Cultura

La condesa de Castiglione, la "espía" olvidada que ayudó a la unificación de Italia

HISTORIA

Efe | Miércoles 03 de febrero de 2021
La condesa de Castiglione forma parte de ese reservado grupo de personajes que tejen la historia desde la sombra, al poner su inteligencia y capacidad de seducción al servicio de la Unificación de Italia, como una suerte de espía decimonónica.

La futura condesa nació en Florencia el 22 de marzo de 1837 con el nombre de Virginia Elisabetta Luisa Carlotta Antonietta Teresa Maria Oldoni, aunque en casa siempre le llamaron Nicchia. Era la hija del marqués Filippo Oldoni y de la marquesa Isabella Lamporecchi. En casa recibió una educación esmerada y aprendió cuatro idiomas, aunque en sus diarios reconoció una infancia triste, y con 17 años fue desposada con el conde Castiglione, Francesco Verasis Asinari.

Eran los años del "Risorgimento" y los piamonteses se lanzaban a la anexión de todos los territorios de la península itálica con Giuseppe Garibaldi al frente, pero siempre atentos a la amenaza del imperio Austro-húngaro, dueño y señor del norte italiano. Es aquí donde la condesa recibe una misión: partir hacia París para seducir al emperador Napoleón III y obtener su apoyo en el enfrentamiento contra los austríacos. "Hay muchos documentos en los que Cavour reconoce haberla encargado flirtear o, si fuera necesario, seducir al emperador. Y lo consigue", explica a Efe Anna Rita Guailtoli, autora del libro "La contessa di Castiglione, il peso della bellezza" (Epsylon, 2011).

El director de la Fundación Cavour, Marco Fasano, afirma que existe una carta en la que el primer ministro confesaba a su titular de Exteriores, Luigi Cibrario, que había encargado a la condesa "coquetear" con el emperador. La suya, explica Fasano, era una "diplomacia de doble vía": con un cuerpo de embajadores oficial y otro de agentes que apoyaban la causa italiana en las principales cancillerías europeas valiéndose de otras dotes menos académicas, por decirlo de alguna manera.

En la corte parisina la italiana deslumbra enseguida por su carácter, belleza y estilo y, como cabía esperar, termina conquistando a Napoleón III, pero granjeándose la acérrima enemistad de su esposa, la española Eugenia de Montijo. "Ejercía de auténtica espía", sostiene Guailtoli, que cita como prueba su correspondencia con importantes personajes de la época, como Costantino Nigra, otro "agente" implicado en Francia en estas labores de diplomacia "bajo el mantel".

La condesa es por ende considerada una facilitadora del acuerdo de Plombiéres de 1958 y de la alianza entre los Saboya y Napoleón III que acabó expulsando a los austríacos de Lombardía. La Unificación aceleraba el paso. Su importancia en los hechos depende del historiador consultado. La escritora Gabriella Chioma, autora de "Spendore e Ombra: Virginia Verasis di Castiglione" (NovAntico, 2019), responde tajante a la pregunta de si hay parte de mito: "Absolutamente no".

"Fue una mujer muy inteligente y una de las primeras diplomáticas. No es una leyenda, es un hecho", sostiene a Efe. Pero entretanto la estrella de la condesa se apagaba, dicen que en parte por el odio visceral de la emperatriz consorte de Francia, que incluso la acusó de perpetrar un atentado, recuerda Guailtoli. Su desdicha se precipitó desde 1870, con la caída de Napoleón y la reinstauración de la República.

Acabó sus días sola, víctima de la inestabilidad emocional y los problemas de salud, enclaustrada en su casa de París, en la Rue Cambon 14, rodeada de recuerdos polvorientos y desordenados y reliquias cubiertas por lúgubres telas de terciopelo negro. Los pocos amigos que aún la visitaban dejaron de hacerlo, unos por desinterés y otros simplemente porque habían fallecido, y así, el 28 de noviembre de 1899, la condesa moría con las primeras luces de un nuevo siglo, cayendo rápido en el olvido de un tiempo convulso.

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