Opinión

El españolito

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Viernes 02 de abril de 2021

“Otro que tal baila”. Aquí tenemos a otro que se dejó arrebatar por la acuciante llamada de la vocación que le arrastró, no solo a la pintura, sino a cambiar de tierra, para siempre, cuando todavía era un mozo. Aunque ya sabemos como las gastaban los mozos, españoles, de entonces.

José Ribera se marchó, de Játiva, sin vacilar, a beber donde las fuentes de la belleza manaban sin cesar, Italia. Pero, como Velázquez, tambien este supo modular esa llamada, procurando que su profesión le produjera bienestar económico, además de prestigio. En cuanto a lo de volver..... Fijaos lo que decía el mozo: “Mi gran deseo es volver a España, pero hombres sabios me han dicho que allí se pierde el respeto a los artistas cuando están presentes, pues España es madre amantísima para los forasteros y madrastra cruel para sus hijos”. El menosprecio de lo propio debe ser defecto de fábrica.

Al final se afincó en Nápoles, que, entonces era un virreinato español, después de haber recorrido, como lo hizo Velázquez, Italia entera, estudiando su pintura. Allí permaneció toda su vida profesional aunque siempre se consideró y lo consideraron español (Lo Spagnoletto).

En ese “viaje de estudio” se encontró con la pintura del genial Caravaggio, que le influyó de forma radical, como le ocurrió, después, a Velázquez, que fue a visitar a Ribera a Nápoles. Tenían mucho de que hablar. Habían sido marcados por el genio de Caravaggio que, a través de ellos, impregnó toda la pintura española de aquella época y... de las siguientes pues, su forma de concebir la pintura y la trascendencia de sus objetivos, encajaba totalmente en el sentir español.

Resulta curioso analizar la proyección de la obra de algunos pintores cuando su vida ha transcurrido, en todo o en parte, fuera del sitio donde nacieron; o sintieron un atractivo por la pintura, de otro pais, que condicionó la suya.

Tenemos este caso curioso de Caravaggio que consiguió una nueva forma de iluminar las figuras de sus cuadros, que dotaba a la escena representada, casi siempre de tema religioso, de un ambiente misterioso y multiplicaba, aun mas, el tremendo dramatismo de sus temas. Él, sin salir de Italia, es el alma y la enjundia de nuestro barroco. De casi toda nuestra pintura. Bien puede decirse que parece un pintor español.

El Greco, en cambio, nacido y formado en los dominios de Venecia (Creta), encontró en España el habitat adecuado para el desarrollo y manifestación de su personalidad mística que, plasmada a contracorriente, en su pintura, lo convirtió en el mas español de todos los pintores.

Tenemos a Juan Gris, que huyendo de la “mili” marchó a París y siguiendo la estela de Picasso y Braque “trabajó” el Cubismo, suavizando y coloreando su dureza y convirtiéndose en el mas fiel a ese movimiento. Profesionalmente fue, cien por cien, francés.

Picasso es un pintor ambiguo que lucha consciente y denodadamente, durante toda su vida, por conservar su raiz española, pues sabe que nuestra pintura es mas ambiciosa, en sus objetivos, que ninguna. Pero, en aquel contagioso ambiente parisino, en el que todos metían la cuchara en el plato de los demás, se dejó arrastrar, involuntariamente, por lo que Dalí llamaba, sarcásticamente, “el buen gusto francés” (superficialidad), convirtiéndose en un pintor que no fue ni español ni francés. Lo mismo que en su vida privada.

Francia parece ser un buen lenitivo de nuestro sentido trágico de la vida y vemos que, hasta la locura del Goya de las pinturas negras, se atempera en su estancia en Burdeos... como desterrado.

Y ahí tenemos a Bacon, otro británico que es irlandés, mimetizándose en español, cuya pintura y su dramatismo, adoraba.

La caprichosa vocación apunta, con su sarcástico dedo, a donde menos se espera.

Algún día se reconocerá a Ribera como el gran genio, que influyó en Velázquez y que, a diferencia de él, fue muy prolífico. Y que no solo pintaba con “sangre de santos” sino que hasta suavizó su temperamento para “inventar” las dulces Inmaculadas de Murillo.

Y aviso al movimiento Trans de Irene Montero. Ribera ya pintó una mujer barbuda. ¿Qué seria aquello?