La soberanía no es de todos, es nuestra. Esta es una idea fundamental en el comunismo-socialismo. No viene de las revoluciones francesa y americana, sino del totalitarismo o estatalismo propuesto por Hegel y Marx. Por fuerza aparece una Nomenklatura privilegiada allí donde el comunismo-socialismo se hace con el poder. Inmediatamente impone la dictadura, y somete a servidumbre al resto de la población.
Y donde no puede imponer la dictadura, se disfraza de demócrata. Por ejemplo, la renuncia del PSOE al marxismo supuso aceptar las elecciones democráticas, pero no renunciar a la imposición de su ideario, si las ganan. Siguen pensando que la soberanía es exclusiva de ellos, y no de todos. Si ganan, no buscarán el bien común, o sea, el bien de todos. Procurarán sólo el bien de ellos, y en consecuencia el perjuicio de los demás.
Distingamos por tanto entre demócratas por conveniencia y demócratas por convicción. Hablando en general, pues siempre habrá muchas excepciones, los políticos de izquierdas son demócratas por conveniencia. Y también muy en general digamos que los políticos de derechas son demócratas por convicción.
Se entiende entonces el título de este artículo. Se atribuye esa frase a Tierno Galván. Dejemos de lado si la dijo o no. Lo que nos interesa es lo que significa tal frase, dígala Agamenón o su porquero. Porque la frase retrata exactamente la mentalidad del demócrata por conveniencia.
El ciudadano elige a diputados y senadores en la confianza de que las personas que figuran en la lista electoral cumplirán lo que ha prometido el partido político que está detrás de esa lista. Si el votante supiera de antemano que las promesas electorales se hacen sólo de boquilla, sin el compromiso moral de cumplirlas, no votaría en absoluto. Quedaría destruida la esencia de la democracia.
Dicho de otro modo. Al votar, el ciudadano medio supone cándidamente que quienes hacen las promesas electorales son demócratas por convicción. Pero en la triste realidad resultan ser demócratas por conveniencia, y no tienen intención alguna de ser fieles a lo que prometen.
El abstencionismo en las elecciones es consecuencia inevitable del hastío y el cansancio que produce la deshonestidad de los políticos que incumplen sus promesas electorales. La gente se siente engañada y burlada. Que no me tomen más el pelo, como se suele decir. Los políticos, una vez en posesión de su escaño en el parlamento que sea, nacional, regional, o municipal, harán lo que les da la gana. Esto debieran tenerlo en cuenta, sobre todo, quienes votan al PSOE.
Otro aspecto que caracteriza al demócrata por conveniencia es el recurso al insulto cuando carece de argumentos. Una buena muestra de ello la tenemos en la acogida que políticos e intelectuales de izquierdas dispensaron al Premio Nobel de Literatura Alexander Solzhenitsin en su visita a España en 1976. Pío Moa lo recoge en el Apéndice 2 de su libro “Franco. Un balance histórico” (Planeta 2005).
Solzhenitsin decía cosas tan elementales como éstas: Los españoles son absolutamente libres para residir en cualquier parte y trasladarse a cualquier parte de España. Nosotros los soviéticos no podemos hacerlo en nuestro país. Estamos amarrados a nuestro lugar de residencia por la propiska o registro policial… Los españoles pueden salir libremente al extranjero. En nuestro país estamos como encarcelados. Paseando por Madrid y otras ciudades he visto en los kioskos periódicos extranjeros. ¡Me pareció increíble!...También he visto que en España uno puede utilizar libremente fotocopiadoras. Ningún ciudadano soviético puede hacer una cosa así…
Moa se tomó el trabajo de consignar los insultos que recibió Solzhenitsin de quienes nunca habían vivido en el estupendo “paraíso soviético”: pájaro de mal agüero… enclenque… chorizo… sinvergüenza… bandido… hipócrita… multimillonario a costa de sus compatriotas...etc, etc.
Y añade un buen ejemplo del modo de “razonar” típico de un intelectual de izquierdas. Creo firmemente que mientras existan personas como Solzhenitsin los campos de concentración deben existir. Pero mejor cuidados, para que personas como Solzhenitsin no puedan salir de ellos. (Juan Benet).
Aparte del engaño en las promesas electorales y del insulto como sucedáneo del razonamiento, los demócratas por conveniencia recurren a la violencia, cuando piensan que les conviene. Acabamos de verlo en mitin de Vox en Vallecas. Y no digamos la mentira a sabiendas o la calumnia. El demócrata por conveniencia no dudará en recurrir a todos estos sucios métodos, si piensa que con ello puede conseguir más votos. Sin ir más lejos, las cartas con bala recibidas por Iglesias y Marlasca ¿son amenazas reales? ¿O son un montaje urdido por ellos mismos?
Por el contrario, el demócrata por convicción puede, al menos en teoría, concebir la democracia como un valor ético. Forma parte del valor más amplio llamado Respeto a la persona. Puede reconocer igualmente como valor ético a la veracidad, o decirla verdad a quien tiene derecho a saberla. Si va a actuar en su nombre ¿quién puede tener más derecho a saber lo que va a hacer un político que el votante? También puede entender que la lealtad, como cumplimiento de lo prometido, es un tercer valor ético. Está en la misma órbita axiológica que la democracia y la veracidad.
En cambio, el demócrata por conveniencia no quiere saber nada de valores éticos objetivos. Lo único que cuenta es conquistar el poder y la consiguiente imposición a los demás de su dudosa ideología subjetiva.
En conclusión, ser demócratas por convicción, y no por mera conveniencia, explica la patente superioridad moral de la derecha sobre la izquierda en la España actual. Si el PSOE quiere ser demócrata de verdad, y salir así de la humillante inferioridad moral en que se encuentra, tendría que expulsar de su seno a los sectarios como Zapatero y a los cínicos como Sánchez. Y tomar como ejemplo a Besteiro.