Opinión

Escritores soldados (V)

TRIBUNA

Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 12 de febrero de 2021

Eugenio Gerardo Lobo ( 1679-1750 ). Poeta y valiente soldado que tomó parte en la guerra de sucesión en el bando de Felipe V, pero que perdió el favor del monarca a causa de su sátira Exhortación político-cristiana a la nación española, en la que con sobresaliente libertad y patriotismo se lamenta del estado de España y critica con dureza la codicia francesa. A los veinte años ya era capitán de caballos corazas del regimiento viejo de Granada. Participó en los sitios de Lérida y Montemayor, que celebró en octavas reales, y en la reconquista de Orán de 1732, que cantó en el “Rasgo épico…” Acompañó a Italia a Felipe V. En 1743, siendo ya brigadier, se encontró en la batalla de Santo Campo y recibió cuatro heridas graves, de las que tardó más de tres meses en curar, ascendiendo poco después a mariscal de campo. Más adelante fue teniente general, capitán de guardias de infantería española y gobernador militar y político de la plaza y ciudad de Barcelona, cargo que desempeñaba cuando murió a consecuencia de una caída de caballo. De sus versos festivos el más ingenioso y divertido es la parodia “Octavas festivas a la derrota de unos pasteles en el Palau”, y entre sus sonetos, probablemente el mejor sea uno, escrito en estilo neoclásico, sobre la escultura: “A la estatua del silencio”. Sus poesías fueron reunidas por primera vez en Selva de las musas. Lobo ha sido llamado el “capitán coplero”, por ser éste el género en que sobresalió. Entre sus comedias cabe destacar El más justo rey de Grecia y El tejedor Palomeque y mártires de Toledo. Su exagerado gongorismo hace a veces difícil su lectura.

Diego López de Haro ( 1460-1511 ). Poeta, soldado y diplomático que participó heroicamente en el sitio y la reconquista de Granada y fue embajador de España en Roma, como premio a su distinguida actuación en las batallas. Es llamado por algunos autores Diego López Juan. Algunos de sus mejores poemas fueron publicados por Hernando del Castillo en su Cancionero y se editaron en 1882. Otros aparecen en el Cancionero castellano del siglo XV de Fouché-Delbosc ( 1915 ) con un interesante diálogo Entre la razón y el pensamiento. La biblioteca de la Real Academia de la Historia posee manuscrito un poema de cien versos de López de Haro, Aviso para cuerdos, diálogo entre el autor y una serie de personajes mitológicos e históricos como Cristo, Mahoma, Julio César, y Adán y Eva. Diego López de Haro era señor de la casa de Carpio, y durante bastante tiempo se le atribuyó de forma infundada Las Coplas de Mingo Revingo.

