Opinión

La galleta

TRIBUNA

Raúl Mayoral | Domingo 14 de marzo de 2021

La explicación a la pueril y rocambolesca actuación de Ciudadanos puede encontrarse en aquella frase que como máxima política acuñara Sir Stafford Cripps, canciller del Tesoro en la Inglaterra de 1949: “No es posible querer guardar una galleta y al mismo tiempo comerla”. No resulta comprensible apuñalar políticamente a tu aliado en Murcia y, simultáneamente, ir con él de la mano como si nada hubiera pasado en Andalucía, Castilla-León o Madrid.

En lugar de seguir con una actitud de vigilancia y desconfianza hacia todo lo que venga de Moncloa, que siempre será mercancía de contrabando, Inés Arrimadas prefirió, dada la excepcionalidad pandémica, probar con la política de la mano tendida. Tras su desesperación ante el fracaso electoral en su mejor plaza, se ha dejado enredar en las telarañas del trapisondismo sanchista. Resultado: la sinrazón disfrazada de argumentos huecos. ¿La corrupción del PP, un argumento? ¿Y la del PSOE no, Doña Inés? Lamentablemente, desde el caso Flick hasta los ERE, pasando por Bárcenas, el Bigotes, el 3% y las irregularidades contables de los comunistas, andamos ya los españoles curados de espanto. Ningún partido es intachable. Ni siquiera con el VAR. Hay y habrá corruptos y corrupcción. Pero siempre será menos dañino que un político meta la mano en la caja, ya se encargarán de él los Tribunales, que acune nuestras libertades, porque ahí las manos de este Gobierno siempre serán resbaladizas, por no decir liberticidas. A esta izquierda cada vez más totalitaria, siempre le ha resbalado la independencia judicial. Con ella en el poder, esa independencia y nuestras libertades duran lo que las rosas: una mañana. No habrá jueces para juzgarlos ni enchironarlos.

El partidismo miope, ingenuo y de visión estrecha de Ciudadanos ha creído durante meses que debía agotarse la posibilidad de un arreglo con un Gobierno socialcomunista habituado a montajes de comedia burda que difícilmente podían tenerse en pie y que siempre ha repudiado el apoyo naranja, prefiriendo a golpistas y terroristas. Arrimadas no ha sabido ver que la resistencia a tiempo puede ser la mejor manera de asegurar el triunfo. Contaba para ello con el aval de sus votantes, ganado y acreditado por su prestigio y realizaciones pasadas. Ahora Ciudadanos, en complicidad con el sanchismo, que es fermento de disolución de España, ha intentado restar poder a una fuerza clave para la defensa del régimen constitucional. ¿Por qué alcantarilla ha desAguado el crédito y la cohesión de un Partido que encandiló a muchos españoles? La pendiente por la que Ciudadanos va deslizándose conduce directamente hacia un terreno movedizo, propicio para trucar valores como libertad y concordia por comodidad y seguridad para sus dirigentes; en suma, bien partidista por encima del bien común.

Tras el inevitable desconcierto, la situación entre dirigentes, militantes y votantes de Ciudadanos es bastante confusa, aunque no tanto que no se perciba claramente ser desagradable, por no decir francamente mala. Vamos, que se han dado una soberana galleta. Y otra más que Ayuso les propinará en Madrid.