Opinión

Valle de la Oliva

En la FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 17 de abril de 2021

El título de este artículo de opinión puede parecer extraño, pero no. Quiere ser un homenaje a todas las residencias de mayores de nuestro país. Unas residencias de las que faltan 30.000 mil personas que se nos han ido en esta maldita pandemia, que nos ha arrebatado a una sabiduría que vivía con alegría y con atención extrema, por parte de unos profesionales que han sido y son un ejemplo para todos nosotros.

Valle de la Oliva es una de esas residencias que han tenido que ver la marcha de alguno de los mayores que con su experiencia, sus limitaciones y sus olvidos nos han hecho estar mucho más cerca de ellos. Como Carlos un sabio de 94 años, que fue un excelente técnico de sonido de la Cadena SER y con el mantenía largas conversaciones sobre Antonio Calderón, el gran transformador de la emisora y padre de nuestro compañero y amigo Javier González Ferrari, o de sus trabajos en cualquiera de las noveles radiofónicas. Carlos se nos fue, pero nos quedan muchos más que luchan diariamente para que lleguen esos días en que se puedan encontrar con sus hijos, nietos o hermanos.

Mientras tanto, uno que fue Vicepresidente del Gobierno, el señor Iglesias, se ha ido del gabinete sin haber pisado ni una de las residencias, a pesar de que se delegó en su persona la coordinación de los servicios sociales y las residencias de ancianos en las comunidades autónomas y ahora llegan las elecciones en la Comunidad de Madrid e Iglesias se lava las manos como Pilatos.

Es su forma de gobernar, la de los miembros de este gabinete, que aplaude, y yo también, la aprobación por parte del Congreso de los Diputados de la Ley contra a violencia a la Infancia. Lo que me produce cierto malestar es que en durante el debate parlamentario la Ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra, señale a la Iglesia como cómplice de esos abusos por encubrimiento. “Es una acusación gravemente injusta-como reza la nota de la Conferencia Episcopal Española- que pretende ensuciar la actividad de millones de personas durante décadas y que no se corresponde en absoluto con la verdad”. “Estudios independientes recientes han puesto de manifiesto la gravedad de este problema en nuestro país. Esos estudios han señalado que el 0,2% de los casos se han dado en actividades religiosas, algo que siendo para nosotros grave, pone en su magnitud las dimensiones del problema y señala los entornos en los que se producen mayoritariamente los abusos, que deben tener especial atención y protección”. Me parece muy bien la nota, pero ese 0,2% ensucia la gran labor de la Iglesia. Limpiemos y barramos para que los casos sean el 0,0%.

Como decía al inicio, Valle de la Oliva es el nombre de una residencia, la casa en la que viven mayores que también reciben atención espiritual de la Iglesia. Pedimos a nuestra Iglesia, ya que el otro Iglesias ha pasado, que se acerque más aún, y en el día en el que ha sido nombrado José María Saiz Meneses, un conquense de 65 años, nuevo Arzobispo de Sevilla, que siga con la brillante actividad que tuvo como obispo auxiliar de Barcelona y titular de diócesis de Tarrasa, y al saliente, nuestro querido monseñor Asenjo, nuestra más efusiva enhorabuena por el descanso merecido que le llega tras la gran labor que ha hecho en la Iglesia de nuestro país, como auxiliar de Toledo, obispo de Córdoba y Arzobispo de Sevilla, además de su paso por la Secretaría General de la Conferencia Episcopal Española, desde donde en 2003, preparó y organizó el quinto y último viaje de San Juan Pablo II a nuestro país.

Estoy seguro que Juan José Asenjo es un gran hombre de Dios, y al que le pido desde aquí que rece por todos aquellos que viven todavía en lugares como el Valle de la Oliva.