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UFC. Kevin Holland: auge y caída de un bocazas espectacular

(Foto: Instagram: @trailblaze2top).

MMA

E.I. | Domingo 11 de abril de 2021
Tras protagonizar un 2020 de rércord, su actitud le ha dejado al borde del despido.

No es corta la tradición de deportistas fanfarrones que han construido su fama en base al talento y a la propia publicidad de su figura. En el universo de las artes marciales mixtas (MMA, por sus siglas en inglés), es más que probable que por la dimensión de la popularidad y del éxito cosechado, en la cima de esa lista se encuentren Conor McGregor y Ronda Rousey. Ambos figurarán en el Salón de la Fama de la UFC. No hay duda de eso. Lo harán, a pesar de haber probado el envés de su chulería ofensiva. Pues ambos cayeron derrotados con estrépito cuando parecía que su dominio se tornaría legendario.

Esos baños de realidad se han en todos los escalones de la pirámide del deportes profesional. Un modo de producirse similar lo manejan peleadores de toda índole y categoría. Pronosticar, con malos modos, una victoria por nócaut delante del rival no es exclusivo de la élite. Buen ejemplo de ello es la mandíbula rota que se llevó Colby Covington cuando Kamaru Usman le negó el cinturón, tras haber aguantado ataques racistas por parte del seguidor de Donald Trump.

Pues bien, en 2020 emergieron varios nombres juveniles. Y dos de ellos consiguieron alinear su charlatanería con una irrupción extraordinaria. Se trata de Sean O'Malley y de Kevin Holland. El primero se granjeó una reputación de diamante en bruto. Al galope de una capacidad asombrosa para resolver sus combates en el primer pestañeo, este competidor nacido en Montana se colocó con 12-0 de récord en junio. Y, en segundo término, el californiano atronó con cinco victorias en esa temporada -empatando el récord de triunfos en un solo año-.

Ganó en mayo, agosto, septiembre, octubre y diciembre. Esa barbaridad le fijó, al lado de Khamzat Chimaev, como el peleador más prometedor de la compañía liderada por Dana White. Las expectativas, basadas en una facilidad pasmosa para noquear contrincantes (en ese lapso sumó cuatro KOs, el último para retirar a 'Jacaré' Souza), se multiplicaron. Sin embargo, corrió la misma suerte que O'Malley: ha sido bajado de las nubes con una derrota revestida de punto de inflexión descendente.

Marlon 'Chito' Vera desinfló el prestigio sobrevenido del estadounidense, mientras que ha Holland le expulsaron del augurio paradisíaco Derek Brunson y su propia personalidad. En el único evento del que ha sido cabeza de cartel hasta la fecha, hace unas semanas, ofreció uno de los espectáculos más raros que se recuerdan en el octágono. Extremó su voluntad festiva, alegre y muy expresiva hasta el punto de generar una atmósfera que dejó sin palabras al personal. Perdió de largo, víctima de su incapacidad para defender el grappling y el wrestling. Pero eso no fue lo peor. Desconectó de la pelea y se dedicó a hablar con Khabib Nurmagomedov, que estaba en la grada. Durante la batalla. Tal fue el esperpento que White, quien le tenía por un posible emblema de la empresa a medio plazo, se levantó y se marchó. Confesando que "no aguantó más esta mierda".

Tragado ese descarrilar, Holland no recapacitó ante el aluvión de críticas sufrido por su actitud poco profesional. Emitió un vídeo en sus redes sociales, días después del sonrojo, reivindicando su manera creativa -por llamarlo de alguna forma- de pelear y afirmó que seguiría hablando antes, durante y después de la competición tanto como quiera. Se defendió atacando. Como, por otra parte, cabía esperar.

Mas, algo cambió en la resaca de este episodio. Para este domingo estaba programada una pelea entre Marvin Vettori y Darren Till. El peleador de Liverpool causó baja por lesión y la UFC sondeó quién podría suplirle en el Apex de Las Vegas, para mantener el combate estelar del evento. Ahí alzó la mano el californiano caído en desgracia. Necesitaba devolver la confianza a la empresa más potente de MMA y se prestó a pelear sólo 21 días después de caer frente a Brunson. White aceptó y le agradeció el gesto. Así que, no le quedaba más que refrendar su intento de resurgir con una buena actuación en el octágono, porque calidad no le falta.

Se remangó en la madrugada de este sábado y comenzó eléctrico desde la distancia, amontonando patadas y combinaciones. Y, lo más llamativo, sin cacarear en plena escaramuza. Luchó con solidez y concentración, presionando a su oponente con su palea atacante y colorida. Buscando la espectacularidad efectiva que le propulsó en el año pasado. En definitiva, aprendió del grotesco error. En cambio, no sería su noche. El italiano se dominó por completo desde el segundo asalto. De nuevo, llevando el combate al suelo. Ahí, Vettori gobernó desprovisto de inquietud. Ganó por decisión dividida 50-44.

Así las cosas, Holland yace pendiente de un hilo delgado. En esta etapa pandémica, White ha comunicado que hay que recortar la plantilla de contratados. Ya se ha despedido de veteranos pomposos y no es su momento vital más paciente. Su idea sigue siendo maximizar los beneficios y mantener a su compañía como la más elitista en cuanto al nivel de los guerreros. Por ello, ha subido el listón de permanencia en la UFC. En favor del californiano sigue jugando que entretiene. Pelea regalando highlights y divirtiendo al espectador con su palabrería. Pero en contra se subraya la excentricidad llevada a la hipérbole y que suma dos derrotas encadenadas (21-7). Su próxima cita, sea cuando sea, bien podría determinar si queda desempleado. El resplandor de 2020 es, para Kevin, demasiado lejano.

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