Opinión

El ecumenismo de la vida cotidiana

TRIBUNA

Jesús Romero-Trillo | Jueves 25 de marzo de 2021

La Semana Santa de este año 2021 será diferente otra vez. No habrá procesiones por las calles y por segundo año consecutivo las disposiciones sobre el aforo de los templos y el desarrollo los ritos litúrgicos se verán modificadas por la pandemia. Llega un momento en el que no se sabe si volveremos a retomar las costumbres que parecían inamovibles desde hace siglos. Sin embargo, hay algo en lo que esta Semana Santa seguirá igual: los cristianos no celebrarán el Domingo de Resurrección en la misma fecha: los católicos el Domingo de Resurrección el 4 de abril y los ortodoxos el 2 de mayo, con casi un mes de diferencia.

La Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo de 1910 marcó el comienzo el movimiento ecuménico. Desde entonces se han sucedido numerosos foros donde las autoridades de las diferentes confesiones cristianas se han reunido para dialogar sobre la unidad. Es importante destacar que desde el Concilio Vaticano II se han realizado numerosos avances en el acercamiento de las iglesias, cuya división data de 1054 con el cisma entre la católica y ortodoxa, seguida por la Reforma Protestante de 1517. Desde la promulgación del decreto referente al ecumenismo del Concilio Vaticano II “Unitatis redintegratio” en 1964, la Iglesia Católica ha sido promotora de la unidad y a lo largo de los casi 60 años transcurridos desde entonces se han celebrado numerosos encuentros entre representantes de las distintas iglesias cristianas.

Aunque muchas de las cuestiones que se debaten tienen contenido teológico o doctrinal, hay otras que tienen como trasfondo aspectos geopolíticos, como la división de las iglesias en Ucrania y las tensiones entre el Patriarcado de Moscú y el de Constantinopla. Sin embargo, estas cuestiones revisten poco interés para los fieles de las diferentes confesiones cristianas que viven en el mismo edificio y que llevan a sus hijos a los mismos colegios. Para los cristianos que comparten la vida en nuestras ciudades resulta incomprensible que no se puedan felicitar la Pascua de Resurrección en la misma fecha debido a cuestiones que les resultan cada vez más ajenas.

Hace unas semanas fui a una tienda regentada por unos jóvenes latinoamericanos de confesión evangélica. El televisor del local muestra habitualmente la diversidad cultural que se vive en Madrid: alterna entre las noticias, la música de bachata y reguetón, junto con un canal protestante dedicado la lectura continuada de la Biblia. Es interesante observar que son frecuentes las conversaciones sobre religión entre los dueños de la tienda y los clientes del barrio que son católicos, evangélicos, ortodoxos, musulmanes y, obviamente, no creyentes. Aquel día se escuchaba música católica, a la vez que la conversación giraba sobre los ritos de la Semana Santa en España.

Puede que para que llegue la unidad entre los cristianos no haga falta celebrar congresos ni complejos debates teológicos. Puede que la convivencia en nuestro mundo globalizado sea la clave para el entendimiento entre las iglesias. Puede que la unidad llegue con el ecumenismo de la vida cotidiana. Feliz Semana Santa.