Jorge Manrique ( 1440-1479 ). Junto a Garcilaso el más grande soldado poeta muerto en combate. Cuarto hijo del conde de Paredes, Rodrigo Manrique, que fue gran maestre de la Orden de Santiago, y de su primera mujer doña Mencía de Figueroa; y sobrino también del poeta Gómez Manrique, uno de los principales paladines de Isabel de Castilla. Siguió a su padre cuando éste se unió al infante don Alfonso en su querella contra su hermano Enrique IV. Después de la temprana muerte de Alfonso apoyó la causa de la infanta Isabel. Obtuvo por su pericia y valor demostrado en diversas ocasiones uno de los “trecenazgos” de la Orden de Santiago, y cuando muerto el rey don Enrique penetró el rey de Portugal en Castilla en defensa de los derechos de la “Beltraneja”, Jorge Manrique, señor de Belmontejo, se mostró acérrimo partidario de la Reina Católica, defendiendo en 1475, contra el marqués de Villena, el campo de Calatrava. Efectivamente luchó en el ejército isabelino en Calatrava contra el marqués de Villena y contribuyó a levantar el sitio de Uclés, también al lado de su padre. Tanto las fuerzas de Villena, como las de don Alonso Carrillo, arzobispo de Toledo, eran muy superiores a las de los dos Manrique, padre e hijo, pero tuvieron que marcharse sin conseguir su intento, quedando el castillo a merced del gran maestre Manrique. En 1478, como siguiese Villena desafiando el poder real apoyado por sus fortalezas de Chinchilla, Belmonte, Alarcón y Garci-Muñoz, encargaron los Reyes Católicos a Jorge Manrique y al señor de Valverde, don Pedro Ruiz de Alarcón, el asedio de aquellas plazas. Los encuentros con las gentes del marqués eran casi diarios, y en uno de ellos, según la crónica de Fernando del Pulgar, “el capitán don Jorge Manrique se metió con tanta osadía entre los enemigos, que por no ser visto de los suyos, para que fuera socorrido, le firieron de muchos golpes, e murió peleando cerca de las puertas del castillo de Garci-Muñoz, donde acaeció aquella pelea…” El cadáver de Jorge Manrique fue llevado a la iglesia del convento de Uclés, y al revestir su cuerpo de paños mortuorios hallaron en su seno, dice Rades de Andrada, unas coplas que comenzaba a hacer “contra el mundo”. Estas coplas, que según Menéndez y Pelayo no fueron impresas hasta el Cancionero general de Sevilla, de 1537, son sólo dos, y su pensamiento capital coincide con el tema de sus coplas inmortales. Escribió unas cincuenta poesías en las que sigue la tradición cortés y que hablan de amor, fortuna y religión en estilos que van del ingenioso al satírico o al convencional amoroso. Llama la atención la acerba invectiva poética que dedica a su madrastra, a la que trata de “puta”, y donde sin duda se respira odio. También recuerda alguna de sus sátiras a los epodos de Horacio contra la bruja Canidia, como aquella que habla de una mujer borracha, que tenía empeñado su mismo brial en la taberna. A veces en algún poema cae en la frivolidad artificiosa, propia de la poesía cancioneril. En general la melancolía empaña todos sus poemas, particularmente su obra maestra, Las coplas de Jorge Manrique por la muerte de su padre. Las escribió en 1476 y se publicaron por primera vez en Sevilla en 1494. Son cuarenta coplas octosilábicas de pie quebrado en las que recuerda la vida de su padre en versos a menudo fúnebres, pero siempre espléndidos, en los que medita sobra la brevedad de la vida y la vanidad de los placeres mundanales. Estos temas eran un lugar común en la época medieval, pero aunque en el tema Manrique no es original, sí lo es, en cambio, en el estilo que utiliza y en el tratamiento que les da. La forma estrófica que eligió parece a primera vista demasiado ligera y delicada para servir al propósito de la elegía, pero actúa estableciendo un contraste con la gravedad del tema, que ya no es el ataque medieval contra la ambición de la vida humana, en realidad tan frágil, sino que encarna el orgullo renacentista que alaba las cualidades tanto mundanas como espirituales de Rodrigo. Manrique expresa sus ideas con gracia y precisión, evitando siempre la acumulación de adjetivos y las digresiones teológicas o morales. Se expresa en las Coplas un sentimiento de nostalgia que proviene de fuentes humanísticas clásicas y una mórbida obsesión por el poderío de la muerte. La intemporalidad de esta poesía impresionó a escritores como Lope de Vega, Espronceda o Salinas. En estos días de febrero, en mañanas de niebla, vemos por las almenas del Castillo de Montizón la linda sombra de doña Grisomar de Castañeda, que mira desde los altos adarves la llanura manchega, esperando quizás ver a Jorge que vuelve. Uno la saluda con reverencia, bajando la cabeza.

