Opinión

La declaración de Bratislava

Paula Márquez | Jueves 31 de enero de 2008
Uno de los desafíos más importantes a los que se enfrentan los Sistemas Nacionales de Salud de la Unión Europea es la integración social de los colectivos migratorios y el respeto a sus derechos: los factores que contribuyen a estos desplazamientos, pobreza, guerras, cambio climático, desequilibrios sociales, no parecen haber disminuido con la llegada del nuevo milenio y Europa se enfrenta a la ardua e importante tarea de coordinar el desarrollo de una sanidad competente para asegurar que no se afecta negativamente la salud de los inmigrantes ni tampoco la de la población autóctona de los países que los acogen.

La migración es por sí misma un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedad física y/o mental, acrecentado por las barreras culturales, lingüísticas y socioculturales tanto de los inmigrantes como de los profesionales sanitarios que deben atenderlos. En este sentido, los Ministros de Sanidad de los países miembros del Consejo de Europa se reunieron en Bratislava el 23 de noviembre de 2007 y firmaron de forma conjunta esta Declaración sobre la salud, los derechos humanos y la migración comprometiéndose a fortalecer la dimensión de la salud en todos los programas del Consejo de Europa.

En este esfuerzo de solidaridad para la sanidad europea es imprescindible contar con el respaldo de todos los instrumentos legales que salvaguardan el derecho a la salud, actuando como importante catalizador el derecho y el acceso a la información: información para la salud y educación para la salud. Ambos conceptos forman parte del contenido de esta sección que desde el rincón saludable envío a mis lectores y que ampliaré en las próxima semanas.

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