Luis Racionero | Viernes 05 de septiembre de 2008
El conseller de Innovación, Universidaded y Empresa de la Generalitat de Cataluña, Josep Huguet ha hecho público que el departamento de Turismo acaba de identificar 40 elementos de la historia, la identidad cultural, los modos de vida, las costumbres y los mitos que – según dijo – “hacen exóticos a los catalanes y que, por tanto, servirán para atraer a los turistas”.
La noticia causó una cierta trepidación entre los que, como yo, hemos sentido dentera por el “Spain is different”. Ahora que superamos los problemas del 98 ¿a qué vino buscar de nuevo el exotismo? ¿no habíamos quedado que los catalanes no somos castizos?.
Pero la dentera se paraliza en rictus sardónico cuando leemos la lista de esos elementos singulares exóticos que servirán para atraer a los turistas: “La historia de los “remences”, la Guerra dels Segadors, los carlistas, el corsarismo, los cátaros catalanes, las cazas de brujas, el vino y el aguardiente”. ¿Estará el tambor del Bruch entre los 40?.
No dudo que los dos últimos jueguen un gran papel en la atracción de turistas, habituados a la “sangría española que se dispensa copiosamente en los chiringuitos de la costa, pero tengo mis dudas sobre quién vendrá para que le contemos la historia dels “remences” o la Guerra dels Segadors, ya no digamos la caza de brujas que ha sido un deporte europeo.
El departamento de Huguet ha elaborado un Mapa Nacional de Recursos Turísticos Intangibles de Cataluña que está dentro del Plan Estratégico de Cataluña 2005-2010. Llueve sobre mojado, Huguet propuso en 2006 explotar personajes como Serrallonga y acontecimientos como la batalla del Ebro para potenciar el turismo.
Uno se imagina a los mossos de escuadra fuera de servicio vestidos de trabucaires asaltando coches de turistas por la Garrotxa para concienciarles de las hazañas de Serrallonga y difundir su figura. Lo de la batalla del Ebro ya suena más macabro, a no ser que se materialice en forma de esos parques temáticos donde ejecutivos estresados pasan el week-end disfrazados de Rambo pegándose tiros unos a otros para relajar la tensión. Un Disney-Ebro para mayores, vamos.
Ya embalado en la vorágine, lanzado cuesta abajo en el tobogán imparable de la mitología, Huguet insistía: “No inventamos, Escocia ya explota el atractivo turístico del Lago Ness, aquí no se ha hecho nada”. Pues no se me ocurre más que tirar a Punset en el Lago de Bañolas y que se sacrifique por la causa, ya que es famoso.
Las 40 fichas identifican los edificios o lugares que se pueden vincular a cada tema, las iniciativas existentes y se plantean de qué forma estas historias pueden atraer a los turistas. Ahí está el meollo de la cuestión, juraría que los turistas no vienen por aquí a someterse a cursos de identidad catalana, sinó más bien para cortar con la suya, olvidarse del trabajo y disfrutar del clima y la cocina locales. Para el turista cuenta más la geografía que la historia. Pero no se van a ir de rositas: el temerario turista que se adentre por Cataluña se topará con alguno de los 30 centros de interpretación para desplegar estos proyectos que se abrirán durante la presente legislatura; el primero en Teia (Maresme) sobre los romanos.
El plan de Huguet no carece de sentido, pero se enfrenta a dos dificultades casi insalvables: el talante del turista y la creación de símbolos. Hablando en serio, lo que desea el responsable de turismo está estudiado en el artículo de Gertrude Jaeger y Philip Selznick: “A Normative Theory of Culture”, publicado en el American Sociological Review de Octubre 1964, Vol. 29, Nº5. Su argumento se centra en el modo de crear cultura por medio de depositar en lugares, fechas o actos, significados simbólicos compartidos. La apuesta del conseller Huguet es lograr que los alemanes compartan con los catalanes el significado simbólico de la Moreneta y la sardana. Buena suerte.
TEMAS RELACIONADOS: