La presente edición de la Tirreno-Adriático ha congregado a algunos de los ciclistas jóvenes llamados a dominar este deporte en el próximo lustro. Tres de ellos se vieron las caras, en un cuerpeo maravilloso, en la quinta etapa desarrollad este domingo entre Castellalto y Castelfidardo. En un trazado de 205 kilómetros, salpicado con subidas y bajadas, que comprendía cuarto vueltas a un circuito de 23,6 kilómetros.
La llamada carrera de los "Dos Mares" acogió en esta fecha una exhibición sobresaliente. Un capítulo distinguido de épica ciclista. El protagonista fue Mathieu Van der Poel (Alpecin Fenix). El neerlandés había ganado la tercera etapa, al esprint. Mas seguía hambriento, toda vez que quedó descolgado de la pelea por la clasificación general. Su clase gobernaría la jornada, propulsada por una valentía de otra época.
Van der Poel no se lo pensó y arrancó a 53 kilómetros de la meta. En una maniobra al modo antiguo, el todoterreno neerlandés entró en ignición cuando más apretaba la fuerte tormenta que le cayó al pelotón. Su cambio de ritmo, inabarcable para el resto de estrellas incipientes, desafiaría a todos los gallos. Y el líder de la prueba y vigente campeón del Tour de Francia aguantó hasta que quedaban 17 kilómetros. En esa altura atacó y se fue.
Tadej Pogacar (UAE Team Emirates) se apuntó al derroche heroico y fue en persecución del cabeza de carrera. De paso, pensando en la próxima contrarreloj que podría decidir el podio definitivo, quiso dar un golpe certero a sus rivales. Se despegó del gran grupo, que quedó fracturado en una lucha por la supervivencia solitaria de los mejores. Nairo Quintana, Mikel Landa o Egan Bernal sollozarían, en el rol de secundarios.
Sólo se acercó algo el orgulloso superclase llamado Wout van Aert (Jumbo-Visma). El belga, segundo en la general, se destacó a la caza de la perla eslovena. Mas no lograría su propósito y perdería 49 segundos en meta, llegando completamente agotado. Por delante, Van der Poel había marcado tres minutos de margen con Pogacar en la última de las ascensiones al muro de Castelfiardo (15%) y vio cómo su ventaja se reducía a la mitad con sólo diez kilómetros por recorrer.
El desenlace elevó la temperatura hasta el techo. Se detonó un cara a cara agónico, excelso en la capacidad de sufrimiento y la determinación. El neerlandés guerreaba contra su cansancio para apurar sus opciones de triunfo y llegaría a la orilla, exhausto del todo, con diez segundos de adelanto con respecto al esloveno. Las imágenes de su retorcerse en las rampas más duras que aguardaban en los 2,5 kilómetros postreros quedan para el recuerdo. Con Pogacar acercándose en el horizonte, a su espalda.
Esta oda al ciclismo fue analizada por Van del Poel, toda vez que recuperó el oxígeno, así: "Estaba rodando completamente vacío en los últimos kilómetros. Me dijeron que Pogacar se estaba acercando, pero ni siquiera podía escuchar. Solo quería llegar a la meta lo más rápido que pudiera". El líder de la general, que saca 1.15 a Van Aert, 3.00 a Landa y 3.30 a Bernal, sentenció su análisis con esta reflexión: "La idea no era quitar la etapa a Van der Poel, sino aumentar la ventaja con Van Aert. Pero casi logro atrapar a Van der Poel. Mis elogios son para él. Una vez más hizo una gran etapa y no fue fácil permanecer en cabeza durante tantos kilómetros solo. En esta etapa y con este clima".