Salvo honrosas excepciones, la campaña electoral en Cataluña gira en torno a la independencia y todo lo que el separatismo conlleva. Han ganado lo que ahora se ha dado en llamar “el relato”. Han conseguido que solo se hable de si unos garantizan que el Gobierno se someterá a sus peticiones y las prerrogativas serán inminentes o de si otros dicen que el camino para un país independiente es la vía unilateral. El caso es que no se habla nada de los problemas reales de la gente de a pie. Triste, ¿no?
Curiosamente, unas declaraciones hechas en la campaña electoral catalana han sido el detonante de la última pelea -dialéctica- entre miembros del Gobierno de coalición y que esta vez ha enfrentado a la vicepresidenta primera con el vicepresidente segundo. Una vez más, PSOE y Podemos, responsables de llevar a este país por el mejor camino posible, son noticia por estar en la refriega y la disputa.
No extraña la presencia de Pablo Iglesias, acostumbrado al juego sucio y el navajeo desleal, pero tampoco la de Carmen Calvo, experimentada en tareas de sibilino sectarismo. Populismo contra demagogia, aunque pueda ser intercambiable por momentos, porque es mentira que en España no exista una democracia plena, aunque le rente políticamente gritarlo al cielo a este defensor de los independentistas catalanes. Pero tampoco le falta razón, aunque no por las razones que esgrime.
Tiene razón Iglesias cuando dice que no hay una democracia plena, ya que se consiente que se apedree a un partido legal y al que votan muchos miles de españoles. Con la excusa de que es un partido ultra no se atienden las reivindicaciones de VOX a los problemas reales de los ciudadanos. No es admisible bajo ningún concepto que no permitan expresarse a una formación legalmente constituida porque no gustan sus ideas o se le ha etiquetado como de ultraderecha. ¿No están promoviendo una ley para proteger la libertad de expresión? ¿Será su libertad de expresión la única que quieren proteger? También son partidos ultras Podemos, la CUP, ERC y JxCat y, sin embargo, el Gobierno sí les compra el argumentario “indepe”.
Efectivamente, no hay una normalidad democrática cuando son los partidos que mandan en Cataluña los que subvierten el orden constitucional y el Ejecutivo de Pedro Sánchez justifica el discurso de ruptura. El PSOE avala los razonamientos de las formaciones independentistas y les da alas con promesas adulteradas de refereéndums de autodeterminación en una Mesa de Diálogo tan solo porque le conviene políticamente, ya que es su única posibilidad de gobernar.
No tiene, pues, sentido la letanía del nefasto exministro de Sanidad, Salvador Illa, cuando dice que quiere romper con lo anterior en Cataluña y pasar página y que los indultos pueden ayudar a ello. Parece lógico pensar que si el PSC gana las elecciones no va a declarar nunca la independencia y que eso no juega a favor de ERC, que dejaría de apoyar al PSOE en Madrid. Pregunto: ¿le interesa o no ganar a Illa las elecciones catalanas?
Se puede concluir que se terminará con esta situación, cansina y fatigosa, cuando se dé todo lo que piden los separatistas o cuando los que inflan las expectativas desde Moncloa dejen de estar ahí. Se dice que el independentismo llegará hasta donde le deje el constitucionalismo, aunque está por ver si los socios del PSOE en el Gobierno de coalición son constitucionalistas como está por comprobar si los partidos soberanistas de verdad quieren la independencia o es solo su modus vivendi.
Mientras, seguiremos hablando únicamente del procés y de si Cataluña quiere la independencia ignorando la economía, la educación, la sanidad y la seguridad.