Opinión

No son como nosotros

TRIBUNA

Jesús Romero-Trillo | Jueves 18 de febrero de 2021

La consabida frase “No son como nosotros” es el principal argumento del libro de Philippe Legrain titulado “Them and Us: How immigrants and locals can thrive together” (“Ellos y nosotros: cómo pueden los inmigrantes y los nativos prosperar juntos”). La obra describe con soltura diversas anécdotas que ilustran este comentario tan habitual sobre los inmigrantes que suele significar: “nosotros somos mejores”.

El fenómeno de la migración es connatural a la historia de la humanidad. Sin embargo, no hay integración plena en la sociedad de acogida sin el conocimiento de la lengua y la cultura, lo que en algunos países es además un requisito indispensable para obtener la ciudadanía.

La dificultad en la integración radica muchas veces en las situaciones de precariedad existencial que dificultan el aprendizaje de una nueva lengua. Además, el aprendizaje es mucho más satisfactorio al inicio, aunque también las dificultades de adaptación a la sociedad de acogida son mayores. No aprender correctamente la lengua y no conocer en profundidad la cultura de la sociedad de acogida tiene consecuencias.

Una de las circunstancias que sin duda afectan negativamente en el aprendizaje es carecer de permiso de residencia legal. Este es un problema que afecta a millones de inmigrantes en todo el mundo quienes, incluso tras muchos años en un país, siguen en situación de irregularidad. Un ejemplo paradigmático de esta situación es Estados Unidos, donde hace 20 años se comenzó el itinerario hacia la regularización con la llamada “Dream Act”, que evoca el mito del “sueño americano”. De hecho, a estos inmigrantes en espera de regularización se les conoce como los “Dreamers” (soñadores).

El “Pew Research Centre” calcula que en 2018 el número total de inmigrantes en situación irregular en Estados Unidos era de 10,5 millones, de un total de 44,8 millones de inmigrantes. La situación actual es desesperante para muchas familias, como en los miles de casos en que los progenitores son irregulares mientras que los hijos tienen una situación legal al haber nacido en el país. Una de las consecuencias inmediatas de esta anomalía legal es que únicamente el 53,2% del total de inmigrantes en Estados Unidos es capaz de comunicarse con suficiente competencia en inglés.

En el caso de España, un reciente estudio de la Universidad Carlos III calcula que a finales de 2019 el número de inmigrantes en situación irregular estaba entre 390.000 y 470.000 personas. A esta circunstancia hay que añadir la creciente denegación de las solicitudes de de asilo y refugio en España. Según datos del Ministerio del Interior, en 2019 se formalizaron 119.264 solicitudes de protección internacional, y solo se concedió un 5%, mientras que en 2018 se había concedido el estatuto de refugiado o de protección subsidiaria al 26% de los solicitantes. Es decir, la mayor parte de los solicitantes queda fuera del sistema de acogida y previsiblemente la mayoría de ellos permanecerán en España en situación irregular.

Según el mismo estudio de la Universidad Carlos III, la inmensa mayoría de los inmigrantes sin permiso de residencia legal trabaja sin ningún tipo de derecho en labores domésticas, de hostelería o de construcción. Afirma el estudio que si fueran regularizados el impacto fiscal superaría con seguridad a los gastos originados en educación, sanidad etc…, lo que además contribuiría a neutralizar el argumento de que los inmigrantes se benefician del sistema sin aportar nada a cambio. No hay de olvidar que en los últimos 35 años España ha sido capaz de regularizar al menos a 1.350.000 inmigrantes, lo que ha sido fundamental para el desarrollo económico del país.

Creo que es hora de plantear una nueva regularización de la inmigración. Usando el título del último libro de Amin Maalouf, ya hay muchos inmigrantes que son “nuestros inesperados hermanos”. Han venido para quedarse porque sueñan con un futuro mejor. Son como nosotros.