Opinión

Los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 13 de febrero de 2021

En estos tiempos duros convendría a más de uno recordar esta parábola que recoge el Evangelio de San Mateo y en la que Jesús cuenta una historia hecha de elementos de la vida diaria de la gente, pues cuenta la situación social de su tiempo, en la que todos se reconocían. Una situación que se puede trasladar también a los días que vivimos, donde en este país de listos, muchos de todos los estamentos son capaces de saltarse cualquier norma para un fin favorable para ellos.

Todos somos semejantes ante Dios, nuestro Padre y para un padre todos los hijos son iguales. Eso es por lo menos lo que se desprende de esta magnífica lección que recoge Mateo en la famosa parábola de los denarios, que hoy podríamos trasladar al tema de las vacunas y la falta de respeto, sí de respeto y de consideración, que nos han demostrado estos días distintas personalidades de todos los ámbitos de nuestra sociedad, incluido el eclesiástico, que haciendo uso de su posición se han colocado en primera fila para recibir la vacuna contra el Covid-19.

La situación es grave y ya estamos hartos de la picaresca que, insisto, en este tema han disfrutado algunos, por eso mi aplauso a Luís Argüello, secretario general de la Conferencia Episcopal Española, que ante esta “situación”, ha declarado que “ la Iglesia española abre sus templos, o sus instalaciones, si se necesitan, a los procesos de vacunación masivos que, se espera, puedan comenzar en las próximas semanas”. Una iniciativa recogida por varios prelados, como los arzobispos de Madrid y de Toledo que “ya se han mostrado dispuestos a que la Iglesia siga siendo un factor de cohesión en estos difíciles tiempos del coronavirus”.

Es tiempo de colaboración y de ponerse las pilas. Todos. Absolutamente todos y denunciar a aquellos que se saltan las más elementales normas de convivencia. Esos que se olvidan que “los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”. Aquellos a los que un compañero de profesión ha llamado “vacunajetas”-