Opinión

El plan de Iván Redondo para aniquilar a Díaz Ayuso

POR LIBRE

Joaquín Vila | Domingo 18 de abril de 2021

El duelo entre Pedro Sánchez y Díaz Ayuso lo acapara todo. El presidente está obsesionado por tomar el poder en Madrid, el talón de Aquiles de su Gobierno. Y encara el 4-M como si se tratara de unas elecciones generales, exponiéndose sin necesidad a una suerte de moción de censura y poniendo en riesgo hasta la estabilidad del Ejecutivo de coalición. Si es que alguna vez la tuvo. Ha caído en su propia trampa. Se ha involucrado tanto, que si se cumplen las previsiones, el 4-M tendrá que refugiarse en la famosa bodeguilla de La Moncloa y echarse ceniza en la cabeza.

En esta riña a garrotazos, poco se sabe del resto de candidatos. Edmundo Bal ha decidido quedarse fuera del cuadro de Goya, fuera de la campaña y, fuera se quedará de la Asamblea. Ángel Gabilondo, impertérrito, como anestesiado y mudo, también se escabulle del campo de batalla. Porque para eso, está el verdadero candidato que no es otro que Pedro Sánchez, dedicado en cuerpo y alma a esparcir napalm por los alrededores de la Puerta del Sol. Lo de gobernar España puede esperar.

Pero hay una gran diferencia entre el moderado que es engullido por el agujero negro del centro y el sosaina socialista. Edmundo Bal ha convencido a todos de que no pactará con los radicales de Podemos ni con Vox. Pero nadie cree a Ángel Gabilondo cuando dice lo mismo. Porque, si sonara la flauta, lo quiera o no el candidato del PSOE, Pablo Iglesias se instalaría de vicepresidente del Gobierno.

El candidato de Ciudadanos, en cambio, en el más que hipotético caso de entrar en la Asamblea, siempre se quedaría fuera de cualquier pacto. El PP no se fía del instigador de las mociones de censura murcianas y si el PSOE tuviera la mínima posibilidad de gobernar, lo haría con Más Madrid y Podemos. A Edmundo Bal solo le queda rezar para lograr representación y sentarse cómodamente en el gallinero de la Asamblea a hacer crucigramas. Tendrá que rezar mucho.

En esta campaña solo cuenta el duelo entre Sánchez y Ayuso. Del resto de candidatos nada se sabe. Santiago Abascal tuvo su día de gloria, cuando celebró el mitin en Vallecas y, como dijo él mismo, Grande Marlaska se ocupó de que los radicales de extrema izquierda convocados por Podemos se acercaran al borde del escenario para que se produjera la épica imagen de los adoquines volando. Así, logró que la violencia de las algaradas ocupara las portadas de todos los medios de comunicación. Una vergonzosa actuación del ministro del Interior, que Vox supo aprovechar hábilmente.

Pablo Iglesias anda como alma en pena. Apenas se conocen sus andanzas por los barrios de Madrid por mucho que eleve el tono, por mucho que insulte a Díaz Ayuso (hasta de criminal), por mucho que propague las más delirantes propuestas comunistas, por mucho que levante el puño con cara de bolchevique cabreado. Ha dado tantos gritos, ha escupido tantos exabruptos en el Hemiciclo que ya nadie le cree ni le hace caso.

Como ha vaticinado Luis María Anson en un reciente artículo en El Imparcial, la izquierda está aterrada de que Díaz Ayuso arrolle el 4-M y “busca desesperadamente un escándalo económico o laboral que cuartee la solidez política de Isabel Díaz Ayuso. No se trata de que sea verdad. Basta con que haya indicios que permitan a los medios de comunicación afines, sobre todo a determinados espacios de televisión, que se ceben contra la presidenta en los últimos días de la campaña, triturando una buena parte del voto favorable”.

En efecto, los líderes de la izquierda son capaces de todo. Sánchez, Iglesias y Errejón planean convertir la Puerta del Sol en el escenario de las más incendiarias protestas de la extrema izquierda antes y después del 4-M. Y, según el topo de La Moncloa, Iván Redondo ha puesto sobre la mesa la histórica patraña de Bush como ejemplo a seguir. Hay que recordar, que con la mentira de que Irak ocultaba un arsenal de armas químicas, el expresidente norteamericano arrasó el país con una tormenta de misiles tomahawk y aniquiló a Sadam Hussein. ¿Qué no haría Pedro Sánchez con tal de aniquilar a Díaz Ayuso? De momento, los espías del gurú de la Moncloa escudriñan los sótanos de la Real Casa de Correos en busca de algún petardo sospechoso.