Francisco Manuel de Melo ( 1608-1666 ). Hijo de padre portugués y madre portuguesa, Francisco Manuel de Melo es un autor clásico en ambas lenguas. Como soldado llegó a ser famoso, además de ser un gran poeta, moralista, autor teatral e historiador. La muerte de su padre le hizo cambiar la pluma por la espada, alistándose a los dieciocho años en uno de los dos tercios fijos que en Portugal se habían levantado para marchar a Flandes, embarcándose en la escuadra que debía conducirlos, y que iba al mando de don Manuel de Meneses. Navegaba la escuadra hacia La Coruña cuando se levantó la más terrible tempestad. Sobrevivió a esta terrible tempestad en el mar en 1627 y tuvo que supervisar el funeral, por orden de Manuel de Meneses, de más de dos mil hombres que habían perecido en el mar en aquella tempestad. Sirvió como capitán del ejército español en Flandes, cuando Portugal todavía estaba unido al Imperio Español, llegando a ser maestre de campo por su valor y sabiduría táctica, y participó muy activamente contra los rebeldes catalanes en 1640. Poco después se unió a los separatistas del partido de los Braganza y fue enjuiciado por traición. En realidad, fue culpa de Olivares el que Melo apoyase a la Casa de Braganza y la independencia portuguesa, pues el receloso valido cometió la ignominia de apresar a “Melo”, como portugués que era, por pura precaución en el momento en que la Casa de Braganza se levantó contra Felipe IV, y lo tuvo cuatro meses preso sin ninguna prueba de traición. Cuando la Justicia priva de la libertad por precaución y no por hechos probados cae en la tiranía. Fue liberado y regresó a Portugal, en donde fue encarcelado nuevamente ( 1644 ) por creerse que era el rival victorioso en amores del propio rey Juan IV. Melo se exilió en Brasil en 1652 y fue perdonado en 1657, año en que volvió a disfrutar del favor real de los Braganza y entró en la diplomacia. El aristocrático Melo es con Quevedo el más grande escritor de su generación en la Península, según Menéndez Pelayo. Es el perfecto “discreto”, igualmente dotado para la guerra que para las letras, como Garcilaso y Jorge Manrique. Su auto O fidalgo aprendiz es una divertida sátira sobre el tema de Le bourgeois gentilhomme, de Molière. Su poesía es gongorina, pero su crítica literaria ( v. gr. Hospital das letras ) y su novela picaresca ( v. gr. Relógios falantes y Escritório avarento ) están entre las obras más importantes de su tiempo. En el Hospital das Letras hace un estudio crítico de las tradiciones de las literaturas portuguesa y castellana, en el que conjuga el análisis de obras concretas con la exposición de principios estéticos. Sus cartas son también muy interesantes: Cartas familiares. El gran Eça de Queiroz escribirá las suyas con el mismo título en homenaje a Francisco Manuel de Melo. Su misoginia le hizo escribir Carta de guía de casados. Su gran obra histórica fue Historia de la Guerra entre Felipe IV y Cataluña, en la que él mismo participó, y que firmó con el pseudónimo “Clemente Libertino”, y que dedicó al Pontífice Inocencio X. Está escrita con una prosa llena de fuerza descriptiva en la que pinta lo que él mismo vio como testigo de los hechos. Es imparcial, describiendo los abusos del despotismo gubernamental y, a la vez, denunciando los muchos crímenes sanguinarios de la anarquía independentista. Aún las escuelas militares usan dos de sus libros, Política general, en avisos de Generales y Aula política, curia militar. Como militar él mismo se siente responsable en algunos acontecimientos peninsulares de su tiempo. También escribió Epanáforas de vária historia portuguesa, que es una miscelánea que contiene cinco investigaciones históricas, en la que se incluye un interesantísimo informe de la misión que le encomendó el Conde-Duque de Olivares, reducir una revuelta popular en Villaviciosa contra los excesivos impuestos de la corona española de manera incruenta. En muchos momentos su prosa nos recuerda a Tácito, por su sentencioso laconismo y elipsis.