Que Stephen Curry es uno de los mejores tiradores de la historia resulta una percepción muy extendida en Estados Unidos y en todo el planeta. La revolución generada en el baloncesto global, que ha colocado el triple en el centro de la escena por vez primera en la historia de la NBA, lleva su firma y la de los inolvidables Golden State Warriors que se convirtieron en la última dinastía de este deporte. Y a la bella factura de su explosión de juego le ha acompañado la estadística. Nadie ha anotado más veces de tres que él.
En abril de 2013, con semanas de competición por delante, batió el récord de tripes embocados en una sola temporada (272 en 78 partidos); en 2014 se colocó en la leyenda al promediar 24 puntos, 4 rebotes, 8 asistencias y un mareante 42% de acierto en los tiros de tres; en 2015 elevó el listón hasta los 286 triples anotados en un curso; en 2016 superó a Kyle Korver como el jugador con más partidos seguidos anotando un tiro de tres (128), aumentó la dificultad al acumular 402 triples durante la temporada y alcanzó el Olimpo al conectar 12 tiros de larga distancia en un encuentro -plusmarca nunca vista-.
En 2015 y 2016 fue elegido como MVP, siendo el segundo galardón otro hito pionero: ganó de manera unánime dicho reconocimiento. Y en la siguiente temporada dio otra vuelta de tuerca al meter 13 triples en la victoria ante los New Orleans Pelicans. Por el camino, en esta asombrosa recopilación de gestas no conocidas en el baloncesto, ha ido alimentando su candidatura definitiva al logro más elevado: el récord de triples anotados a lo largo de una trayectoria deportiva. Ese trono lo posee el icónico Ray Allen (2.973 tiros de tres embocados en 7.429 intentos). Curry, en estos momentos, amontona 2,768 aciertos en 6.379 lanzamientos. Es decir, mucha mejor eficacia (un inalcanzable 43%) y con la plusmarca a mano.
Esta aspiración ambiciosa (pero real) le encuentra con 33 años recién cumplidos y montado en la mejor racha y finura en el lanzamiento de su carrera. Un hecho que demuestra que si no se hubiera lesionado de gravedad en dos ocasiones, quién sabe lo inaccesible que habría fijado el registro histórico. En su undécimo curso en la élite promedia 31,3 puntos por encuentro (segundo máximo anotador de la liga, a una décima de Bradley Beal) y está firmando un mes de abril sencillamente extraterrestre.
Este es el desglose: 36 puntos y cinco triples ante los Miami Heat (2 de abril); ausencia por lesión frente a los Toronto Raptors (3 de abril); 37 puntos y tres triples contra los Atlanta Hawks (5 de abril); 41 puntos y cinco triples ante los Milwaukee Bucks (7 de abril); 32 puntos y cinco triples frente a los Washington Wizards (10 de abril); 38 puntos y ocho triples contra los Houston Rockets (11 de abril); 53 puntos y 10 triples ante los Denver Nuggets (13 de abril); 42 puntos y 11 triples frente a los Oklahoma City Thunder (15 de abril); 33 puntos y cuatro triples contra los Cleveland Cavaliers (16 de abril); 47 puntos y 11 triples ante los Boston Celtics (18 de abril); 49 puntos y 10 triples frente a los Philadelphia 76ers (20 de abril); 18 puntos y dos triples contra los Wizards (22 de abril); 32 puntos y cuatro triples ante los Nuggets (24 de abril); y 37 puntos y siete triples frente a los Sacramento Kings (26 de abril).
Y este es el legado inscrito en esta entrada en ignición: 35% de los puntos de su equipo en 10 partidos seguidos (sólo logrado por Michael Jordan y Kobe Bryant); 50,3% de triples anotados en una serie de 14 intentos por encuentro; 20 puntos anotados en cinco minutos y 37 segundos (en Filadelfia, cancha más que exigente que le cantó "MVP, MVP"); ha llegado a los 21 partidos con 10 o más triples anotados (en este curso lleva seis, uno más que los que suma el segundo en la historia de esta categoría estadística); un inclasificable 69% de acierto en tiros de tres cuando da siete botes o más en abril; y un total de 83 triples anotados en un mes natural -plusmarca absoluta-. A falta de dos partidos (ante los Dallas Mavercicks, este martes, y los Minnesota Timberwolves, el viernes).
Esta ilustre montonera estadística la ha construido cuando sus Warriors penan por alcanzar los playoffs. Su protagonismo, necesario para la supervivencia de su franquicia, le está constriñendo a exprimirse muy por encima de lo que pauta su edad. En un tramo de hacinamiento de partidos determinantes, Curry está aguantando la exigencia con una excelencia inusitada. Su equipo viaja en la décima plaza de la Conferencia Oeste, a medio partido del octavo puesto -que ostentan los Memphis Grizzlies- y con cuatro encuentros de margen sobre los Pelicans.
"Tengo que ser MVP. Probablemente no lo conseguiré, pero qué más da", expuso el triplista la pasada semana, después de cortar ante los Wizards una racha de 40,8 puntos y un 50,3% en tiros de tres durante 10 partidos consecutivos. En esta temporada está conectando más tripes, tirando con más efectividad de dos puntos y desde la personal, capturando más rebotes y anotando más cantidad de puntos que en los dos años en los que fue reconocido como el Jugador Más Valioso de la NBA. Pero juega en un equipo perdedor y este premio distingue al jugador más destacado en el conjunto más destacado del campeonato. Por eso se nubla su candidatura en favor de nombres como Joel Embiid, Nikola Jokic, LeBron James o James Harden. Aunque, "qué más da". Lo que está consiguiendo no entra en cabeza humana si se contempla que venía de pasarse un año en blanco por una fractura en el segundo metacarpiano.