Y que tallen otros. Pedro Sánchez paga lo que es necesario, pero también todos los inventos para robustecerse electoralmente, a base de endeudar a España y legar a los que le sucedan una situación económica crítica. En el año 2020, como anticipé hace unas semanas y confirma ahora el Banco de España, la deuda pública superó con creces el billón de euros, aproximándose ya al billón y medio, cantidad astronómica que las próximas generaciones deberán devolver con sus intereses correspondientes. Pedro Sánchez se ha empinado sobre el Producto Interior Bruto. La deuda supera al PIB en una cantidad equivalente al 117%
Es verdad que la pandemia Covid-19 ha influido en la catástrofe, sobre todo, por lo mal que ha sido gestionada por Salvador Illa. Pero una parte sustancial de esa deuda asfixiante se ha generado porque, en lugar de reducir el gasto público, el Gobierno sanchista se ha dedicado al despilfarro y la suntuosidad, desde la multiplicación de los altos cargos hasta la demagogia de una serie de dispendios sociales, algunos necesarios, y otros utópicos.
En medio de la agitación, a veces violenta, de la vida pública a cargo de los antisistema; en medio de la acongojante crecida de la burla a la ley; en medio del ataque constante a las instituciones democráticas, la desquiciada política económica contribuye a que España se acerque cada semana un poco más al precipicio de la descomposición histórica.
No se trata de alarmismos estériles. Se trata de poner los pies en la realidad para que la opinión pública adquiera conciencia de la precariedad económica de España y de los horizontes emborrascados que amenazan con la gran tempestad.