Este domingo se desarrolló el segundo Monumento ciclista de la temporada. Las carreteras belgas acogieron el mítico Tour de Flandes, en su 105ª edición. El trazado proponía 263.7 kilómetros salpicados de los tramos de adoquines más afamados del panorama internacional. La dureza de estos lapsos -en Bosberg, Taaienberg, Oude Kwaremont y, sobre todo, el Paterberg- convertía la prueba en un examen de exigencia altísima. Con rápida llegada a la localidad de Oudenaarde y sin el apoyo del público.
Compareció buena parte de los mejores rodadores del pelotón mundial. Mathieu Van der Poel, Julian Alaphilippe, Wout Van Aert, Greg Van Avermaet, Yves Lampaert, Peter Sagan, Michael Matthews, Tom Pidcock, Alberto Bettiol o el español Iván García Cortina conformaban las quinielas de esta versión de la Ronde van Vlaanderen que arrancó en Amberes. Con las espadas en alto y las piernas bien frescas por parte de los aspirantes a la gloria.
En el prólogo de la jornada se formaría la fuga que protagonizó la cabeza de carrera hasta los 60 kilómetros finales. Con los equipos controlando las hostilidades y la distancia con los escapados -entre los que viajaba el corredor del Movistar Mathias Norsgaard-, se aceleró el ritmo. Y en la dificultad del Oude Kwaremont atacó Van der Poel, con 55 kilómetros por delante. La ambición del neerlandés, que abrió el fuego real, sería amortiguada por Van Aert. Ambos rodaban con el estatus de favoritos, mas no se despegaron del resto de perseguidores.
Sobrevino el paso por el Paterberg y ahí también se buscaron las cosquillas con movimientos que endurecieron la trama. Alcanzaron a ejecutar la selección definitiva, con Alaphilippe, Kasper Asgreen, Marco Haller, Dylan Teuns y dos representantes del Bahrain. En el paso por el Kruisberg les cazaría Anthony Turgis, cerrando la morfología del grupo relevante. Una formación en la que dos equipos contaban con doble posibilidad de ataque. El mencionado Bahrain y el Deceuninck podían mover sus fichas con ventaja.
Y lo hicieron. El escuadrón imperial belga sacrificó el favoritismo de Alaphilippe y lanzó a Asgreen. La idea era que el francés fijara a Van Aert y Van der Poel, al tiempo que el danés entraría en ignición por si daba resultado el movimiento. Lo que ocurrió fue que el norteño se llevó con él a los dos y su compañero se quedó en la estacada. El triunfo sería cosa de tres, por tanto. Con los centroeuropeos copando los pronósticos tras haber evidenciado un punto de forma extraordinario.
El caso es que en ese ajedrez desfavorable Asgreen se reivindicaría. Van der Poel tensionó en el último paso por el Kwaremont, a 17 kilómetros del desenlace. Ese ataque erosionó al campeón de Dinamarca, si bien éste supo regularse y conectó de nuevo con el neerlandés. El que quedó fuera de la dinámica, vaciado, fue Van Aert. Quedaba un mano a mano muy desnivelado, a priori, que se resolvería en la recta de meta. Y ahí emergió la potencia del contrarrelojista del Deceuninck. Van der Poel lanzó el esprint y se desinfló por completo ante el derroche de su inesperado rival. "Me sentía francamente bien para disputar la llegada", aseguró el danés en meta, tras coronarse como el nuevo rey de Flandes. Sin duda, la conquista mayor de su trayectoria deportiva a sus 26 años.
Se quitó la espina Kasper del segundo puesto cosechado el pasado año en este evento. Cantó victoria, confirmando un crecimiento que ya le ha deparado en 2021 el triunfo en la E3 Harelbeke. Ha demostrado que su nombre desde ser considerado de aquí en adelante, tras batir al fenómeno neerlandés y a Van Avermaet, que completó el podio. En un día que empezó raro: poco después de la salida Fedorov y Vergaerde se enzarzaron en la cabeza de pelotón, con embestidas de por medio. Generaron un peligro notable para el resto de corredores y fueron descalificados. Al igual que Michael Schar, quien entregó un bidón a un aficionado fuera de las zonas permitidas. En fin, otra intensa edición en la guerra de guerrillas que siempre proporciona esa clásica con mayúsculas.