Real Madrid y Barça se midieron este domingo en la final de la Copa del Rey de baloncesto por decimonovena ocasión (la séptima vez en los últimos once años). El WiZink Center acogió un encontronazo entre los merengues -líderes de la ACB con una sola derrota- y los azulgranas -punteros en la Euroliga-. Un capítulo más de una rivalidad ancestral y que siempre encuentra cuentas pendientes frescas. En este caso, los visitantes todavía aguardaban la oportunidad de vengarse de su pasada campaña -vacía de entorchados-.
Pablo Laso hubo de lidiar con las bajas de Rudy Fernández, Anthony Randolph y de Taylor Jeffery. Tras ausencias sobresalientes que provocaron una reducción de la rotación que multiplicaría el cansancio de sus subordinados. Šarūnas Jasikevičius, en su caso, no pudo contar con Víctor Claver. Pero sí gozó de la inercia de un equipo tendente a la cohesión y a la convicción en el esfuerzo y el rigor corales. Fundamentos que acabarían por condicionar el desarrollo del partido decisivo del torneo copero.
Arrancó el Madrid susurrando entonación. Alberto Abalde asomó con clarividencia, mas no pasaría de constituir un amago. Y es que los culès tardaron poco en imponer una tensión competitiva y derroche energético que exigirían excelencia a los capitalinos. Nikola Mirotic se desperezó con celeridad, para abrir las primeras brechas. Y, de inmediato, se elevaría el muro característico del técnico lituano. La defensa del perímetro y al poste torturaría a unos tiradores madridistas desatinados. El primer cuarto concluyó con un 11-20 descriptivo. Un parcial de 14-0 provocó la escapada del favorito.
Sergio Llull y compañía sólo habían embocado tres canastas de dos puntos (pírrico 33%) y uno de siete triples (escueto 14%). Además, perdieron la guerra por el rebote. Se repetía la obligación de remontar que ya sufrieron en las semis contra el Tenerife. Pero a otra escala. Se remangaron y arrancaron un 5-0 de salida. Y la reacción se quedó congelada ahí, presa de una asimetría de ritmo explícita entre los contendientes. Seguían negados de cara al aro ajeno y los barceloneses se mantenían, consistentes, en un acierto abanderado por Cory Higgins. El rodillo se traduciría en un 31-52 al descanso. Laso movió las piezas pero no localizó soluciones: encajó 32 puntos en el segundo cuarto.
Y en la reanudación Higgins abrió boca con un 2+1. La que bien podría resultar sentencia psicológica para un conjunto merengue en estado de urgencia e impotencia en ataque. Sí mejoraron y ajustaron en el achique, la primera piedra para equilibrar la relación de fuerzas. Sumaron algún que otro robo y Walter Tavares y Llull comenzaron a funcionar. Redujeron la desventaja a 16 puntos en ese esfuerzo. En cambio, Álex Abrines dañaría desde la línea de tres, anestesiando de manera periódica. El orgullo local todavía apretaría el electrónico (50-63, min 28), mas los 10 minutos postreros se afrontarían desde un 50-69 con aspecto definitivo.
Llull y Caseur habían dado un poco de luz desde el triple. Puro espejismo. El cuarto periodo se desarrollaría en un intercambio de golpes en el que las defensas aflojaron. Con el reloj quemando tiempo, siempre a favor de un Barcelona que navegaba con comodidad. Llegaron los madrileños a quedar a 11 puntos, un mero maquillaje que no se completaría. No tuvieron sus estiletes la fecha más brillante y la solidez azulgrana cantaría victoria. Mirotic y Jasikevičius (como preparador) sumaron su primer título en Can Barça, alimentaron su confianza y sembraron dudas en la palpable inferioridad capitalina.
- Ficha técnica:
73 - Real Madrid (11+20+19+23): Llull (8), Causeur (5), Abalde (15), Deck (9) y Thompkins (8) -cinco inicial-, Carroll (-), Tyus (-), Laprovittola (-), Tavares (17), Reyes (2), Garuba (-) y Alocén (9).
88 - Barça (20+32+17+19): Calathes (12), Higgins (20), Hanga (3), Mirotic (12) y Pustovyi (2) -cinco inicial-, Oriola (2), Abrines (8), Davies (10), Westermann (-), Bolmaro (-), Smits (13), y Kuric (6).
Árbitros: Daniel Hierrezuelo, Carlos Peruga y Antonio Conde. Sin eliminados
Incidencias: final de la Copa del Rey 2020-2021 disputada a puerta cerrada por la pandemia en el WiZink Center de Madrid.