Opinión

Entre la vida y el voto

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 27 de enero de 2021

Parece que la llegada de la vacuna ha despertado en ciertos ámbitos de nuestra sociedad institucional el afán de los privilegios. Ya sabemos que en este país lo de estar en posesión de un cargo, aunque este sea menor, sirve para conseguir favores que al resto de los mortales nos son negados por propia ley natural. Cuando hablo de ley nada tiene que ver con el principio de igualdad jurídica, sino a la otra manera de actuar que guarda estrecha relación con el amiguismo, enchufismo o abuso de poder. Costumbres éstas tan arraigadas en la sociedad española desde que el ser humano pisó por vez primera suelo ibérico.

La vacuna contra la COVID-19, que a priori parece haberse convertido en la salvación de la especie –Dios lo quiera-, ha destapado en algunos la fiebre por conseguirla antes de lo previsto; o sea, haciendo uso de esas “generosidades” que cito, -no quiero pensar que lo estén haciendo por miedo- Para nuestra desgracia, una vez más se pone de manifiesto la inmoralidad de quienes actúan como diosecillos de lo perverso; lo que sucede es que hoy en día casi todo se agrava ante la lenidad de quienes consienten y participan de lo asquerosamente correcto. Ejemplos de traición hacia la condición humana lo tenemos a diario por parte de quienes obligados están en priorizar el orden de las cosas, refiérome a que antes es lo de salvar vidas que el cosechar votos, al igual que antes está lo modélico que lo depravado.

Una de las mejores pruebas del irracional juego que se traen ciertos adversos con la propia vida está en la campaña de acoso y derribo hacia todo lo que representa el hospital Zendal, de Madrid. Hay quienes cargan contra Ayuso por la simple gesta de haberse anticipado al caos exponencial del atentado contra la salud pública. Poco menos que han demonizado al Zendal como si éste se tratase de un campo de exterminio. La vida por encima de todo y de todos, he ahí la cuestión que muchos rechazan por pertenecer al voto cautivo.

Unos buenos gobernantes han de dar ejemplo en decencia, pero eso es pedir demasiado en un país en donde el método de lo inverso se ha instalado con nocturnidad y alevosía, aunque también con la tolerancia debida o la complicidad silenciosa, que para el caso resulta ser lo mismo. Me viene una cita de Fray Luis de León: “Los pastores serán crueles mientras las ovejas sean estúpidas” Y eso les vale para hacer, deshacer y lo más preocupante de todo, instaurar la docilidad general, no ya como experimento, sino como único modelo de pervivencia. Y aquí estamos complacientes o complacidos jugando con la vida como si esta fuera algo de usar y tirar.

Todos los indicadores que se emulsionan mediante criterios científicos o sanitarios se los pasan por los bajos fondos; de manera que a los auténticos profesionales que advierten, avisan y aconsejan los convierten en figuras de terracota. Aquí lo importante son los picos, los aplanamientos y las curvas mientras el señor Simón lleva casi un año diciendo una cosa que luego es la contraria. Ayer la cepa británica era algo marginal y hoy es determinante, por poner un ejemplo tomado al azar de entre los cientos que obran en la hemeroteca de este país. Mientras tanto el número de fallecidos por la COVID-19 sigue imparable a pesar de tanto misterio, tanta incompetencia y tanta falta de trasparencia.

Como antes dije, casi un año después estamos en el principio de lo incierto mientras otros echan mano de la tan socorrida frase: “Se ve la luz al final del túnel” Se admiten apuestas para discernir el futuro de la humanidad con la ventaja de que la tan ansiada vacuna ejerza como maná salvador de la especie humana. Por desgracia ya nos advierten que tampoco será la solución definitiva, entonces uno se cuestiona el presente como algo fuera de control.

Que si las mascarillas, que si los PCR, que si los rastreadores, que si las dosis, que si las jeringuillas, y como la falta de rigor intelectual es la que es, pues según los más aplicados en la materia nos dicen que estaremos muy alejados de alcanzar el objetivo de vacunación del 70% que mantiene el Gobierno para este verano. Los pronósticos, y de seguir al ritmo actual, solo habremos conseguido un 17%, es decir, España habrá completado la vacunación de la COVID en septiembre del 2023.

Y como no siempre las comparaciones tienen que ser odiosas, Israel sorprende a todo el mundo por la intensidad de su campaña de vacunación. De acuerdo que tan solo cuenta con 9,8 millones de habitantes, pero es que ya supera el 35% de la población vacunada mientras que en España estamos al 2,9% de la población, con un millón de vacunados. ¿Qué dónde está el éxito israelí? Habrá que deducir que saben hacer bien las cosas y que aquí tenemos por costumbre improvisar, y así cualquiera. ¿Entonces por qué no copiamos de este modelo más inteligente que el nuestro? Siento decirles que hoy el Director General de respuestas ha cogido el día de asuntos propios.

Por supuesto que mucha culpa de lo que nos sucede recae sobre la conducta de una buena parte de la ciudadanía, pero a estas alturas de mi panegírico el decir que nosotros somos nuestro peor enemigo es sinónimo de la estupidez que traemos de serie en nuestro ADN, lo que sucede es que unos la desarrollan antes que otros por aquello de presumir. En fin, como modelo de irresponsable conducta sabemos que el ministro de Sanidad, se ha marchado a Cataluña tal vez en calidad de cedido y con opción de compra, eso sí, en pleno demarraje vírico dejando escalofriantes cifras de contagios y muertos, pero no se preocupen ustedes que habrá elecciones en Cataluña el 14 de febrero, que al parecer es lo principal.