PARAGUAY
Miércoles 03 de septiembre de 2008
En declaraciones a la radio Primero de Marzo, el ex antecesor de Lugo mostró su sorpresa por las declaraciones de Lugo el día anterior y comentó que “solamente puedo entender que le engañaron porque hay grupos cercanos al presidente que al viejo estilo de las tiranías latinoamericanas inventan una historia de un golpe o de conspiración para preparar el camino de la represión”. Duarte afirmó que en el entorno presidencial hay grupos que “no tienen otra manera de afianzarse que inventado cosas, imaginando golpes y sabotajes”.
El blanco de las críticas de Duarte fue, en concreto, el General Máximo Díaz Cáceres, enlace entre el Congreso y el Ejército, que supuestamente fue invitado a la reunión del domingo en la que Duarte, el general retirado Lino Oviedo y otros altos cargos le consultaron sobre “el parecer de las Fuerzas Armadas” ante la crisis institucional creada por el juramento del ex presidente como Senador. “Cómo se podría preparar –se preguntó- un plan golpista con un general que ni siquiera está en la cadena de mando y que creo que cumple funciones de relacionista”.
En esta línea, Duarte calificó a Díaz Cáceres de “taimado y errático” y reveló que en 2004 no lo pasó al retiro por pedido de los senadores ahora oficialistas Miguel Abdón Saguier y Carlos Filizzola. De igual manera se pronunció Oviedo, que aseguró que Díaz Cáceres le pidió recientemente que intercediera en su ascenso.
Sea como sea, lo cierto es que 20 días después de su ascenso a la presidencia, los enanos le crecen por todas partes a Fernando Lugo y Paraguay camina hacia una crisis de gobernabilidad. Estaba claro que 60 años de hegemonía colorada no iban a dejar un camino fácil para el ex obispo de izquierdas, a quien sus enemigos ven como un nuevo aliado de la América bolivariana de Hugo Chávez. El gran protagonismo del presidente venezolano durante la investidura de Lugo no ayudó a desmentir esta opinión.
A los obstáculos que le pone el Partido Colorado, aún mayoría en el Congreso, Lugo ha de sumar la dificultad de manejar la complicada amalgama de sensibilidades sobre la que se asienta la Alianza Patriota por el Cambio, partido que le llevó al poder. Su mismo vicepresidente, Federico Franco, más cercano a la derecha –se declara admirador de Aznar- ya ha mostrado su enfado por no haber sido incluido en el diseño del equipo de gobierno, por lo que promete una investidura movida y nada tranquila. Muchos son, en fin, los frentes abiertos de Lugo, en una misión que se antoja complicadísima: traer el auténtico cambio a Paraguay.
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