Opinión

Echenique imita a Trump mejor que nadie

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 21 de febrero de 2021

En los años 70 y 80, un raterillo apodado El Lute alcanzó la fama por su pericia para fugarse. En una ocasión, se escapó al tirarse de un tren en marcha cuando iba escoltado por una pareja de la guardia civil y más tarde huyó de la cárcel del Puerto de Santa María. Había atracado en joyerías y tiendas, pero fue acusado injustamente de asesinar a un guardia de seguridad. Se convirtió en el enemigo público número 1, en el hombre más buscado por las fuerzas de seguridad. Sus peripecias para escapar de la Justicia copaban las portadas de los periódicos de la época. Ahora es abogado, carrera que estudió en la Universidad a distancia durante su encarcelamiento.

El Lute tenía una biografía plagada de pequeñas fechorías, de huidas épicas que conseguía con astucia y valentía. Sin duda, era un ladronzuelo, un “quinqui” y por ello pasó años encarcelado.

Ahora, sin embargo, un tal Pablo Hasel, un mediocre rapero condenado por agresiones y amenazas, además de por sus mensajes de odio en las redes sociales y en sus insoportables canciones, se ha convertido en el foco de atención de la vida política y de los medios de comunicación. No por sus méritos, de los que carece. Sino porque algunos políticos le utilizan para atacar la democracia española y al propio Estado de Derecho. Porque algunos políticos mienten al utilizar su nombre como estandarte de la libertad de expresión y lanzan a los profesionales de las algaradas a incendiar las ciudades para desestabilizar el sistema democrático.

Hasel está en la cárcel porque es un delincuente. Fue condenado en 2020 por un delito de lesiones y coacciones al agredir a un periodista en la Universidad de Lérida. Empujó, insultó y roció con un líquido tóxico al informador. También en junio de 2020 fue condenado a dos años y medio de cárcel por agredir a un hombre que fue testigo en un juicio. Y la Audiencia Nacional le sentenció a pasar otros dos años de prisión por enaltecimiento del terrorismo. La sentencia de su última condena, por injurias al Rey y por enaltecimiento del terrorismo, fue de 9 meses; una pena que no hubiera cumplido si no tuviera la biografía de un delincuente con múltiples antecedentes. Mienten los que dicen que está en prisión por la falta de libertad de expresión en España.

El Lute atracó joyerías y tiendas y pasó años en prisión por sus fechorías sin que nadie protestara. Ahora, un delincuente agresivo y arrogante se ha hecho famoso porque unos políticos agresivos y arrogantes quieren asaltar el poder mediante una revolución artificial. Mediante el terrorismo callejero de unos pocos, tan analfabetos como Hasel, que desconocen el motivo de su protesta, que desconocen en qué consiste la libertad de expresión y que nunca habían oído el nombre del insoportable rapero. Pero disfrutan asaltando tiendas, incendiando el mobiliario urbano de Madrid y Barcelona, lanzando piedras a la Policía y aterrorizando a los ciudadanos. Son unos pobres títeres manejados por unos políticos sin vergüenza. Unos políticos que, son más perjudiciales para los ciudadanos que los propios delincuentes. Trump mandó a las hordas a tomar el Capitolio, se libró por los pelos de ser imputado y ahora está desaparecido y humillado. Echenique animó a “los antifascistas” a incendiar la democracia y sigue mintiendo sobre los motivos del encarcelamiento de Hasel. El portavoz de Podemos imita como nadie las bravuconadas fascistas del ex presidente norteamericano. Seguro que el día que pierda el puesto convocará a sus secuaces a tomar el Congreso de los Diputados.