente, por parte de Arzallus, que tiene a su favor, desde luego, la estética de no haber sido jamás un baboso pelota, responde a un interés claro de la política nacionalista que representa Javier Arzallus. Es así que el Rey, para los ojos arzalianos, representaría el último “cartucho” o trinchera que le queda al sistema para la disolución fatal del territorio nacional español. Eso significaría que para Arzallus la persona del Rey es mucho más importante que lo creen muchos políticos del propio sistema, y, desde luego, todos los republicanos unionistas.

Desde luego no hay nada como un enemigo sólido y coherente para enaltecernos.

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