Opinión

Ser soso, serio, formal y verso suelto

TRIBUNA

Pedro Romero-Requejo | Domingo 11 de abril de 2021
El candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid por el PSOE, Don Ángel Gabilondo, nos ha madrugado con unas curiosas afirmaciones sobre sus propias virtudes y defectos que nadie le había solicitado previamente.

No es bueno alabarse -sobre todo en público- porque se corre el riesgo de recibir la opinión real que los demás tienen de uno.

Reconocerse uno mismo como SOSO, SERIO y FORMAL es atribuirse realmente dos virtudes buenas -seriedad y formalidad- y ser soso aunque no sea malo, retrata la carencia de sal o gracia de alguien y le hace muy poco atractivo.

También se ha auto calificado el Sr. Gabilondo de “verso suelto” lo que pudiendo ser objeto de un análisis aparte, tiene también cierto acomodo con los otros atributos.

Yo no dudo que el Sr. Gabilondo sea “soso” pues a la contundencia de su confesión de parte debe unirse también que existe unanimidad pública a ese respecto.

Dado su público reconocimiento, aceptaré sin debate alguno tal designación y calificaré a partir de ahora como “soso” al Sr. Gabilondo, sin que ello suponga menosprecio alguno, pues ni lo quiero ni lo deseo.

En cuanto a las dos virtudes positivas que también se atribuye nuestro “soso“ candidato, FORMALIDAD Y SERIEDAD, entiendo que deben ser calificadas de “presuntas” al ser muy poco frecuentes en el mundo político donde reside y están prácticamente desaparecidas en el partido del Sr Gabilondo, tras varios años en los que su jefe, el Presidente Sánchez viene haciendo reiteradamente todo lo contrario a lo que anuncia previamente y ello implica ausencia de rigor, seriedad y de formalidad...y es que los ciudadanos votantes quizás seamos algo tontos pero también tenemos memoria y nos disgusta que nos tomen por MUY TONTOS (lo que demuestra que el tamaño o la intensidad también aquí importa).

Decir cosas buenas de uno mismo, denota -además de ausencia de abuela como dice el viejo refrán- debilidad humana y cierta torpeza política, y alguien debería recordarle que en la Bolsa de la estimación pública solo cotizan las virtudes que nos atribuyen los demás y nada vale que uno se jalee con entusiasmo.... Los elogios propios solamente se deben dejar para los momentos pésimos o cuando uno se encuentre muy solo.

Y es que de eso se trata, pues da la sensación que nuestro “soso” de moda es consciente de sus propias carencias, de su soledad y de la mala suerte que supone estar en un lugar y momento equivocado -vista la pujanza y raza de algunos de sus contrincantes políticos- y no haya tenido otra opción que actuar como aquel niño que alegaba una supuesta enfermedad para no ir al colegio o el cojo de aquel chiste (malo) que viendo que todo el mundo corría ante la presencia de un león que se acababa de escapar, decía que no corrieran porque era peor....

Vamos, que busca hacer o decir algo inesperado y que sorprenda, un grito dirigido a todos y todas para llamar la atención y evitar lo inevitable..

“...mirad lo que estoy dispuesto a reconocer para que me votéis..!! Que soy soso.. !! ...”

” ...!! Votadme por caridad, soy soso...!! !!apiadaros de mi... !!

Deseo mucha suerte al candidato “soso” como se hace en el mundo de los toros, pero mucho me temo que por este camino va a acabar siendo el Platanito de la política madrileña, aquel torero de los años sesenta del pasado siglo, un buen tipo algo burlón y estrafalario que dejó acuñado un término, “platanada”.

Consistía en meterse en los chiqueros a por el bicho si éste se resistía, llegando a montarse en el lomo del toro o incluso besarle en el hocico... también saltó al ruedo en alguna ocasión con un chorizo en la boca o se comía un plátano mientras toreaba, incluso se recuerda la debilidad de los botones de su bragueta, pues en una ocasión enfrentándose a un toro, acabó con sus vergüenzas al aire...

Nunca se caracterizó por la hondura de su toreo sino por aquellas “platanadas” que quizás fuesen actuaciones estrambóticas para llamar la atención del público y de los empresarios, y de paso disimular su ignorancia en el arte de Cúchares mostrando un costoso arrojo al enfrentarse aquellos morlacos de antaño huérfano de conocimiento técnico, armado solo de su valor, con un chorizo en la boca y/o un plátano en su mano, vestido con un traje de luces de tan mala calidad que su pantalón no aguantaba la menor embestida...

La comparación viene a cuento por la discrepancia entre las reglas clásicas del arte del toreo y de la política y lo que realmente hicieron o están haciendo y el costo que ello puede suponer.

La diferencia es que el Platanito era un tipo muy salado que caía bien a la gente (le denominaban el “Cordobés de los pobres”) y eso contrasta con nuestro candidato que no es nada salado sino bastante “soso” y “dudoso” pues todo el mundo sospecha quienes serían los socios que tendría en el futuro en el hipotético caso de tener alguna opción a Presidente, diga lo que diga en el presente, y todo ello no le asigna en ningún caso, las virtudes que pretende.

Una discrepancia notable, quizás porque el Platanito constituyese todo un poema basado en ripios de aquella España de nuestra niñez y el “soso“ candidato a la Presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid, la mas pujante de la España actual, solamente alcance la categoría de verso suelto (según ha reconocido públicamente también) y ser un verso suelto en una corrida de tanta categoría puede suponer que le coja el toro o que le den a uno pronto los tres avisos.

En todo caso, que Dios reparta suerte, caminantes.