Gracias grandísimo Gabriel.
Amigos, hemos perdido el humor. Y la culpa no la tiene la peste, que nos ha tocado, pues el humor español brota, precísamente, en tiempos difíciles. “Cuando el español canta o está jodido o poco le falta”.
Acordaos de La Codorniz, la gran revista de humor, que nos hizo sonreír, a los que estábamos, por aquí, en aquellos duros tiempos (1941 a 1978). Y de El Hermano Lobo. Sí, sí, amigos, en pura época franquista.
Las dos revistas se nutrieron del talento de grandes intelectuales que, generosamente, salieron de su torre de marfil y se remangaron para señalarnos, los problemas que teníamos que solucionar y levantarnos la moral, que falta hacía, sorteando, astuta y arriesgadamente, la censura (“Se la tirará o no se la tirará”).
El talento español, como el inglés, no ha menospreciado, nunca, el humor y en él se han volcado grandes literatos de todos los tiempos: Cervantes, “El Lazarillo”, Quevedo, etc... y luego Fernández Flórez, Jardiel Poncela, Arniches, Cela, Mihura, Muñoz Seca y muchos etc... y los de La Codorniz: De La Iglesia, Chumy, Mingote, Tono, Azcona, Forges, Ussia e infinitos etc.... al que habría que añadir otros tantos infinitos humoristas que han alegrado nuestra vida: Gila, Tip y Coll, Martes y Trece, Eugenio, El Chiquito y... la mitad de los españoles.
Ojalá, nuestros talentos hicieran lo mismo ahora. Aunque quizá no quedan intelectuales, o no los reconocemos, o no les damos cancha o... no se remangan. Pues, amigos, estamos en lo más profundo de la mediocridad y... seguimos cavando. Solo nos queda ya, como humor auténtico que salga de las tripas el, de estar de vuelta, de las Murgas de Cádiz.
Como penoso sucedáneo tenemos lo que se llama “El club de la comedia” que consiste en que unos “actores” amorfos, que se pretenden humoristas, recitan, cansinamente, monólogos prefabricados en serie, jaleados por risas, que recuerdan las enlatadas que acompañan a algunas series, de personas, totalmente predispuestas, después de haber cenado. Triste remedo.
No soy una persona pesimista, a no ser que pretender ser realista lo parezca, pero lo que estamos viendo ahora es ocultarse el sol del humor entre negros nubarrones. No es un buen augurio.
Hasta hemos visto desaparecer el último rayo de ese sol que en raras ocasiones calienta el frío corazoncito de la política española. Me refiero al humor, en este caso gallego, de ese extraño y elegante personaje, Mariano Rajoy, que ha dejado un hueco enorme, aunque no se quiera reconocer. Él hacía desaparecer los torpes “chubascos dispersos” parlamentarios que ahora nos están calando hasta los huesos.
En España no se retira a ningún Presidente sin su correspondiente puñal en la espalda y Rajoy llevaba, también, el suyo. Se le ha acusado, cómo no, de haber causado todos los males y problemas que tiene su partido y España; pero fijaos cómo será de grande la admiración que se siente por él y la confianza en su poderío que todo el mundo le creía con la obligación y capacidad de solucionar todos los problemas... que crearon y le dejaron sus predecesores. Y me refiero a lo de la economía, el separatismo, la corrupción y la irresponsabilidad. Bastante milagro hizo con detener, por un tiempo, el curso del torrente.
Ya veis, amigos, que nada se arregló después por los que sí sabían como había que hacerlo y que ya veremos a dónde nos llevan.
Otra vez se nos ha cortado la leche, la “mala leche”. Ni una palabra amable, ni un rasgo de ingenio, ni un discurso medianamente bien construido, por políticos de una mediocridad inverosímil, adanes que no respetan lo que otros construyeron, un periodo bien fructífero, que quieren echar abajo, sin proponer una sola idea constructiva y de futuro que traigan debajo de la boina.
Otra vez ganan los “listos” que destruyen, a los “tontos” que construyen. Las cigarras a las hormigas.