TEATRO
Efe | Martes 20 de abril de 2021
Zozobró, sí, pero lejos de hundirse, el Teatro Real volvió a emerger este lunes en el mar revuelto de la pandemia con su relato sobre la marginalidad y la condena pública de "Peter Grimes", de Benjamin Britten, clásico contemporáneo que está considerada como una de las grandes óperas del siglo XX.
Pese a que las tres horas y media aproximadas han discurrido sin especiales arranques por parte del público, este ha aplaudido a su término durante cerca de diez minutos el esfuerzo realizado, con parte del público en pie, especialmente ante el trabajo de escena y el de su pescador protagonista, el tenor Allan Clayton.
Fruto de la colaboración de cuatro grandes teatros del mundo, el estreno de esta nueva producción en el único de ellos que permanece abierto se ha desarrollado en medio de una gran expectación internacional, con cerca del 60 % de las butacas ocupadas (es decir, casi todo el aforo reducido contemplado por seguridad, que es del 66 % del total).
Entre los asistentes, el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, así como el director de la Ópera de Zúrich, Andreas Homoki; el escritor y presidente del Consejo Asesor del Real, Antonio Muñoz Molina, o la exministra de Sanidad Ana Pastor.
La atención estaba más que justificada, primero por los obstáculos que han convertido su estreno en uno de las más complejos de la temporada: de un lado, el bréxit, que retrasó dos semanas la llegada de un equipo eminentemente británico; del otro, un brote de la covid-19 con una veintena de casos entre el coro y el elenco que hizo saltar alarmas, aparentemente más entre los medios que en la Consejería de Sanidad o en la organización, que enseguida lo dio por controlado.
En segundo lugar, en la parte puramente artística, el interés recaía en sus artífices: Ivor Bolton como director musical, Deborah Warner al frente de la parte escénica, Michael Levine en la escenografía y Kim Brandstrup en la coreografía, es decir, el mismo equipo que en 2017 triunfó con otra obra de Britten, "Billy Budd", la más premiada en la historia del Real.
Juntos han forjado una ópera visualmente sencilla, como los recursos de sus personajes, pero de fuerte valor simbólico, como la barca suspendida sobre sus cabezas en la primera escena, metáfora de su modo de vida y también la causa del bucle carcelario de sus penurias.
"Peter Grimes", estrenada originalmente en 1945 a partir de la obra del también poeta inglés George Crabbe (1754-1832), aborda la marginalidad económica y la del diferente, temas muy actuales como demuestra este contexto político en el que aún se habla de "mantenidos en las colas del hambre".
Porque, como en la vida real, no faltan los juicios morales elaborados desde la falta de empatía y análisis, la condena social rápida y un tanto gratuita en un hostigamiento hasta los límites de la cordura, algo en lo que incide este montaje.
Duele por ejemplo la imagen del cadáver del joven John en mitad de la playa al inicio del tercer acto, demasiado parecida a la del niño sirio que apareció ahogado en las costas de Turquía, como dolían los comentarios de quienes siguen sin entender la necesidad del éxodo desesperado hacia un futuro mejor.
En este caso el feroz jurado es un pueblo pesquero en la parte más deprimida de la costa del norte de Inglaterra, donde se acusa al hosco y solitario protagonista que da nombre a esta ópera de la muerte de su jovencísimo aprendiz y se pide un castigo por ello. Grimes sale indemne, pero solo judicialmente...
La acción se ha trasladado al presente para evitar los harapos de época y el riesgo de convertir en un elemento romántico la pobreza que tanto condiciona los comportamientos, incluido el del coro, una fuerza arrolladora (pese a las mascarillas) con un papel capital, el de la masa popular hostigadora, especialmente en escenas como la del pub El Jabalí o con el atronador "Him who despises us we'll destroy".
En su retorno al Teatro Real desde el último montaje de 1997, Allan Clayton ha sido el encargado de dar voz al papel principal, escrito específicamente para otro Peter, Pears, pareja de Britten y elemento decisivo en la configuración de esta pieza. De ese reto, el tenor británico ha salido victorioso, con unos minutos finales estremecedores.
A su lado, sobre las tablas, la soprano Maria Bengtsson en el papel de la maestra Ellen Orford y el barítono Christopher Purves como el capitán Balstrode, también reconocidos en su labor como únicos aliados de Grimes.
Finalmente, al frente de la orquesta, Bolton ha querido exprimir el reconocido mérito de Britten para explotar al máximo cada instrumento, especialmente en los interludios marinos, con un lenguaje armónico rico, a veces diatónico, a veces diacrónico. También su labor ha merecido numerosos aplausos.
Tras la de este lunes, quedan ocho funciones más de esta adaptación: los días 22, 24, 27 y 29 de abril y 2, 5, 7 y 10 de mayo.
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