Opinión

Lo imprevisto siempre llega

TRIBUNA

Jesús Romero-Trillo | Jueves 04 de febrero de 2021

Este año se cumple el sesenta aniversario del comienzo como director de cine de Pier Paolo Pasolini. El artista italiano, nacido en Bolonia en 1922 y encontrado muerto trágicamente en 1975 en la playa de Ostia (Roma), fue un rayo de luz y libertad en la Italia gris de las Brigadas Rojas. Su visión neorrealista y marxista de la sociedad italiana, que derivó en una interpretación muy personal del cristianismo, le hizo ser un personaje incómodo para toda la sociedad. De hecho, fue condenado a cuatro meses de cárcel por el anticlericalismo mostrado en la película Ro.Go.Pa.G.(1963), un filme dividido en cuatro partes y dirigido junto a Rosellini, Godard y Gregoretti, tal y como indica el título.

Pasolini se alejó siempre de todo dogmatismo, incluso del dogmatismo propio, y en 1964 rodaba “El Evangelio según San Mateo”, significativamente el título original en italiano no tiene el “san”. En este filme el texto modela la acción y sostiene unas imágenes que transmiten magníficamente el mensaje bíblico. Su cine, junto con su literatura, siguen siendo un referente para comprender la época convulsa en la que vivió.

En 1968 el cineasta estrenó la película “Teorema”, que consiguió un gran éxito y le llevó a la fama internacional, suscitando además múltiples niveles de interpretación. En el filme un joven enigmático aparece sin justificación en el hogar de una familia burguesa acomodada y todos sus miembros, incluida la criada, son subyugados por el recién llegado. Tras la marcha repentina del joven, todos en la familia quedarán cuestionados interiormente y sus vidas quedarán trastocadas de diversas maneras. El encuentro personal con aquel misterioso invitado les hará disgregarse interiormente al no resistir su ausencia.

Los personajes de Teorema descubren que la familia ya no les sostiene emocionalmente y tienen que aprender a enfrentarse a su abismo interior en soledad. Uno de los mensajes del filme es que no hay liberación personal sin afrontar las propias contradicciones y sin estar abiertos a lo imprevisto. Algo similar ocurre en la película “El Hoyo” (2019) de Galder Gaztelu-Urrutia. En este filme se describe la vida en una prisión construida con celdas verticales donde Goreng, el protagonista, descubre poco a poco su misión liberadora. Goreng sólo comprende el sentido pleno de su existencia y de su lucha cuando desciende al fondo de la prisión y se encuentra con un personaje inesperado.

No todo es previsible en la vida. Hay encuentros o situaciones, como el Covid-19, que han llegado inesperadamente y se quedan para trastocar nuestra forma de afrontar y entender la vida. Dice Séneca en su libro “El arte de mantener la calma” que el pasado es inamovible pero que el futuro es prevenible. Quizá lleguemos a pensar que el futuro ya no es prevenible a pesar de los algoritmos que intentan modelar la realidad.

Los seres humanos buscamos certezas para sobrevivir, pero quizá muchas de esas certezas pertenezcan al pasado y ya no existan. La película de Pasolini puede servirnos para reflexionar sobre lo imprevisto, que siempre llega. Repetir las respuestas que dimos a los imprevistos del pasado no nos garantiza estar preparados para el presente y aún menos para el futuro. Ya no somos los que éramos.