Opinión

Las mociones de censura ¿son democráticas?

TRIBUNA

José María Méndez | Lunes 05 de abril de 2021

No parece que lo sean, al menos en la forma en que se realizan en España y otros países. Sustituyen un primer gobierno salido de las urnas por un segundo gobierno que no pasa por ellas.

El primer gobierno ha sido elegido por el pueblo en unas elecciones limpias, Pues hay que reconocer que no ha habido pucherazos en nuestra vida política tras la transición a partir de 1978. Los resultados de las elecciones generales se conocen pocas horas después de cerrados los colegios electorales. Y son aceptados por todos inmediatamente. Eso ya es mucho.

Pero el segundo gobierno, el que resulta de una moción de censura, no constituye la voluntad en ese momento de todas las personas con derecho a voto. Es el resultados de los cabildeos y cambalaches de un reducido grupo de políticos. Ese segundo gobierno tiene un déficit de democracia. No ha pasado por las urnas.

Por esta razón, las mociones de censura caen bajo la sospecha de ser más bien un fraude legalizado a los verdaderos detentadores de la soberanía, los ciudadanos. La cascada de mociones de censura que hemos presenciado recientemente no ha sido precisamente un servicio a los españoles, sino todo lo contrario, una burda maniobra para apoderarse del poder y gozar de sus ventajas, un atraco a la soberanía del pueblo.

Nuestra democracia está enferma. Ha degenerado en partitocracia. Los partidos políticos detentan hoy día un exceso de poder. La definición de partitocracia es justamente eso: el robo de soberanía que la casta política hace a los ciudadanos, los dueños de ella. Eso ha sido la moción de censura que echó a Rajoy y trajo a Sánchez. Una estafa a los ciudadanos. Por eso resulta tan irritante que encima Sánchez presuma de demócrata. No lo es.

Con el abuso de las mociones de censura los partidos políticos disponen de un arma, que corrompe la verdadera democracia. Se substituye la voluntad del pueblo soberano por el capricho de la casta política. Se cambian las elecciones generales por las restringidas votaciones dentro del Parlamento. Se incumplen las promesas electorales de las pasadas elecciones y se las substituye por las coyunturales y veleidosas conveniencias de los partidos.

Aparentemente se trata de un partido que perjudica a otro. Pero hoy por mí y mañana por ti. Es la casta política en su conjunto la que hurta lo que es propiedad de los ciudadanos, la soberanía.

¿Se puede arreglar este entuerto?

Muy fácilmente. Bastaría que el triunfo de una moción de censura implicase la convocatoria de nuevas elecciones, y no la substitución de un gobierno por otro. Un Presidente del Gobierno en ejercicio tiene la facultad de convocar elecciones anticipadas. Esto nos parece justo y conveniente. Demos entonces a la oposición exactamente la misma facultad. Ganar una moción de censura obligaría a convocar elecciones en el plazo de sesenta días, por ejemplo. Las mociones de censura se convertirían entonces en un ejercicio de verdadera y sana democracia, y no la estafa

que son ahora. Obligarían a conocer la opinión actual de los ciudadanos. Que los ciudadanos hablen es la esencia de la democracia.

El hecho de que las mociones de censura triunfantes provocasen la convocatoria automática de elecciones sería una compensación adecuada a la facultad del Presidente de convocar elecciones anticipadas. Se daría un equilibrio razonable entre gobierno y oposición. En cambio, la legislación vigente da a la oposición un poder de acción desproporcionadamente grande respecto a las facultades del gobierno. Y como funciona de hecho el hoy por mí y mañana por ti, la consecuencia es que la democracia languidece y en su lugar aparece la partitocracia, el poder excesivo de los partidos políticos. Surge el nuevo tirano, la casta política, la Nomenklatura soviética con el escarnio añadido del disfraz de una bella y digna democracia.

Las mociones de censura, así reformadas, serían enteramente democráticas. Lo democrático fuera de toda duda es que la gente vote. Lo antidemocrático es poner trabas a las elecciones ya convocadas mediante extemporáneas mociones de censura, que la Justicia ha tenido que desautorizar. Eso lo hemos visto en Madrid y nos habla bien claro de la muy deficiente calidad democrática de Sánchez y compañía..

Otra ventaja de las mociones de censura debidamente corregidas sería que sólo se recurriría a ellas cuando quienes vayan a ponerlas tengan fundadas expectativas de ganar las inmediatas elecciones. Por medio de encuestas la oposición puede detectar que se ha producido un cambio en la voluntad del electorado. Si esta apreciación es razonablemente correcta, entonces poner mociones de censura sería lo adecuado. Merecerían el calificativo de democráticas. No existiría el implícito miedo a las urnas de las actuales mociones de censura. Se recurriría a ellas sólo si hay serias sospechas de que el electorado ha cambiado de opinión. En todo caso, no bastaría que haya cambiado de opinión el aparato de un partido, que es lo que ocurre ahora Y obviamente el electorado es mucho menos volátil que la casta política.

Esta propuesta está relacionada con la de reconocer al partido con más votos en unas elecciones el derecho a formar inmediatamente un gobierno en minoría. Cfr. mi artículo Dos cambios en la ley electoral (08/08/19). Se evitaría el frecuente vacío de gobierno, tan nocivo para los ciudadanos, que ahora suele darse desde que se conocen los resultados electorales hasta que se forma un nuevo gobierno.

Así pues, se pondría un freno a las lamentables mociones de censura que hemos presenciado con vergüenza hace poco tiempo. No estaban justificadas por un efectivo cambio de opinión en el electorado, que ha sido ignorado y marginado. Estaban motivadas únicamente por la ambición de aquellos políticos, que sólo buscan disfrutar del poder y de las ventajas que lleva consigo. Los políticos deshonestos, que van sólo a lo suyo, no sirven a los ciudadanos. Todo lo contrario, se sirven de ellos.

En conclusión, lo ocurrido con las feas mociones de censura que hemos visto recientemente debiera llevarnos a un cambio de legislación que las ponga guapas. Se lograría un efectivo recorte del exagerado poder que actualmente detentan los partidos políticos. Se asestaría un serio golpe a la partitocracia que padecemos.

Otra indudable ventaja sería dotar de mayor estabilidad política, económica y social al país. Los inversores extranjeros tienen muy presente este detalle. Una

cascada de mociones de censura como que hemos presenciado hace automáticamente de España un país poco propicio para invertir. También por este motivo van claramente en contra del interés general.

Los políticos se suelen quejar del creciente desapego del público de los ideales democráticos. Eso suena a hipocresía, porque son ellos precisamente la causa de ese distanciamiento. Tienen ahora la ocasión de oro para enmendar la bajísima opinión que el ciudadano medio español tiene de los políticos. Bastaría corregir la legislación actual en el sentido arriba indicado. Bastaría poner en esta tarea la misma admirable diligencia con que los políticos de todos los partidos se ponen de acuerdo para subirse sus sueldos, alargar sus vacaciones, o asegurarse suculentos planes de pensiones.