Opinión

El sorpasso de Chequia y la batuta de Draghi

TRIBUNA

Eugenio Nasarre | Lunes 15 de febrero de 2021

Dos hechos de los últimos días deberían merecer nuestra atención. Los dos constituyen una alerta para España. Podrían ayudarnos a despertar de nuestro ensimismamiento y de las querellas estériles en que estamos inmersos.

El primero es el sorpasso de Chequia a España en renta per cápita, según comunica Eurostat. Pero, ojo, son datos que se refieren a 2019, antes de la pandemia. Con los de ahora el sorpasso sería más amplio, ya que la crisis económica ha azotado con mayor virulencia a España. Nos conviene ver, con alguna perspectiva, lo que nos ha pasado.

En 1998, cuando se decide el nacimiento del euro, la renta per cápita de los españoles era el 80 por 100 de la media de los 15 Estados integrantes entonces de la Unión Europea. España vivía unos años de intenso crecimiento económico, con reformas modernizadoras, que le hizo escalar diez puntos en convergencia. En 2004, cuando se acuerda la incorporación a la UE de los diez Estados del Este europeo, la renta per cápita de los españoles era ya el 90 por 100 de la media europea de los Quince.

En 2008, cuando estalla la gran crisis financiera de Lehman Brothers, la renta per cápita de España alcanzaba el 102 por 100 de la media europea, como consecuencia del efecto estadístico de la incorporación de los nuevos diez países, con rentas notoriamente inferiores a la de los Quince. Chequia tenía una renta per cápita del 86 por 100 de la media europea, 16 puntos inferior a la española. Y la de Polonia era el 56 por 100 de la media europea, 46 puntos inferior a la española.

Pero a partir de 2008 las cosas se empezaron a torcer en España. La pésima gestión de la crisis económica nos hizo retroceder 11 puntos en convergencia en tan sólo cuatro años. En 2012 la renta per cápita de los españoles había bajado al 91 por 100 de la media de la Unión. Y esa misma cifra es la que mantenemos en 2019. Nos hemos quedado en un peligroso estancamiento, mientras otros países progresaban. Chequia subía 7 puntos y Polonia 17. Los 46 puntos que nos separaban de Polonia en 2008 se han quedado reducidos a 18. Y Chequia nos ha superado. Pero si nos comparamos con la economía más fuerte de la UE, los datos son estremecedores. En 2009 la renta media de los españoles era el 76 por 100 de la de los alemanes. En 2020 ha bajado al 59 por 100.

Las perspectivas a corto plazo no son nada halagüeñas. En el año 2020 la caída del PIB español ha sido la más fuerte de la Unión Europea: el 11 por 100 frente al 6,4 por 100 en el conjunto de la Unión Europea. Y nadie vaticina que España recupere el nivel de PIB previo a la pandemia antes de 2023. Es muy probable que nuestra renta per cápita descienda a menos del 90 por 100 de la media europea. Tres lustros perdidos económicamente y un declive nacional incontestable, que contrasta vivamente con los tres lustros precedentes de dinamismo y crecimiento. Aquel impulso modernizador, iniciado en la mitad de los años 90, ha quedado sencillamente desbaratado. Pero no debemos olvidar tal contraste, porque demuestra que España es capaz de estar en la vanguardia del crecimiento, con tal de que se adopten las medidas y reformas indispensables.

Tampoco a Italia le han ido bien las cosas. Como sabemos, atraviesa un largo período de estancamiento económico. Si en 2008 todavía su renta per cápita era el 108 por 100 de la media europea de los 27, en 2019 ha descendido 12 puntos, hasta el 96 por 100. Los sucesivos gobiernos han sido incapaces de adoptar las políticas imprescindibles para remediar los desequilibrios que padece desde hace tiempo la economía italiana. Hay una subyacente crisis política como consecuencia de que la desaparición de los partidos tradicionales en la primera mitad de los años noventa no ha sido remplazada por partidos sólidos, capaces de representar y articular el pluralismo de la sociedad italiana. Es más fácil destruir que construir. El electorado italiano, sumido en la perplejidad, ha dado bandazos y los populismos han encontrado el terreno abonado para hacerse presentes.

Pero Italia tiene un sexto sentido de supervivencia. Ahora sabe que los 200.000 millones de euros de los fondos europeos constituyen una oportunidad para enderezar al país. Y sabe, también, que el relanzamiento económico depende más que nunca de Europa. En una hábil operación del presidente Mattarella, una crisis que parecía surrealista, se ha convertido en un posible camino de “salvación nacional”. ¿Cómo? Acudiendo a la persona con más auctoritas que cuenta Italia; no sólo Italia, sino el conjunto de la Unión Europea, “Supermario”, el salvador del euro. Draghi se va a sentar ahora en el Consejo Europeo, junto a Merkel, Macron… y los demás. Y va a ser una voz que será escuchada. Italia vuelve al núcleo duro de la UE. Recupera la confianza de las instituciones y de los mercados. Se pueden vaticinar los beneficios que ello le reportará, contando, además, con las medidas que impulse el programa de Draghi.

España, sin embargo, afronta la gestión de la pandemia y postpandemia con un gobierno socialista-comunista, extravagante en el contexto europeo. Es un gobierno que sigue empeñado en impulsar su programa radical y que es cómplice de la hoja de ruta desestabilizadora y lesiva a los intereses de España de Iglesias y sus secuaces. La pérdida de peso y de influencia de España en el seno de la Unión está cantada. Sánchez, desde luego, no es Draghi. ¿Un camino hacia el declive y la irrelevancia? ¿Hasta cuándo?