Luka Doncic tiene 22 años. Aunque cueste creerlo. Su edad no encuentra coherencia en el modo en que domina la NBA. La perla europea se ha asentado como uno de los referentes de la liga estadounidense por juego, sensaciones y estadística. En sus dos temporadas y media en la élite de este deporte a seducido a sus colegas, a los entrenadores, a los general managers y a los aficionados. Compitiendo con una naturalidad ganadora asombrosa. Cayó de pide tras dejar un Real Madrid campeón de la Euroliga y ha mantenido el rendimiento.
En torno a su figura se han ido multiplicando los highlights y los récords. Su visión de juego, manejo del balón y capacidad para resolver partidos en los instantes finales le han subrayado, granjeándose el respeto del universo baloncestístico norteamericano. Y por el camino ha sembrado un reguero de registros de precocidad que han dejado atrás marcas de nombres como Michael Jordan, Larry Bird, Kobe Bryant, 'Magic' Johnson, LeBron James y un larguísimo etcétera. Los analistas le señalan como un candidato a MVP en potencia.
Pero juega en una franquicia que no está, ni de lejos, en condiciones de batallar por el anillo. El esloveno tuvo que mentalizarse para pasar de los objetivos que conquistó en el Viejo Continente -tocó techo con el club español y con su selección antes de cumplir los 20 años- a tomar partido en un proyecto de reconstrucción sin un horizonte claro. El problema es que han pasado casi tres años y no se ha concebido un desarrollo y evolución que susurren una mejoría palpable del equipo. En el pasado curso cayeron en la primera ronda de los playoffs y en el de su debut firmaron 33 victorias y 49 derrotas, un balance que les dejó fuera de la postemporada.
A estas alturas ya le ha visto las costuras Doncic a su situación. Dentro de su tono respetuoso, no ha logrado contenerse siempre y ha ofrecido síntomas de cansancio mental, recogidos por los medios de comunicación. Mas, jamás ha aflojado en la cancha. Este mismo martes ha perdido con Los Angeles Clippers a pesar de haber sumado 25 puntos, 16 asistencias, 10 rebotes, dos robos, un 9 de 23 en tiros de campo y un 4 de 11 en triples -y siete pérdidas-. Consiguiendo su triple-doble número 34º. En esta fecha ha superado a la leyenda de los Celtics Bob Cousy en la lista histórica de triples-dobles. Quedando a 9 partidos con al menos 10 puntos, rebotes y asistencias de entrar en el Top-10 de siempre en este parámetro. O lo que es lo mismo, una barbaridad.
En cambio, el base no ha festejado nada. Su escuadrón viaja en el octavo puesto de una apretadísima Conferencia Oeste y va a cuerpear por arrancar un escaño en los playoffs con Portland Trail Blazers, San Antonio Spurs, Golden State Warriors, Memphis Grizzlies, New Orleans Pelicans y Oklahoma City Thunder. Les quedan 37 partidos. Una senda que se presume ajustada y asfixiante. Y que no aparenta conducir a nada más que plantar cara a uno de los grandes favoritos al título. Al primero o segundo mejor equipo del Oeste.
Esta madrugada Doncic se ha quejado del arbitraje. Sólo han lanzado cinco tiros libres en todo el minutaje. Así se ha expresado en sala de prensa: "No voy a decir nada. No estoy intentando que me multen. Así han pitado esta noche. Con suerte, lo harán mejor la próxima vez". En enero de 2020 pagó su enfado con la camiseta. La paliza sufrida ante los Lakers -en el segundo cuarto perdían por 22 puntos- le empujó a rajar la prenda a un minuto del intermedio. Y un año antes había realizado el mismo gesto de desesperación. Ocurrió en otra decepción padecida ante los Clippers.
Luka, que fue incluido en el Mejor Quinteto del pasado curso, efectuó este balance cuando hubo terminado la competición. "Hemos perdido muchos partidos que no supimos cerrar. Somos un equipo muy joven y estoy seguro de que esta temporada va a ser mucho mejor que la pasada". Añadió que "hemos sumado a la plantilla piezas importantes. Creo que estos jugadores nos van a ayudar en muchos sentidos", pero se equivocaba. Incluso Kristaps Porzingis, el jugador llamado a ser su escudero para optar a alcanzar la cima, ha defraudado.
Así ha interpretado el entuerto el icónico Shaquille O'Neal: "Creo que los Mavericks necesitan a alguien que sea tan bueno como Luka Doncic, pero incluso un poco mejor. Alguien como Bradley Beal o Russell Westbrook. Que sea otro elemento. Luka puede hacerlo, pero así tienes a otro jugador que te hace 25, 26 o 27 puntos por partido es más fácil". "Porzingis no lo está haciendo", sentenció. En una lectura compartida por multitud de analistas, que entienden que hay una distancia abismal entre la dimensión del esloveno y la de su vestuario.
Así las cosas, el base, que promedia 28.1 puntos, 8.5 rebotes, 9,3 asistencias y un robo por partido, explotó el pasado 30 de enero. Caliente por sucumbir ante los Utah Jazz, verbalizó sus pensamientos de esta manera: "Es terrible. No se puede decir mucho más y nunca he tenido esta sensación. Tenemos que hacer algo porque esto no tiene buena pinta. Tenemos que dar un paso adelante, hablar entre nosotros y jugar mejor. Es, sobre todo, una cuestión de esfuerzo. Ahora mismo parece que nos da todo igual, la verdad".
Días antes, Doncic no escondió su enfado con el entrenador que tanto ha apostado por él como heredero de Dirk Nowitzki en el rol de faro de la franquicia tejana. Rick Carlisle, en un final apretado contra los todopoderosos Milwaukee Bucks, decidió que su mayor talento no participara del tiro decisivo. Trey Burke se la jugó y falló. La pelota fue cazada por los de Dallas y Porzingis envió un lanzamiento desacertado desde nueve metros. Luka no había podido ni intentar algo en ese desenlace. Exigiría explicaciones a su técnico y no disimuló su cabreo, negando con la cabeza de forma airada una y otra vez.
Por último, hay espacio para la autocrítica. Mucho. Cada vez que se le ha comparado con algún mito ya superado en estadística, ha negado la mayor y reclamado perspectiva y calma a los reporteros. Asimismo, se ha fustigado por fallos concretos, después de haberse exhibido, en múltiples ocasiones. Sin embargo, de fondo siempre yace el marco de su mundo en la NBA. Descrito de su boca hace un mes.
"He tenido presión desde que era un niño, desde que jugaba en Madrid. Pero, honestamente, no creo que deba estar en la conversación del MVP este año. ¿Qué somos, el 13º o el 14º clasificado? Por eso lo digo. Sólo espero que podamos jugar de la manera correcta a partir de ahora y poder llegar a los playoffs, porque esa es la clave esta temporada. Para poder ser MVP debes estar en un equipo que esté colocado en los dos primeros puestos de una Conferencia", reflexionó, resignado. Antes de que iniciara el calendario los pronósticos le colocaban como favorito para llevarse ese galardón. Deberá esperar a estar mejor rodeado, como bien dice.