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Abierto de Australia. Muguruza luce pero encuentra su límite en la potencia de Osaka

OCTAVOS DE FINAL

M. Jones | Domingo 14 de febrero de 2021
La jugadora española compitió con agonía pero desperdició dos bolas de partido.

El Abierto de Australia inauguró este domingo su jornada de octavos de final con un partido de altura. De hecho, bien podría tratarse de la final del torneo aussie. Se medían la tercera favorita, Naomi Osaka, contra la decimocuarta cabeza de serie, Garbiñe Muguruza. En resumen, se iba a ver en la Rod Laver Arena una batalla entre múltiples campeonas de Grand Slams. La española triunfó en Ronald Garros (2016) y Wimbledon (2017), mientras que la nipona hizo lo propio en Melbourne (2019) y en el Abierto de Estados Unidos (2018 y 2020).

La caraqueña, de 27 años, venía con buenas sensaciones. No había cedido un set en las tres primeras rondas y en ese lapso sólo había perdido 10 juegos. El envés de esa inercia se localizaba en el rango de sus rivales (Margarita Gasparián, Liudmila Samsónova y Zarina Dias). La lucha contra la otrora número uno de la WTA (que había doblegado a Anastasía Pavliuchénkova, a la 27º, Ons Jabeur, y a Caroline Garcia) se pronosticaba compleja, como no podía ser de otro modo.

Muguruza hubo de ejercer de aspirante frente al favoritismo de la japonesa. Y se remangó para aguantar los cañonazos que le venían del otro lado de la red y para cuidar, con afán riguroso, de sus series de saque. Los augurios o tardarían en confirmarse y la igualdad, en una intensidad sobresaliente, gobernaría. Así que se definiría en detalles la inercia. Y la primera en cazar algo fue la española. Con 5-4 en el marcador asestó un break que le condujo a apuntarse la primera manga (6-4).

Osaka había alcanzado los 195 kilómetros por hora con su servicio, mas su lenguaje corporal hablaría de cierto desquicie. Su flujo de golpes ganadores se había mantenido, pero no el de errores no forzados -que se disparó-. Asimismo, su oponente competía con un mejor ratio de primeros saques. Por ende, se concentró, aunque se topara con una rotura a las primeras de cambio en el segundo set. Se puso 2-0 Garbiñe, en lo que aparentaba una autopista hacia el triunfo anhelado. Nada más lejos de lo vivido.

La asiática tiró de garra y de mentalidad dura. También ajustó su plan de juego y buscó las cosquillas de su contrincante con golpeos que caían bajos. La diferencia de altura y de potencia se notaría. Jugaría Naomi en modo supervivencia en el Melbourne Park y, ahí, con toda la presión sobre sus hombros, alcanzó su tenis atronador. Remontaría y todavía encajaría otro break a la caraqueña, para autografiar un 4-6 que igualaba el evento y pintaba un desenlace épico en el tercer y definitivo parcial.

Las jugadoras tomarían aire y entraron al abordaje del billete hacia los cuartos de final. Se aferrarían a poner el candado a sus servicios y con esa mecánica se arribaría al 2-2 comprimido. A esa altura, la española escudriñó la manera de arañar un punto de inflexión y cosechó un break para ponerse con 4-3. Estaba jugando en su versión triunfal: salvó una rotura con tres saques directos y se fue hasta el 5-3 con un golpeo maravilloso de revés paralelo, en escorzo. En cambio, las dudas y el cansancio se mezclarían en su mente.

Llegó a la orilla de la sentencia Garbiñe. Se estableció como un muro al resto, apocó los latigazos de Osaka y se colocó con un 15-40. O lo que es lo mismo, se descubrió con dos pelotas de partido y de acceso a la siguiente ronda. Mas, no lo aprovechó. La japonesa volvió a brillar en el momento decisivo para sacarse un ace. Y la española cometería un error no forzado, al límite de sus fuerzas. Remó, más entera, Naomi para salvar los muebles y para remontar, apuntarse una rotura 'in extremis' y sentenciar (5-7). Tras casi dos horas de esfuerzo, confesó que "no sabía qué esperar porque nunca nos habíamos enfrentado, pero ha sido muy duro". En cuartos le espera la taiwanesa Su-Wei Hsieh -sorpresa del campeonato, que dejado en la cuneta por la vía rápida a la 8ª, Bianca Andreescu, y a la 19ª, Markéta Vondroušová-.

Muguruza hizo las maletas y balance de unas semanas en Melbourne en las que ha ganado siete partidos y ha perdido dos -el de este fin de semana y ante la número 1 de la WTA, la local Ashleigh Barty-. "Al final ella ha jugado muy bien pero sí que podría haber dominado más ese juego. La sensación es muy buena tras estas dos semanas. He jugado muy bien y al final estás jugando con las mejores jugadoras del mundo", resumió, decepcionada por no poder repetir la comparecencia en la final del Grand Slam australiano (lo hizo en 2020).

"Ahora tengo la intención de disputar los torneos de Dubai y Doha de la gira de Medio Oriente. Aunque la situación de incertidumbre me impide mirar más allá", sentenció. Y se despidió dando las gracias sinceras a la organización del torneo y al Gobierno del estado de Victoria por haber implementado unas estrictas medidas que le han permitido llevar a cabo "una vida normal" después de la cuarentena. Pese a esta ilustre derrota, su horizonte se ha despejado de cara a la temporada que acaba de comenzar.

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