El Real Madrid se ha convertido, desde este domingo, en el centro de un torbellino de impresión. Su presidente, Florentino Pérez, ha encabezado el desafío revolucionario conocido como Superliga. En consecuencia, miran con recelo hacia Chamartín la UEFA, LaLiga, la Federación Española de Fútbol, el Gobierno de España, Boris Johnson, Emmanuel Macron, el Príncipe Guillermo de Inglaterra, Mario Draghi, la Unión Europea y un largo etcétera.
Está amenazado el conjunto merengue con ser expulsado, de inmediato, de toda competición de rango continental. Y sus futbolistas ha sido advertidos con la posibilidad de no competir con sus selecciones nacionales, de primeras, en la Eurocopa que comenzará en junio. Ese es el huracán que se ha desatado y que se extiende desde el Santiago Bernábéu hasta la otrora tranquila instalación en Valdebebas.
En medio de todo eso se encuentra Zinedine Zidane. El entrenador francés, que ha batallado durante toda la temporada para llegar a este tramo del mejor modo posible, ha de preparar el duelo liguero ante el Cádiz -peleando por el título- y la ida de las semifinales de la Liga de Campeones contra el Chelsea. Por eso, el técnico ha esquivado, como ha podido, el elefante de la habitación.
Compareció en rueda de prensa, en la previa del enfrentamiento con los gaditanos. Pero con celeridad le fue puesta sobre la mesa la Superliga. "Es una cuestión de una persona, del presidente. Yo estoy pendiente del partido y no estoy para hablar de eso. No es mi trabajo", avanzó, antes de aclarar que también ha perdido por lesión a Toni Kroos y a Eden Hazard, con Luka Modric representando una seria duda.
"Vamos a ir con un equipo que va a pelear. Es lo más importante. Sabemos las dificultades pero no estamos al límite. Con todo lo que ha pasado este año, nos han dicho de todo, no vamos a bajar los brazos y vamos a poner todas las fuerzas", ha reivindicado sobre la dificultad que han venido contrastando en estos meses. Mas, de inmediato ha debido regatear de nuevo.
Ante la insistencia de las cuestiones relativas a la Superliga, Zidane ha reiterado que "mi opinión no la voy a dar. Lo entiendo, Zidane se puede decir que nunca se moja, pero es la verdad. Mi trabajo es lo que hago. El partido de mañana. Del resto puedo decir, opinar, pero no sirve. Yo, Cádiz". Y ante la amenaza de expulsión de los torneos continentales, mantuvo su sinceridad.
"Nada, cero, no hemos hablado nada. En mi mente está preparar el partido. No soy tonto, viene la Champions detrás. Pero tenemos que hacerlo bien mañana. El resto no podemos controlarlo", remarcó, ciertamente cansado. Sabe de sobra el entrenador galo que toda distracción es trascendental en este intervalo determinante. Se juegan el curso a una carta en cada partido que queda y no puede permitirse que nada contamine a sus pupilos.
Se despidió, toda vez confirmó la recuperación de Raphael Varane, Nacho y Casemiro, de este modo: "Se decía que yo estaba en la calle, que los jugadores no valían nada. Sólo garantizo que vamos a pelear. No sé si vamos a ganar o no, lo importante es la fuerza que vamos a meter. Nos anima la competición y hablamos del límite, del límite... ¡Bah! Lo vamos a superar, se puede hacer y es lo que queremos. Cuando juegas al límite puedes hacer más".