Opinión

La "bomba atómica" de la Perestroyka de Gorbachov - "Chernobyl-35" (II)

TRIBUNA

Boris Cimorra | Martes 27 de abril de 2021

EL MUTISMO OFICIAL

No tan “heroica” como de los bomberos, los militares y los liquidadores civiles fue la actuación durante el accidente de las autoridades. En la mañana del día 26 de abril de 1986, se supo que los niveles de la radiación en la central y sus alrededores eran muy elevados, superando 1.000 veces lo permitido. La Administración local propuso evacuar inmediatamente la ciudad de Pripyat, situada a sólo tres kilómetros del epicentro de la explosión nuclear, y dio la orden de organizar un cordón policial alrededor la ciudad. Pero Moscú no autorizó la operación para no “crear una situación de pánico” y la ciudad de Pripyat llevó su vida cotidiana.

La gente iba a sus lugares de trabajo, los niños mayores a los colegios y los más pequeños jugaban en los jardines de infancia, los comercios y todos los establecimientos de ocio funcionaban como habitualmente. Nadie, excepto el estricto grupo de autoridades locales, sabía que una invisible nube radioactiva estaba cubriendo la ciudad y sus aledaños, donde vivían cerca de 110.000 personas y todas ellas quedaban expuestas a una continua lluvia radiactiva.

Y sólo el día 27 de abril las autoridades locales tomaron finalmente la decisión de evacuar toda la población de una zona de 10 kilómetros alrededor del epicentro de la explosión, que incluía a la ciudad de Pripyat, de 50.000 habitantes, donde vivía el personal de la central con sus familias. Más tarde, dada la gravedad de la situación, se tomó la decisión de ampliar la zona de evacuación a 30 kilómetros alrededor de Chernobyl.

Y otra vez, “para no crear pánico”, a la gente se le prohibía llevar cualquier cosa consigo, se les prometían que dentro de tres días todos ellos volverían a sus casas, a ninguno de los evacuados se le informaba sobre la existencia de un elevado fondo radioactivo, ni se le explicaba cómo protegerse de la contaminación radiactiva, tomando, por ejemplo unas pastillas del yodo.

Esta irresponsabilidad de las autoridades locales llevó a que más de 110.000 personas, evacuadas de la zona, recibiesen, en los tres primeros días después del accidente, unas dosis muy altas de radiación, lo que se podía haber evitado si las medidas se hubieran tomado con más celeridad y se hubiesen dado las explicaciones pertinentes. Todos los evacuados nunca más volvieron a sus casas ya que la zona de 30 kilómetros alrededor de la central fue declarada zona inhabitable.

Y todo esto estaba ocurriendo mientras el resto del país no sabía nada de nada de lo que realmente estaba pasando en Chernobyl. El bloqueo informativo, impuesto por las autoridades ucranianas, con el beneplácito de Moscú, durante la primera semana posterior al accidente, fue casi absoluto, con la excusa de no querer “estropear” la fiesta del Primero de Mayo – el “Día del Trabajador” –, que se celebraba en toda la Unión Soviética como una de las fiestas nacionales, con una noticia tan desagradable, así que pretendían ocultar la verdadera dimensión del accidente para que no cundiera el pánico entre la población.

Para escenificar que no estaba pasando nada, en Kiev, la capital de Ucrania, tuvo lugar una manifestación multitudinaria, con los líderes del Partido y de la Administración local en las tribunas.

La tan arraigada tradición del régimen soviético de ocultar la verdad a su propio pueblo acerca de lo que sucedía en el país, se imponía aquellos primeros días después del accidente nuclear, prefiriendo así las autoridades poner en peligro las vidas de quienes, entre ellos muchos niños, estaban participando en las marchas y manifestaciones festivas, exponiéndose a la radiación que llegaba de Chernobyl. Había pasado un año justo desde la llegada de Gorbachov al poder, y era evidente que su política de transparencia informativa, llamada glasnost, todavía no había empezado a ponerse en práctica.

Cuando meses, incluso años después del accidente, se conoció toda la verdad – la glasnost ya estaba funcionando – gracias a las exhaustivas investigaciones de los expertos soviéticos y de los organismos “atómicos” internacionales, sólo entonces se pudo comprender que la catástrofe de Chernobyl había sido una de las tragedias técnicas y humanas más grave en la historia de la energía nuclear para uso civil. Y el “factor humano”, en este caso “humano soviético”, había sido decisivo y la causa principal del accidente.

Los soviéticos, en su afán por alcanzar y superar económicamente a las potencias occidentales para demostrar así al mundo entero la superioridad del sistema social-comunista sobre el capitalista, necesitaban una energía barata y que les permitiese ir aumentando la producción a gran escala. Sólo la energía nuclear respondía a estas exigencias. Un kilo de uranio en una central nuclear produce una energía equivalente a tres millones de kilos de carbón utilizado en las centrales térmicas. El combustible atómico era más rentable que el petróleo y sus derivados – como por ejemplo el gasoil – o que el gas natural.

Así que la URSS apostó muy fuerte por la construcción de centrales nucleares. Los países occidentales también habían visto las ventajas de la energía nuclear e iniciaron la construcción masiva de centrales nucleares, pero la tecnología occidental era más sofisticada y más segura. Se basaba en la máxima utilización de los elementos de control automáticos con objeto de reducir el factor humano. Pero las centrales de este tipo resultaban bastante más caras, incluso, exigían la creación de una industria especial para la fabricación de las principales piezas con las que se montaban estas centrales, entre ellas una enorme cúpula de acero de gran grosor, que blindaba el reactor y lo aislaba del exterior.

La URSS, por razones económicas y para sacar la máxima rentabilidad de sus centrales, había elegido para su red de centrales nucleares, precisamente, el tipo de reactor más “barato”, que estaba instalado en los cuatro bloques de la central de Chernobyl. Este tipo de reactor permitía un rápido incremento de la capacidad de producción de energía eléctrica sin grandes cambios constructivos, lo que lo hacía aún más rentable que los que se utilizaban en las centrales occidentales.

La central de Chernobyl era la más grande de todas que estaban funcionando en la URSS y en los países occidentales. Era un orgullo del sector energético nuclear soviético, un símbolo de su poderío y del avance industrial del sistema socialista soviético. El Bloque número 4 era el más nuevo de todos, sólo llevaba funcionando unos tres años. Entonces, ¿qué ocurrió realmente?